En el Barrio Arriba se puede ver a Nacho con una carga divina a cuestas. Asegura que no se ha separado de ellos en 30 años. Literalmente los ha cargado por todo lo que han hecho por él. Este es un breve relato del hombre que lleva en un nicho ambulante al Niño Dios y al Niño Doctorcito.
I
Nacho se fue en 1985 a trabajar a Estados Unidos. Se encomendó al Niño Dios y le prometió que si le ayudaba siempre lo cargaría. Su hermano me cuenta esto porque Don Nacho dice que no se trata de ninguna manda (aunque su hermano asegure que sí), y que carga para todos lados sus niños por devoción y gratitud.
Cuando Nacho se fue al norte, la migración mexicana hacia Estados Unidos comenzaba a despegar. Entonces había apenas dos millones de mexicanos residentes ‘del otro lado’, una cantidad que cada año aumenta. Para 2015 ya había 12.5 millones.
El dinero que envían estos hombres y mujeres, que no encontraron oportunidades en su país, es hoy mayor a los ingresos por petróleo. Una tragedia que los gobiernos, al parecer, no han percibido
“El principal peligro de las remesas, sin embargo, es que varios países se acostumbren a estos ingresos, hagan sus planes económicos dándolos por sentados, y pasen a depender de ellos como antes dependían de los préstamos internacionales” señala el periodista y escritor Andrés Oppenheimer en su libro Cuentos chinos: El engaño de Washington, la mentira populista y la esperanza de América Latina.
La economía mexicana, tal como Nacho, pareciera encomendada a un ser místico y sobrenatural denominado ‘remesa’.
II
Como la mayoría de los mexicanos que viajan en búsqueda de mejores oportunidades a Estados Unidos, Nacho no contaba con preparación académica. Por eso tuvo que trabajar de todo: en el campo, en la construcción, en los restaurantes. Casi no habla de política, me dice, pero sí sabe lo que intenta el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
“Quiere hacer más de lo que puede hacer y eso sí está muy mal”, me comenta, y agradece haber regresado desde hace 12 años a México.
La gente lo veía con mucha atención al principio, pero luego se acostumbraron a que siempre cargara a su Niño Dios y al Niño Doctor
“No me estorbaron allá ni me estorban ahora. Los traía en una cajita primero y nada más la ponía a un lado de donde estaba trabajando pero después hice esta mochilita”, y me muestra a detalle su innovación.
Hoy hay 35 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos y un presidente que desearía que no hubiera ninguno. Pero es imposible, eso ha sido México desde siempre.
III

El ingenio de Nacho es enternecedor. A una mochila negra le ha adaptado un espacio en el que sus dos niños viajan. Uno es el Niño Dios y el otro es el Niño Doctor.
“Cuando hice esta mochila ya podía andar más cómodo. Nada más me los cuelgo y no me estorban. Llevo como 30 años con ellos y ya no me siento a gusto si no los traigo”, me dice sonriendo.
A sus niños los protege una bandera de Estados Unidos y Nacho se siente orgulloso de no fallar nunca a su promesa de llevarlos consigo a cualquier lugar.
- Fotos: Ruleta Rusa
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