“La ópera”, dice un eslogan de Radio Universidad de Guanajuato “es el único espectáculo en donde los personajes mueren cantando”. Y en ‘Tosca’, una producción que ha costado 4.5 millones de pesos y donde participan poco más de 200 personas, se juegan el alma para ello.

Tras bambalinas todo es un hervidero de personas y emociones, contrario a la perfección de lo que ocurre en el escenario. El ensayo de Tosca es una muestra de lo genial, y complejo, que implica el montaje de una ópera de gran calibre como esta obra emblema de Giacomo Puccini.

Jaime Ruiz Lobera es un hombre menudo, delicado en sus modales, un compositor musical por la UNAM y ex director de la Compañía Nacional de Ópera de Bellas Artes, que acumula un currículum que da vértigo.

Vino a reemplazar, en 2017, al defenestrado director del Teatro Bicentenario, Alonso Escalante, quien expuso antes de su tortuosa dimisión -tras los pleitos permanentes con Arturo Joel Padilla, director general del Forum Cultural- que en León sólo había “zapateros, nuevos ricos y provincianos ignorantes”.

En el ejercicio de esta muestra de periodismo narrativo, Jaime Ruiz es como una especie de Virgilio en el trayecto a los espacios que conforman el Teatro del Bicentenario que contiene, entre el laberinto de sus pasillos y puertas, los detalles de lo que significa montar una ópera que aspira a ser histórica en Guanajuato, en su versión ‘reloaded’.

Lo que ocurre tras bambalinas ilustra un poco sobre el carácter de la obra y la preparación y esmero que todos ponen para la función de estreno.

Tosca, cuyo montaje en Guanajuato se dio en 2014 y ahora se repone, es una de las obras más apasionadas y profundas de Puccini (1858-1924): una ópera en tres actos, con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, inspirada en el drama La Tosca, del dramaturgo francés -1908 Victorien Sardou (1831), estrenada en el Teatro Costanzi de Roma, en enero de 1900

En los pasillos, el barítono Genaro Sulvarán -a quien confundí inicialmente con Adrian Xhema- me mira intrigado. Ambos vestimos de negro total y botas militares. Reconozco en su casaca italiana al fasci di combattimento. Y entonces comprendo por qué uno de los actores-cantantes del reparto trae un gorro fez con las hebras negras que se agitan como un látigo.

Para esta puesta en escena a cargo de Enrique Singer, se está recreando justamente la etapa fascista de Benito Mussolini aplastando con su bota militar a Italia. Algo no muy lejano de lo que ocurre en muchas partes del mundo con las neodictaduras populistas.

El encanto de la ópera es que puede recrear lo que ya ha pasado, siempre con versiones nuevas“, me dice emocionado Jaime Lobera, casi acodado entre las butacas, en un espacio del Teatro donde unas chicas con libreta en mano están atentísimas a lo que pasa con la gente que vistieron antes.

El coro de niños del Valle de Señora, y los jóvenes del coro del Teatro del Bicentenario, acompañan al gravísimo e imponente Sulvarán y a la exquisita y delicada soprano Eugenia Garza, en un acto de la ópera donde se canta la derrota de Napoleón.

Y ahí se muestra lo que las chicas de la libreta anotan. Verifican que las prendas que cada persona viste sean correctas o calcen bien. Unos traen vestimenta de monaguillos, de monjas, el sacristán y un largo etcétera.

Todos esos detalles se han cuidado previamente por el diseñador Carlos de Michelis, quien con ojo clínico supervisa la costura, los ajustes necesarios del vestuario. De ello da fe una carpeta blanca donde dentro están referidos los personajes, su complexión, detalles de su físico, y sobre todo el cómo deben ser vestidos.

Detergentes, cloro, planchas, ganchos, vestuario, etiquetas, reflejan parte del trabajo que se hace tras bambalinas.

Roberto Beltrán Zavala, director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), y director concertante de esta ópera, agita la batuta que repiquetea sobre el atril de las partituras

La exigencia de Roberto Beltrán Zavala, director concertante en ‘Tosca’, asegura la calidad que tendrá esta ópera.

“¡Tutti!”, exclama Beltrán Zavala en italiano, para llamar a todos a la atención sobre la importancia de la perfección en la interpretación, el acomodo en escena y los detalles técnicos que llevan más de dos semanas previas de ensayo, tras ensayo, para hacer perfecto el assemblage de orquesta, actores, cantantes, iluminación y la caída perfecta de cada vara tras el escenario. 

La OSUG vive uno de sus mejores momentos en el siglo XXI bajo la batuta flamígera de Roberto Beltrán Zavala. Es una de las orquestas más prestigiosas de México y recién ha logrado el asombro de la Unión Europea. en una gira por su 60 aniversario

Eugenia Garza es algo terrenal cuando mira el teléfono celular, sentada, esperando su turno para cantar un aria o la secuencia en turno. Viste como una mujer con clase. Adora la mezcla del café y el beige, como se muestra desde su calzado, un par de flats bicolor, pantalones rectos en tweed y hasta el puffer jacket.

Cuando ella comienza su canto todo se detiene. Su timbre de soprano se eleva como digna heredera de María Callas, la diva que declaró un día: “Una ópera comienza mucho antes de que el telón se levante y termina mucho después de bajarse”.

A Eugenia Garza le otorgaron una condecoración en el II Verdi Festival del Parma, Italia; y ahora cantará a Puccini. Un detalle de contrastes, como el enfrentamiento de los Capuleto y Montesco, pues la ópera se divide -para una multitud y puristas- entre Verdi y Puccini.

Al tenor albanés-alemán Adrian Xhema, Jaime Ruiz Lobera, le ha tenido que traer de Europa ajustando la ajetreada agenda del cantante que divide su tiempo entre Alemania y el resto del mundo

Adrian Xhema, quien interpreta al pintor amante de Tosca, en un descanso para retoque de maquillaje y peinado en su camerino.

Tras el escenario, mucho atrás, en la puerta de estibadores donde hay maderos dispersos,  la gente trabaja para tener a mano lo que se pida en el escenario. La característica de este espacio de carga-descarga-bodega es que permite un manejo logístico de escenografía y mobiliario que es la envidia de cualquier teatro en el país.

Después de ese espacio atestado hay oscuridad y pasillos. Pesados cortinajes negros y piernas y 50 varas. Una locura de tecnología oculta a los ojos del espectador.

Desde el proscenio observo en la pantalla de una computadora un mensaje o indicación intrigante. Vara 10 a rosaVara 21 a rosa. “Esto es parte de la tecnología que acompaña hoy a la ópera”, me explica Lobera en un inter donde ahora estamos frente a los operadores de computadoras y la consola de sonido -que aunque su lugar es arriba, en la cabina, ahora deben estar hoy abajo atentos a las indicaciones-, para que cada movimiento de varas, cada sonido, cada indicación logren hacer perfecto el ensamble de luces, imágenes y sonido. Llevan más de dos semanas calibrando para este primer ensayo general.

En el escenario se muestran cuadros colgantes -algo que previamente se ha ‘ensayado’ desde la computadora para comprobar que todo está perfecto, en su lugar- con la imagen de una mujer que representa a la Tosca reloaded: blonda, de cabello con gruesos rulos, labios sangre y ojos azulísimamente aéreos.

Roberto Beltrán Zavala viste una camisa polo piqué negra, pantalón de mezclilla. Y manifiesta su carácter de enfant terrible que marca el nuevo ritmo del arte sinfónico, desde Guanajuato para el mundo. Es el director concertante de Tosca

Roberto -como la Garza- nunca pierde el estilo. Y manifiesta naturalmente su conexión con la OSUG mientras marca el ritmo de la música, y observa -con un ojo a la partitura y otro al escenario- como Daniela Parra ha dispuesto lo que Enrique Singer plantea para el acomodo de coros, cantantes  y actores, o si las pinturas colgantes están en el sitio adecuado, cada detalle.

Beltrán Zavala es un hombre minucioso, de ahí su éxito en el mundo de la música sinfónica. Esa obsesión por hacer siempre lo mejor ya la tiene instaurada. Ha dado muestras de ello como cuando nacieron sus gemelos y lo celebró con un gran concierto pese a los desvelos -justamente en el Teatro del Bicentenario y con el gran flautista barroco Erik Bosgraaf-, o cuando el dolor le doblaba en el gran Canal de Flandes pero terminó el concierto; recientemente lo hizo en el FIC logrando un renacimiento del arte musical de Guanajuato acompañando a Fito Páez 

Daniela Parra es una mujer vivaz. Lúdica y vital. Asistente de dirección de escena, entre las penumbras del teatro hace un juego de manos, como si jalase la cuerda de un papalote o manifestase el método Stanislavski.  Adora a Enrique Singer, su maestro, y también el juego maravilloso de hacer teatro con adolescentes y niños

Daniela Parra, asistente de dirección de escena (de camisa roja a cuadros) supervisa que las instrucciones de Enrique Singer sean atendidas a la perfección .

“¡Hey… digan algo!”, grita ya luego en mitad del pasillo Daniela, mientras nos tomamos un excelente café del sencillo catering dispuesto para todos, y algunas de las niñas se apresuran para dejar el Teatro. El ensayo ha terminado. Las chicas sonríen y gritan festivamente, como cantando, la conexión de esta producción.

“¡Dani!”, gritan las niñas y el rostro de la mujer que viste camisa roja a cuadros blancos con pantalón de mezclilla, se exulta. Sabe que su trabajo ha logrado el efecto deseado. La conexión es evidente. Y la puesta en escena está quedando impecable.

Esa parte me parece que es interesante. Saber quiénes participan en los coros. Los del Teatro Bicentenario y los Coros del Valle de Señora. Por ello pregunto en los pasillos a  quienes no figuran en el programa que le da la vuelta a las redes.

Antonio Vázquez Rodríguez tiene 23 años. Es barítono y maestro de música. Forma parte del Teatro del Bicentenario desde hace 3 años. Ya ha participado en tres óperas y está feliz con el nuevo montaje.

Es una gran oportunidad de mostrar lo que hacemos”, dice Antonio mientras se yergue con orgullo. No es para menos.

Algo similar ocurre con un par de niñas que esperan a sus madres en el espacio de carga-descarga al terminar el ensayo. Ambas forman parte de los Coros del Valle de Señora. Una va al colegio Miraflores y otra a la escuela pública Gabino Barrera.

Norán tiene 14 años y desde los seis participa en el coro. Es soprano y admira a la ‘mezzo‘ Alessandra Volpe. Tiene también experiencia en 3 óperas previas y está orgullosa de ser leonesa

En los pasillos, actores y coristas intercambian impresiones, toman café, esperan por su turno en el escenario.

Siempre me ha gustado cantar y para mi es un orgullo ser de León, mostrar lo que aquí hacemos pues tenemos cultura”, dice Norán mientras Camila Sofía, su compañera de 10 años, le mira.

Camila tiene apenas tres años en el coro y aunque ya ha participado también en tres óperas, aún se siente nerviosa, algo preocupada por hacer un excelente papel como soprano. Y agradece tener como compañera a Norán, pues le ha ayudado a mejorar su técnica, a tener más seguridad.

Tosca significa una primera gran apuesta por un eje transversal. Uno en el cual Adriana Camarena de Obeso, directora general del Instituto Estatal de Cultura (IEC), se ha constituido como líder natural del proyecto cultural de Guanajuato.

Desde su llegada al cargo sólo se han escuchado aprobaciones a su trabajo. Incluso la comunidad artística más dura de Guanajuato le reconoce. Hoy articula ‘Tosca’, pero antes ya hizo que Horacio Franco -el flautista barroco más importante de México en el mundo, y cercanísimo de AMLO- aceptase instaurar y participar en el Bach Festival Gunajuato.

O tener de regreso -luego de un largo veto gubernamental y del IEC- el canto provocador y revolucionario de Los Leonés de la Sierra de Xichú, que bajo la voz del poeta, músico y médico Guillermo Velazquez, cantaron a favor de AMLO en esta edición del 47 FIC, sin censura.

La ópera en Guanajuato vive desde hace mucho tiempo. La UG asumió desde hace muchos años la tutela de la cultura en Guanajuato. Hoy el IEC asume su papel. Y en el Forum Cultural brilla como una nueva estrella al frente del Teatro del Bicentenario, Jaime Ruiz Lobera

La ‘Prima Donna’ Eugenia Garza, quien interpreta a ‘Tosca’, durante un descanso en el ensayo.

Tosca sacudirá a Guanajuato en varios momentos. El día 1 (a las ocho de la noche),3 (a las seis de la tarde) y 5 (a las ocho de la noche) de noviembre a las en León, Guanajuato, dentro del Teatro del Bicentenario Roberto Plascencia Saldaña -su nombre oficial en honor al mecenas zapatero que contrató a uno de los mejores escultores italianos para replicar a a Bernini o la belleza griega en esculturas de mármol (algunas profundamente provocadoras como el Fauno Barberini-) que están a la vista en el Museo de Arte e Historia Regional, en el Forum.

Y el día 10 de noviembre regresa a Guanajuato capital (a las 12 del mediodía), para encender la grandeza del Teatro Juárez. Ese espacio emblemático que abrió por primera vez sus puertas el 27 de octubre -acaban de cumplirse 116 años de ello- y en cuyo escenario se presentó la ópera Aída, montada por la Compañía Italiana de Ettore Drog, con la ópera de Giuseppe Verdi (según describe Alfonso Alcocer en su libro Teatro Juárez Guanajuato).

A final de cuentas lo que ocurre tras bambalinas, como las del Teatro Bicentenario, es un ejercicio de voluntades -pues nada ocurre si no existe esa palabra mágica- bajo la tutela del IEC, y con la participación efectiva de la UG y el Forum Cultural.

Se está abriendo una gran oportunidad en la escena cultural del país para patentizar, con hechos y no sólo en propaganda, que Guanajuato es el Destino Cultural de México.

Uno donde hay más que zapateros, nuevos ricos y provincianos ignorantes.

  • Fotos: Teatro del Bicentenario/Ruleta Rusa
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