La obra del dramaturgo franco-uruguayo, Sergio Blanco, ‘Tebas Land’, se estrenó por primera vez en México y acaba de concluir su temporada en el Foro Shakespeare.

Es más que un juego de cajas chinas. La puesta en escena que habla de un escritor que va a encontrarse con un joven preso por parricidio se convierte en un campo de exploración de las conductas humanas.

Hablo de Tebas Land, la enjundiosa propuesta que lleva a Mauricio García Lozano y Manuel Cruz Vivas a desatar sus demonios, meterse y entrometerse con las vidas de ambos, con la ficción, con el teatro que también es ficción, pero esa ficción también es realidad ficcionada y la realidad es llevada al extremo o ¿hablamos de la ficción?

Un texto laberíntico del dramaturgo pone en jaque las certezas de que aquello que se ve, va construyéndose o deconstruyéndose en instantes, con diversos tonos y ya el espectador no sabe si de verdad está asistiendo a una obra de teatro o no es así y si quien está ahí adentro en ese patio ficcionado de una prisión con su aro de basquetbol es un actor o un joven recluso del penal de Santa Martha Acatitla.

El juego funciona muy bien y todas las capas de lo que ocurre van superponiéndose o develándose de a poco.

Es un teatro de cámara, con un texto potentísimo y bien actuado, donde Lozano -quien también dirige- y Vivas, se encuentran en un tú a tú del escritor y el joven o el actor que hace del joven real que ¿realmente mató a su padre?

En Tebas Land pasa como constante el mito de Edipo, más también la violencia familiar, el sicoanálisis, la utilización, la culpa, las condenas sociales a los asesinos, Freud, Sófocles, Dostoyevski, Mozart y hasta Roberto Carlos

Mauricio García Lozano y Manuel Cruz Vivas son los protagonistas de la obra del franco-uruguayo Sergio Blanco, quien readapta el clásico de Sófocles en una versión contemporánea.

El escritor indaga e indaga con entrevistas para conocer “las motivaciones” del asesinato y va narrando a los espectadores esos encuentros y el actor que interpreta de asesino o viceversa, hace lo mismo, mas además se cuenta el proceso de los ensayos y se entra y sale continuamente de todos los planos ficcionales para entrar en los reales y la deriva continúa.

Se pone al público de frente, como testigo y gran observador de todo para acabar o potenciar el efecto. Hay cruces, muchos, de representación y no, o de teatro documento o biografía ficcionada.

Sea como fuere, porque es parte de la propuesta, la obra toma apenas como pretexto el mito edípico y lo vuelve eficaz, de una contemporaneidad apabullante.

En realidad Edipo no sabía que era su padre. Quiero decir, cuando mata a Layo, piensa que está matando a otra persona. No sabe que está matando a su papá. O sea que no es un verdadero parricida, ¿no?”, pregunta el joven al maestro.

Con escenografía, vestuario e iluminación que firma Ingrid Sac, la apuesta -que precisa en su texto el dramaturgo, debe tener en cuenta quien la lleve a escena-, acude a un circuito cerrado, la malla metálica, algunas sillas y pantallas que recrean toda la atmósfera de un patio carcelario y también de algo “artificial”, construido para ello, para asistir a una recreación de los hechos.

Celebrada casi unánimemente por la crítica nacional, Tebas Land fue una de las mejores propuestas de la cartelera teatral nacional al final del primer semestre del año. El texto puede leerse en la antología de dramaturgia uruguaya contemporánea que publicó Paso de Gato en el 2015.

  • Foto: Leve González/Especial