Estrenos de obras, monólogos y puestas en escena de los clásicos están ‘on line‘, sin convivio, sin contacto humano.

Se le ha pillado por fin, al teatro, una de las artes más eminentemente humana y de contacto, contagio estético, lo han agarrado “en curva”.

¿Alta traición? Ya se verá, pero mientras tanto a este arte hereje le han metido a la red a contar sus historias y dar la función desde un móvil, la televisión o la computadora, subirlo a YouTube, Vimeo o la plataforma preferida de la compañía.

¡Hasta dónde hemos llegado! Claro que había experiencias de teatro en la red o el diálogo entre el teatro y la tecnología, muchas, cientos por todo el planeta pero eran una excepción, pues a diferencia del cine y la televisión, el hecho teatral se sustenta en el encuentro con los otros, la alteridad.

Son tiempos convulsos, violentos, y a este hijo de Baco, Esquilo, Eurípides, los rituales balineses y las prácticas en Japón, no le ha quedado más remedio que subirse a la virtualidad

Ver teatro desde la pantalla, asistir al estreno on line, tener charlas de chat con el equipo creativo, imaginarse cómo sería estar sentado frente a los actores pero desde la sala de la casa es un sueño de Buñuel, un ejercicio de performance, un ensayo de cementerio a lo teatro pánico de Jodorowsky.

Y entonces estallaron las redes con su teatro y su danza infinitas en casi cada país. Se ve el Hamlet de Peter Brook, Macbeth de Shakespeare montada en una estética punk por el Teatro Colón de Bogotá, que recientemente puso en línea un Woyzeck.

En Londres el Teatro Nacional no se queda atrás, tampoco en Francia ni el Centro Gógol de Rusia o los teatros alemanes; hay versiones con títulos, sin subtítulos, a cámara fija o filmación desde diferentes perspectivas.

México y los teatros públicos se han aliado para invitar a ver teatro en casa. La Compañía Nacional de Teatro abrió obras emblemáticas, unas muy recientes como La vida es sueño o La Celestina que apenas el año pasado se pudieron ver “en vivo”, ahora eso suena raro

Productores privados y teatros independientes también han hecho lo suyo, unos más reacios que otros.

¿Los clásicos se estarán retorciendo en su tumba? Nadie lo sabe ni a dónde se dirige esta indigestión de teatro a la carta.

Estamos pasando entonces, del hecho del convivio teatral, que postula el argentino Jorge Dubatti (donde importa el acontecimiento, todo lo que ocurre con el encuentro entre los espectadores y los creadores del espectáculo), a un tecnovivio, ese espectáculo mediatizado ahora por la tecnología. ¿Sigue siendo teatro o no? ¿Hay convivencia o no?

No se trata de sonar las alarmas, más bien de poner en la mesa las preguntas, sortear las aguas de la virtualidad, incluir al público en el paquete de la conexión/reflexión.

Casi nadie sostiene que será permanente este tránsito pero de que hace falta el convivio, hace falta.

Reacciones a dicha virtualidad de la escena por la pandemia se encuentran por doquier, muchos la denostan, otros la analizan con la perspectiva filosófica o determinados postulados de consumo del arte y hay quienes solo dan cifras como el Complejo Teatral de Buenos Aires a propósito de la proyección de Hamlet, dirigido por Rubén Szuchmacher.

En sólo dos días y cuatro horas que estuvo disponible, Hamlet tuvo 152.000 visualizaciones en Internet, casi el doble de la gente que asistió el año pasado a ver la obra (80.000 personas). Recibimos muchísimos mensajes desde los lugares más disímiles con comentarios de gente que se quedó afuera y la pudo ver de esta manera, o de quienes vivían demasiado lejos y de otra forma no hubieran podido verla. Vaya pues el agradecimiento a esta posibilidad de que el público interesado pueda acceder de alguna manera al evento”, asegura el Complejo Teatral de Buenos Aires.

En México, la Secretaría de Cultura sacó convocatorias para que profesionales y familias escriban obras, ensayen, las graben y las suban a internet, una medida para apoyar con mínimos recursos económicos a los hacedores de teatro que se quedaron sin ingresos por el cierre de teatros y las cancelaciones de sus temporadas.

Habrá en los próximos días cientos de estos ejercicios de teatralidad virtual en las redes sociales, tecnovivio en serio.

Lo teatros volverán a abrir, la tercera llamada resonará en los foros alternativos o las calles, las plazas, cualquier espacio para lo teatral volverá a ser habitado a seducir, esa es una de sus condiciones, a producir lo inefable, lo que no puede expresarse con palabras, verbalizar la experiencia.

Dejo a los lectores con una cita de Javier Daulte: “El teatro no debe transmitir ideas, debe inventarlas”.

Predial 2021