Otra vez. Dos objetos en mi mano, e indefectiblemente, uno cae.  ‘In letzter Zeit‘. En español.— Sobresdrújula acentuada en trasantepenúltima sílaba. ¿No es acaso hoy todo demasiado largo, interminable, para ser ‘real‘, sin que termine por decir lo que expresa?

enero

A solas, siento que estoy frente a una audiencia. Me siento acorralado o perdonado vergonzosamente. ¿Pero acorralado por quién? «Una abeja no es un péndulo», me dice RT.

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La manera en que algo se aproxima y se hace a sí mismo un lugar. Del otro lado, todo lo real que se volvió irreal para mí.

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Miro la televisión en el bar. Quiero decir es parte del decorado. Chicas en minifalda; dos sonríen y miro para otra parte. La otra juega con el cochecito de bebé y lo agita de manera inconsciente porque despertará al bebé en cualquier momento. Sigo el zig-zag del cochecito un rato y el bebé despierta. Pienso: «Los niños saben todo el pasado. Saben en los idiomas…»

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Cruzar el mundo en una oración. ¿Cuál es la frontera en la que dejé de ser yo?

Mirar, pensar es el comienzo de toda literatura. Mirar, pensar en toda su originalidad. El espacio del «no obstante…» No los grandes acontecimientos, sino detalles y marcas débiles.

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No se aprende nada de la historia. La historia es un engaño inventado. Los contornos de la historia moderna me parecen territorios vacíos. Ahora lo puedo ver con claridad: La historia es asilo para no hacer nada. Al contrario de la narrativa, la historia no tiene valor cognitivo para el autor.

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Entre los pitagóricos, por ejemplo, el principio más alto era el compromiso frente a la palabra, como frente a la orina. Pero todos transgredimos. También yo

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Podría golpearme al menos dos veces al día la boca. Pero me pone de los pelos que alguien triunfe con su sufrimiento. ¿Por qué no triunfa nadie con su alegría? No pienso en la caída cuando escribo.

Sólo el momento me da el lenguaje.

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La palabra teoría para describir. Pienso en miradas. Pienso en Regina pensando siempre en lo que ve. Y ese es mi estado ideal. El acuerdo entre el afuera y adentro. Brut llevando de Roma a Bretaña la estirpe imperial:

Ci falt la geste des Bretuns

Et la lignee des baruns

Ki del lignage Bruti vindrent…

Fist Mestre Wace cest romanz

¿Debería ser éste un libro de linajes?

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Me gusta la palabra problema, que en griego significa promontorio.

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Tal vez sólo amas la desgracia de las mujeres”, dice sardónicamente RT, y después sonríe.

Hacer las preguntas correctas es la más alta intuición.

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Escribir es validar lo que pasé por alto.

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México-Rusia, Triángulo Norte de Centroamérica-Guelaguetza, y de nuevo otra vez Rusia. ¿Por qué me resisto a viajar de esa manera?, ¿a pensar en adelante, en circuitos?

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No miro ahora a las mujeres. Si me miran, desvío la vista a otra parte. Hasta que me tocan, y terminamos en habitaciones donde nunca he estado

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La 57 a San Miguel de Allende. Y no tentar.

«No tientes a los Dioses a bordo de la nave porque luego no te los quitas de encima.»

            «No me mires en ese tono de voz…»

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Sonnet:

That woman who to me seems most a woman…

(¿dolce stil novo o esercitazione letteraria?)

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Lo que más disfruto ahora del sexo: el reconocimiento de lugares: tras bambalinas, vías terminales, elevadores, cruceros, atrios, baños de estacionamientos, restaurantes, puentes, parques…

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Lírica. La luz no es luz. No exactamente… «Y tú con cuántos colores te pierdes?»

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«Mi señor Yvain, siempre seguido del león y de la doncella, se adentra en el vergel, donde ve, tumbado encima de una tela de seda, reclinado sobre el codo, a un hombre, vestido con gran riqueza y, delante de él, a una doncella, que iba leyendo una novela —no sé de quién ni de qué trataba— y para escuchar esta lectura, que iba siguiendo recostada, había acudido una dama…». Pero al rato lo olvido todo. Olvido incluso que el olvida el trato, llega tarde, pierde el derecho a la mujer y la tierra, pierde el honor, corre desnudo al bosque…

(Lo que significa que no es magia en sí misma, sino, por ejemplo, un anillo invisible.) Parodia. Reescritura. Una Road Novel.

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Lo que ya amaba de niño: El movimiento de la luz en el agua

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febrero

Me estoy volviendo una persona terriblemente loca por los detalles. Lo raro: Me estoy volviendo una persona tímida.  Más raro aún: que tiene que fingir una energía de hierro. Últimamente las cosas me parecen torpes. Sobre todo, las ostentosas.

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En la narrativa coinciden la historia y la revelación. Pero eso es lo que necesita la evidencia actual desde la historia.

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Hay un conflicto, creo, en la medida en la que aprecio que las cosas se acercan. Es quizá un punto de fuga que quedaba bastante lejos… O todo está parado frente a mí como un gigante, o todo se aparece ahora en formato enorme. Pero no hay nada ahí… ¿Esto es bueno para mi editor? Necesito una naturaleza muerta.

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Conocí hace tiempo a «una mujer de paso».

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Me estoy moviendo hacia otra habitación, continuamente. Pienso: ¿el tiempo de las mentiras llega alguna vez a su fin? ¿O hay un deber por delante? Lo que tengo en mente: sacar mi trabajo de tu supuesta atención para siempre, y con esto nos separamos, de manera irrevocable.

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Dice PSL que ya no podemos hablar —quiere decir: escribir— de ciertos de ciertos temas. Que ciertos temas nos están prohibidos. Por ejemplo, las mujeres. Creo que lee mi mente. Pero acabo de llegar, no me he sentado aún. Aún tengo en la cabeza lo que acabamos de ver, un hermoso atardecer de invierno en Tlalpan. Olmos quitos e invertidos, nenúfares en las orillas… Lo que sigue a continuación son cien silencios chinos, y algunos en alemán… ¿Me he sentido alguna vez comprometido con alguna mujer? Creo que mi único compromiso real ha sido con la imaginación. Es lo único que me interesa, pero no se lo digo.

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Ella vive resentida conmigo. Ella siente por mí una suerte de antisemitismo. Pero me sorprende, creo que ahora está en paz

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Llama Nad. ¿Qué es exactamente el tiempo libre? ¿Es una coma tan servil como dicen? ¿Hay un garaje ubicado dentro o fuera de la casa? ¿Qué es el mundo y por qué, o cómo existe el mundo a tu alrededor? Diablos, la niña sólo tiene siete años. No sé lo que haré cuando cumpla 12.

Comida alemana, jeans azules, cada nueva canción que escucho, y otra vez, joder, o incluso sólo jugando póker, pensando siempre en las hogueras.

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«Mi amor estaba a cargo de ver la mitad de las cosas, y yo estaba a cargo de ver la otra mitad…». Y así lo dejo.

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Matanzas sin sentido, estúpidamente dialécticas como parece. Ya no escribo con la voluntad de destruir.

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No me dice nada un asesinato. Ni desde el punto de vista de una historia. Ni de un crimen. Busco una historia que te acompañe en el corazón.

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Después de tantas cartas y mensajes de ira, ¿no crees que estaría bien una de humor donde nos hables de ti? Se la daría a mi editor. Un juego de rol inverso. Se le podría titular «Sobre la lesión y la verdad de la única protagonista». Y no esa tabla periódica en latín que me escribes, infinitamente hiriente.

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«La mujer de paso» enloqueció en el hotel donde vivía: como única inquilina y dueña.

Si regresara a ese lugar seguramente encontraría en el aire muchos de sus arrebatos de ira… La verdad, como fuese, no me arrepiento de haberme liberado de eso

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Todo esto parece recortado. De una fábula.

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Pero a menudo venía por la noche, drogada y borracha, y me miraba con los ojos fríos y opacos como sólo puede verte un terrorista, y me daba lástima o ternura. Es un oxímoron. Su vida entera era un oxímoron. Era una tierna terrorista, creo.

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«Soy el señor Benavides», dice Leobardo Sánchez, siempre que hay una mujer presente. Esa es la vieja escuela.

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He hecho declaraciones de este tipo una eternidad de veces en mi vida, pero las perdono vergonzosamente.

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Ella me quiere lejos. Pero siempre me recibe y acoge. Me sentí traicionado y tuve que buscar una escapatoria. Esto acaba de empezar. No me arrepiento.

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Me encanta ser el chico malo, pero no lo soy.

Un spinman. Un hombre que da las vueltas. Una figura de carrusel tendría que hacer una buena cara o al menos ser comunicativa a todo lo que sucede en el área

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Últimamente siento “basura en los ojos”. Últimamente quiero galopar al menos durante tres horas. Últimamente pienso mi relato en silencio.

Creo que sólo he estado preocupado por mi vida, ¡los últimos quince años! (Sigo siendo un caso inofensivo…)

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Dice ella que un día entré en la habitación jadeando sin previo aviso. Yo jadeaba, ella dormía. Ella siempre está sonriendo cuando habla de sí misma. No quiero recordar más eso. Ya no es un problema para mí. No hay nada que reconciliar. Se acabó, yo fui quien hizo eso, y ella fue quien improvisó. Creo que es inmortal cuando lo escribo: unas cuantas cacas de perro por el piso.

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Era música de programa.

Pero su vanidad estaba oculta y aparecía en los momentos más nimios. Esa es la peor vanidad.

Las personas verdaderamente vanidosas no saben que son vanidosas. Por eso son tan agradables, tan inofensivas. Y por supuesto que estoy en contra.

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No tengo derecho a pensar esto y aquello de mí. No tengo derecho a criarme. Sólo tengo que cumplir este papel. Tengo condiciones bíblicas.

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Ni siquiera tengo la curiosidad, salvo que se trate de un paisaje.

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Hablaba muy despacio, hasta que las palabras se convertían en palabras, y entonces se burlaba de sí misma y de todo

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Era ejemplar mientras la cuidaban, sobre todo si quienes la cuidaban de sí misma eran mujeres. Pero sólo era el guiño de un ojo. O eso recuerdo.

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Era mística. Pero no en mis sueños.

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Ni una palabra tuya en mucho tiempo. Pero incluso en casa, ahora doy dos pasos a la vez y pienso en ti.

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Lo que no puedes hacer: que el corazón siga creciendo.

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marzo

Conoces a una persona que no conoces, y después de tres frases piensas que has estado viendo la misma cifra mil veces.

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El futuro no me da nada y, sin embargo, en el momento en el que dejo que un sentimiento flote épicamente, me siento un protegido de la impermanencia.

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Lo que debería estar en tu lápida: Ando en la parte de atrás.

(Los soñadores están atrás, los materialistas abajo.)

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«Es el mejor verano de mi vida», dice Ingerborg Bachmann en el Diario de guerra.

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Las palabras escritas ¿se borran a sí mismas?, ¿desaparecen las palabras, una vez leídas?, ¿nunca? 

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Objetos sobre un paisaje donde los nombres llevan formas.

Objetos que me llevan a lugares a los que se refieren.

Una silla a la luz del día que puntúa el tiempo como una coma en una oración.

Una pareja de ancianos que contempla patos y te indica una línea entre dos puntos.

Una sombrilla desde su puesto que te anuncia una partida.

Límites entre personas.

Si nuestros objetos transmiten nuestro amor mutuo, veo caminos y perímetros que los amantes dejan atrás.

Tiempo, espacio, traducción y amor.

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Despierto. Un segundo después abre los ojos, y veo su inmensidad azul cobalto.

—El héroe de este sueño despierto eres tú…

Respira. Algo va a suceder.

  • Ilustración: Eric Lacombe

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