La Orquesta Sinfónica Juvenil, Orgullo Musical de Guanajuato, hizo que el Centro de las Artes de Guanajuato (CEARG) se convirtiese en un escenario natural e inmejorable para escuchar un gran concierto con música de Haydn y hasta el tema clásico de ‘Rocky’.

A las 12 del mediodía los 147 integrantes de la orquesta ya están ensayando. En 6 horas se presentarán ante un auditorio que espera ser sorprendido. Los niños y jóvenes, que provienen  de 22 municipios, se han preparado durante 90 días. Cuatro horas por día. Seis días a la semana.

En un pequeño auditorio suena un vals inmortal de Juventino Rosas. La orquesta se escucha en plenitud. Vibra llena de vida. Quizá porque son niños y jóvenes. Quizá porque su debut debe ser como se espera: radiante. Además son parte del programa que arranca con los festejos por el XV aniversario del CEARG.

Entre los asistentes hay dos personas especiales. Arturo Joel Padilla Córdova, director general del Forum Cultural, y Jaime Ruiz Lobera, director del Teatro Bicentenario. Vienen desde León para convalidar el logro. Ruiz Lobera especialmente, pues ha logrado en el país concretar proyectos similares al conformar orquestas juveniles. Es músico y sabe muy bien del tema. Su valoración es que están en condiciones plenas. Habrá que escucharlos para comprobar.

La ciudad se encuentra bajo una gruesa capa de nubes grises que anticipan tormenta. En los jardines del Ex Convento Agustino el escenario está dispuesto para el concierto. Todos desean que no llueva hoy

Desde el mediodía los integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil estuvieron ensayando.

Juan Alcocer Flores, director general del Instituto Estatal de la Cultura (IEC), ha convocado a una conferencia de prensa, previa al concierto, acompañado por la directora del CEARG, Karina Juárez Ramírez, Arturo Joel Padilla, Jaime Ruiz Lobera y tres chicos integrantes de la orquesta.

En su mensaje Alcocer nombra uno a uno a todos los municipios de donde provienen los integrantes de la orquesta. A manera de reconocimiento específico al esfuerzo en cada uno de ellos para impulsar a sus jóvenes talentos musicales:

León, Purísima del Rincón, Cortázar, Irapuato, Acámbaro, Salvatierra, Tarimoro, Celaya, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, Comonfort, Juventino Rosas, Villagrán, Cuerámaro, Valle de Santiago, San José Iturbide, San Luis de la Paz, Uriangato, Yuriria, Jaral del Progreso, Moroleón y Salamanca.

Alcocer refiere que desearía ver en 20 años a esos pequeños que hoy comienzan a crear su propia historia, para saber qué efectos produjo en ellos el participar en una orquesta que está destinada a ser un orgullo de Guanajuato por siempre.

Mi esperanza principal es saber que fueron gente feliz”, confía con sinceridad Alcocer que no cabe de gozo por este nuevo logro del IEC. Ha recibido muchas críticas por su labor, y seguramente ha cometido errores, pero también está entregando resultados. Esa es su obligación.

El eslogan del programa: Orgullo Musical Guanajuato.

No ha sido fácil hacer que 8 bandas municipales sean ahora orquestas sinfónicas. Y lo que falta. El IEC tiene un nuevo reto para crear en lo inmediato cuatro coros juveniles. Guanajuato sonará, y ahora también cantará aún más alto.

Arturo Joel Padilla elogia el trabajo, habla del gran esfuerzo y sobretodo del gran efecto que significa para las familias formar parte de la creación artística al impulsar a sus hijos e hijas a participar en la orquesta.

Este es un esfuerzo encomiable, lleno de amor a la sociedad”, enfatiza el líder del Forum Cultural.

A su turno, Jaime Ruiz Lobera observa que la música transforma vidas. Y que Guanajuato es un ejemplo por apostar a su juventud y niñez con la creación de orquestas, pues además de lo artístico crea un beneficio social al cambiar la vida de familias enteras.

Los mensajes cierran con la intervención de Karina Juárez Ramírez, directora del CEARG, que refiere de la audición primera para seleccionar a los nuevo talentos musicales. Más de 290 niños y jóvenes participaron, pero sólo 149 lograron ser parte de la orquesta. Una que, por cierto, es equitativa pues 73 de sus integrantes son mujeres y 74 son hombres, con edades de 7 a 19 años.

Logramos llegar a donde queríamos, a transformar vidas, a ser parte de ellas también”, dice Karina quien ha llevado la batuta de este proyecto que integra además a la Orquesta Sinfónica Femenil.

Cuatro horas luego todo está listo. No hay cielo encapotado. Los jardines del CEARG están rebosantes de gente. Muchos de pie. La orquesta sale en unos minutos

El CEARG tuvo un lleno total con el concierto.

Un par de niñas se acercan a una mujer en primera fila. Son parte de la orquesta. Minutos luego se retiran. Me acerco a preguntarle a la mujer que se muestra orgullosa si son sus hijas. “Sólo una”, me responde.

Noemí Fernández Frausto celebra que su hija Valeria, de 13 años, sea ejecutante de violín. Son de Purísima del Rincón y aman la música. Valeria lleva dos años practicando, fue seleccionada en la audición general y hoy es una mejor estudiante en la secundaria.

¿Qué siento? Pues me siento muy orgullosa de mi hija. Quiero lo mejor para ella. ¿Y cuando toca? Me dan ganas de llorar”, me dice emocionada Noemí volviendo la vista al escenario en busca de Valeria apenas unos segundos antes que inicie el concierto.

Al sonar los primeros acordes de Haydn surprise se elevan los primeros suspiros que enmarcan los 40 arcos del ex convento -con motivos de grecas y medallones estampados en la dura piel de la cantera- y las 13 larguísimas palmeras que ondean, tres en cada esquina, como si realizaran una coreografía con la música barroca que eleva alto el espíritu. Los integrantes de la orquesta demuestran lo aprendido tras 90 días de rigurosos ensayos.

Una manta ondea también sobre la inmensidad de un muro en color terracota, y parece inflamarse no sólo por el viento, sino por la música de Beethoven que suena en los jardines del CEARG. El eslogan es bello: Orgullo Musical Guanajuato. La palabra orgullo es dorada y la letra O es un corno francés. Otro bello simbolismo.

Los integrantes de la orquesta van de los 9 a los 19 años de edad.

Los metales resuenan con sonido de bronce bruñido. La Orquesta Sinfónica Juvenil honra la memoria de Beethoven con una excelente interpretación del segundo movimiento de la Sinfonía No. 7 y una selección de varias piezas entre las que no puede faltar un trozo de la clásica y nostálgica Für Elise. La labor del maestro Carlos Cruz al frente de la orquesta es generosamente aplaudida.

Para cuando los poderosos címbalos de la Marcha eslava, de Tchaikovsky, hacen saltan el corazón, el cielo sobre los jardines se va alternando entre las nubes y el azur. El viento se lleva el presagio de lluvia. Se sucede luego una calma decorosa con Pompa y circunstancia de Edward Elgar. E inmediatamente Ramiro Olivares Gálvez, quien dirige este bloque áureo, deposita en la belleza de Finlandia, de Jean Sibelius, para cerrar con suficiencia la ejecución de piezas complejas.

A estas alturas del concierto los 147 integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil ya han dejado claro que tienen talento, disciplina y técnica; Jaime Ruiz Lobera, director del Teatro del Bicentenario fue sincero en su diagnóstico.

El preludio al cierre está a cargo de Eduardo Vázquez Arpero, quien batuta en mano abre con el vals mexicano más hermoso. Juventino Rosas seguramente se llenaría de un gozo indescriptible de poder escuchar su música interpretada por niños y jóvenes guanajuatenses. La piel se eriza. Las tonalidades y los movimientos musicales son perfectos. Dan ganas de llorar ante esa sonoridad que incendia el corazón.

Al terminar el vals el aplauso se sucede desbordado, un minuto que parece alargarse como las palmeras que da la impresión acarician las nubes que pasan como olas revueltas

Los niños y jóvenes de la orquesta convencieron con su talento, disciplina y técnica.

Vázquez Arpero cumple con su parte del programa honrosamente, no sin antes pedir el aplauso para una joven clarinetista que ha destacado en la interpretación. Cielito Lindo, de Quirino Mendoza, y Caminos de Guanajuato, de José Alfredo Jiménez, hacen que la tarde sea plácida y se llene uno de amor por México, sus llanos y pueblos, el mariachi, el campo limpio y todo lo que representa sentir a flor de piel la mexicanidad, el ser guanajuatense.

El viento arrecia y derriba al piso las partituras de varios de los músicos. El momento es aprovechado por el maestro de ceremonias que nombra a los municipios de donde provienen los integrantes de la orquesta, mientras discretamente les acercan pinzas de madera a los músicos para que fijen las partituras a los atriles y seguir con la función.

Lo mexicano sigue siendo tema cuando Hugo Maldonado Gudiño, director principal de la orquesta, se planta y abre con un Tríptico Mexicano, de Manuel Enríquez, al que sigue un popurrí de Guadalajara, de Luis Cobos.

Los cuatro maestros de la orquesta han logrado un trabajo digno de reconocimiento.

En los rostros de los asistentes se refleja una sorpresa cuando se escuchan los primeros acordes de Gonna Fly Now. Una pieza de Bill Conti, Carol Connors y Ayn Robbins. En el programa suena así también. Nada extraordinario. En la realidad evoca inmediatamente a Sylvester Stallone interpretando a ‘Rocky’ que corre por las frías calles de Filadelfia, entrenando box en un frigorífico, dispuesto a romper la monotonía de su vida, dispuesto a triunfar cuando todos le dicen que nunca podrá.

De tan poderosa que ha resultado la interpretación los asistentes no cesan en el aplauso al grito de “¡otra, otra, otra!”. Y nuevamente Gonna Fly Now hace su tarea. Quizá porque es una metáfora sobre lo que estos niños y jóvenes han hecho. Triunfar cuando muchos no apostaban nada por ellos, sobresalir cuando muchos decían que no podrían, ser orgullo de Guanajuato cuando muchos dirán que no hay nada por qué enorgullecerse.

Ponga ahí, que me dejaron impactada”, me dice con un tono dulce imperativo Rebeca Delgado Hernández, una mujer madura de vestir elegante y sobrio, mientras me observa tomar notas “Nunca creí que fueran tan talentosos estos jóvenes. He escuchado mucha música clásica, he ido a muchos conciertos. Realmente estoy sorprendida”.

-¿Y siente orgullo de que sean de Guanajuato?- le pregunto a este mujer de Irapuato que entró sin más al concierto, apenas llevada por el cartel en las afueras del CEARG.

¡Claro que siento orgullo! Todos deberíamos de sentir orgullo por estos jóvenes– me responde con una sonrisa plena. En sus ojos refleja que ha sido tocada en su interior por la música que interpretaron estos talentos que provienen de pueblos y ciudades tan diversas de Guanajuato.

Su sinceridad me estremece. Y cumplo con lo que dulce imperativamente me ha solicitado.