En la paz y en la guerra el caudillo,
porque él supo sus armas, de brillo,
circundar en los campos de honor.

(Estrofa IV suprimida del Himno Nacional)

La singular historia de México está llena de ires y venires, a veces de ciegos de poder, borrachos de fama y, en el mejor de los casos, de personajes cuyo mesianismo redentorista termina en una cruel crucifixión sin apelación de ningún ser divino para ser resucitado más que por la memoria que, si hace bien el trabajo, recordarán sus grandes epopeyas. Así, entre los personajes que adornan la historia aparece, Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón.

Orígenes de una estrella

Decía Nietzsche que para dar a luz una estrella se debía de tener un caos por dentro. Y si la sentencia del alemán apela al nacimiento de Santa Anna, era evidente que la estrella caótica nació en el lejano 21 de febrero de 1794 en una familia criolla de clase media, en el hermano estado de Veracruz.

Torpe para la pluma, pronto se destacó ágil para la espada, lo cual permitió su ingreso en la carrera de las armas el 9 de julio de 1810. Pero, a los pocos meses, Hidalgo rompería el silencio con el afanado “Grito de Dolores”.

Ni tardo ni perezoso, tras pertenecer unos meses en el Regimiento Fijo de Veracruz, Santa Anna fue enviado el 13 de marzo de 1811 a Nueva Santander (Tampico), para reprimir a los insurgentes, esto da entender, que el joven Antonio, servía a la Corona Española.

Personaje importante en su “primer infancia” en las armas, será el coronel español Joaquín de Arredondo y Muñiz. El 28 de agosto de 1812, tras una cruenta batalla contra los insurgentes del ‘Indio Rafael’, el joven caudillo recibe un flechazo, por su hazaña heroica es ascendido a teniente.

Sin embargo, tras un tiempo en la guarnición de Texas, Santa Anna comienza con algunas prácticas poco laudatorias: apuestas, peleas de gallos, y la más grave, falsificación de firmas del coronel Arredondo. Es descubierto y en un acto teatral de drama digno de Sófocles, entrega su espada, sus armas de fuego, y mil pesos. El perdón le es otorgado. ¿Perdón sincero o manipulación con alevosía?

Condenado a ser instructor de reclutas, es puesto bajo el mando de José Dávila, “padre de armas” de Santa Anna. Gracias a Dávila, el caudillo, comienza a tener contactos que le serán de provecho.

Enamorado de las los griegos y romanos, se empapará de dicha literatura. Pero, su más grande referencia será: Napoleón Bonaparte. Poco después, será enviado a Veracruz a repartir tierras a los insurgentes que habían aceptado la amnistía

Aquí, también, hará de la suyas: seducir mujeres, peleas de gallos y retención del pago de sus compañeros. Su premio será el ascenso a comandante (Mayor).

Iturbidista por conveniencia más que por convicción

La conveniencia en ocasiones mueve más que la convicción, porque la primera mueva a la recompensa, mientras que la segunda responde a fines meramente morales.

Así tras recuperar la plaza de Orizaba, sabedor que los iturbidistas van tras él, en un giro inesperado, traiciona al regimiento español y se autonombra iturbidista, apegándose al Plan de Iguala.

De algún modo, casualidad o destino, o forzamiento del destino, Santa Anna estará presente en la firma del Tratado de Córdoba, la finalidad es que de la mesa caiga un hueso, ¿Oportunismo o real amor a la patria? Así, tras una serie de berrinches, será ascendido a la comandancia militar de Veracruz.

Ahora, la leyenda oscura que cierne a nuestro personaje lo lleva a relacionarse con José Antonio Echávarri, el cual se había unido al Plan de Iguala, pero, se sabía, de algunos rumores que algo oscuros se tramaba entre la triada Echévarri, Victoria y Santa Anna

Iturbide sabedor, viaja a Veracruz, Echávarri y Santa Anna comparecen ante el Emperador, pero, Santa Anna, le hace una jugada a Echávarri, lo manda a San Juan de Ulúa con la idea de que los españoles ahí amontonados, no le harían nada.

De puro milagro sobrevivió Echávarri. Sabedor Iturbide de este agravio, mandó a llamar a la Ciudad de México a Santa Anna, pero, el caudillo veracruzano, también, conocedor de lo que le esperaba, decidió llamar a sus hombres, notables y autoridades para que al unísono de un grito se diera a conocer el despotismo de Iturbide, la única solución, era deponerlo. Tras la disolución del congreso de 1822, Echévarri y los masones aclamaron el Plan de Casamata.

Santa Anna, con pretensiones de unirse al Plan de Casamata, comienza colaboraciones con Echávarri. El perdón le vendrá con el envío en 1824 a Yucatán, con la condición que sólo el Ejecutivo podría removerlo. Nuevamente el caos se cierne: pelea de gallos, mujeres, apuestas, hasta que logra casarse con María Inés de la Paz García.

Al poco tiempo, en 1825, abandonó Yucatán, y un silencio se cierne sobre el caudillo, que comenzará una nueva etapa de su vida.

Como chinicuil en el comal

Dicen que los chinicuiles —ese gusanito rojo— cuando se cocina en un comal, brinca, y es que, en 1828, el hermano y el suegro de Santa Anna, indirectamente él, tenían filiación con los masones escoses, y las disputas entre estos últimos y los yorkinos, llevó a que Santa Anna, brincara de un lado a otro.

Pues, con el afán de apoyar a Nicolás Bravo, marcha con 150 hombres, pero el ejercito de Vicente Guerrero, mucho más numeroso, le sale al encuentro, y termina Santa Anna, uniéndose al bando yorkino

Guerrero lo premia con el cargo de comandante general de Veracruz. Pero, su corona la obtendrá cuando el español Isidro Barradas en 1829 llega a Tampico, con 2500 soldados, pretendiendo reconquistar México.

Ascensión de una estrella: su Alteza Serenísima

Tras la defensa nacional que Santa Anna hace ante tal acto, es colocado en el ojo público y político, convirtiéndolo en el héroe nacional. Con ello, pasó a llamarse “El Napoleón mexicano”.

Ya encumbrado y con títulos honoríficos, su papel se tornará decisivo. Los conflictos de Texas y las guerras internas de México, lo llevarán poco a poco al poder. Tras el triunfo sobre Bustamante, Gómez Pedraza gobierna México, y al cabo de su período (1832-1833), convoca a elecciones en 1833, saliendo elegidos: Antonio López de Santa Anna como presidente, y Valentín Gómez Farias como vicepresidente.

La toma de posesión de Santa Anna se llevaría el 1° de abril de 1833, pero, alegando una indisposición, en su lugar, tomará posesión Gómez Farias. ¿Acaso este no era un augurio de un padre ausente? Santa Anna se la vivía en su Hacienda Manga de Clavo o en campañas militares, jugando a los soldaditos sin atender los asuntos burocráticos del país. Lo que llevó a Valentín Gómez Farías gobernará el país, al grado de expedir las leyes de Reforma de 1833. Quizá el aporte legal más importante de Santa Anna fue “La ley del Caso”, donde pedía el destierro de los opositores de su régimen.

Entre los dimes y diretes, Santa Anna, será quien por un lado se una al clero, por el otro este en su contra, siempre bailando al son que le conviene. Se dirá que tomará la presidencia en 11 ocasiones, que va de 1833 a 1855.

Pero, el momento más duro será en 1841, cuando de ser federalista pasa al bando centralista, cuasi monárquico, como menciona Armando Ayala Anguiano, su política era “Gobierno de uno solo y que reparta palos a diestra y a siniestra”.

Santa Anna decretaría impuestos por canales de desagüe de cada casa, por las ruedas de los carruajes, los varones entre 16 a 60 deberían de pagar 1.50 pesos anuales por la edad, se tenía que pagar un impuesto por perros y ventanas de cada casa, vendió títulos académicos, y a los periodistas los volvió sus aduladores

Sus obras públicas fueron la construcción de una plaza de toros cerca del zócalo, un ferrocarril de México a San Ángel para llegar al Teatro ‘Santa Anna’, la erección a un monumento donde estaba enterrada su pierna que había perdido.

No se diga la venta de la Mesilla, entre otras cuestiones, todo ello, llevó a que sus epítetos fueran “el inmortal Tres Cuartos o Quince Uñas”. Santa Anna, morirá en la oscuridad, la penuria y desahuciado el 21 de julio de 1876.

A modo de conclusión, Santa Anna será siempre un claroscuro en la historia de México. Momentos donde parece el héroe, y otros el villano. La pregunta aquí es: ¿Por qué era llamado constantemente a que gobernara lo que nunca quiso gobernar?

La megalomanía y el narcicismo, parecieran que al estilo de la novela de Søren Kierkegaard, la historia de Santa Anna, entre sus ires y venires, resultara en “El diario de un seductor”.

Bibliografía

Ayala, A. (2011). La epopeya de México I: De la prehistoria a Santa Anna. Fondo de Cultura Económica.

Berumen, C. (s. f.). Nuevas luchas internas: Ayutla, Leyes de Reforma y la Iglesia. https://historiadist.uaz.edu.mx/pluginfile.php/4149/mod_page/content/8/Unidad%20III.%20Nuevas%20luchas%20internas.pdf

Clío. (2016, 01 de marzo). Minibiografía: Antonio López de Santa Anna . YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=IeOkycxikGA

Muñoz, R. (2003). Santa Anna: el dictador resplandeciente. Fondo de Cultura Económica.

  • Pintura: Anónimo.