La danza folklórica es una forma de expresión del sentir de las personas y una de las artes más completas que existen, ya que integra música, expresión corporal, coordinación, gestos, representación, color, y con la combinación de todo ello produce diferentes emociones y sensaciones.

Desde temprana hora la gente se forma en las inmediaciones de la Alhóndiga de Granaditas para apartar “su lugar” y presenciar lo que en días previos se ha anunciado de “boca en boca” como un gran espectáculo cultural.

Sangre mestiza: nuestra tercera raíz, un espectáculo que recoge la herencia africana en la cultura de México a cargo del Ballet Folklórico de la Universidad de Guanajuato (BAFUG), dirigido por Roberto Martínez Rocha, se presenta como parte de la cuadragésima sexta edición del Festival Internacional Cervantino.

Ni qué decir que entre el público asistente la expectativa es alta, se huele la adrenalina porque se conoce el trabajo y profundo conocimiento técnico de Martínez Rocha como un talento local desde que contaba con 13 años y era parte del Ballet Folklórico de la UG, y por los 18 años que tiene el BAFUG dentro de la programación de escenarios internacionales como el Cervantino.

Casi anochece, y con el huracán Willa pegando en las costas de México, la Explanada de la Alhóndiga luce llena, y alrededor de 30 bailarines con trajes blancos africanos comienzan el baile

La herencia negra, la tercera raíz de nuestro mestizaje hecha danza.

Estamos en la Costa Atlántica o Pacífica, pero sobre el escenario desde el primer segundo se impone la influencia africana basada en sonidos y movimientos rápidos enfocados al movimiento de caderas. Es un hecho: Martínez Rocha sabe que el origen de las danzas folklóricas es, naturalmente, antiquísimo y está en conexión con ritos mágicos y sacros que se encuentran en la base de la danza misma y de los cuales aún desde aquí observamos sobre el escenario acciones gesticuladas y significados simbólicos.

Pero más allá, en el entramado de toda esta coreografía mental, se descubre un fondo común a la raza blanca: la ubicuidad de ciertas formas y su generación espontánea bajo cielos y ambientes diversos, y ciertas leyes inmanentes que, a decir del despliegue coreográfico de Martínez Rocha, rigen el movimiento, en cuanto éste se transmuta en danza.

Bailes en círculo, con claro significado simbólico, bailes en diagonal como delimitación del lugar sagrado o como cerco. Piernas y brazos que se confunden rítmicamente con sus curvas, o con las elipses de sus miembros como marionetas.

Los bailarines de la BAFUG, más que bailarines, son acróbatas de suelo pero curiosamente en todo este pasaje, más que crear un espacio, nos presentan las difíciles condiciones de posibilidad que el ser humano tiene de traspasarse, de salirse de lo euclídeo, de abolir lo dado como norma.

No es ésta la primera vez que Martínez Rocha busca la técnica de su propio cuerpo, que tiene que buscarse a sí mismo. Es decir, que no encuentra un estilo, sino que busca encontrar, hacer, crear… Y es que el espacio creado por la danza no es un espacio arquitectural ni acústico.

Lo que vemos sobre la Explanada es más bien la reducción de un cuadro animado, muy mínimo, en movimiento: el desafío de hacer nacer algo diferente de un mundo en un terreno imaginario con la energía del movimiento del cuerpo

El alma mexicana, sus sincretismos, el esplendor de un pueblo a través del baile.

El espacio no es pues para estos bailarines algo real sino ideal. No es una realidad sino un concepto: una idea que sobre el escenario tiene desarrollo histórico propio. Y la historia que vemos a nivel de Explanada no es sino la historia de la transfiguración de la forma humana, la historia del hombre como actor de acontecimientos físicos y espirituales, pasando de la ingenuidad a la reflexión, y de lo natural al artificio…

Del mismo modo, a velocidad vertiginosa pasamos del ambiente de la fiesta al drama, al escenificarse el momento en que los conquistadores llegan al continente azotando a esclavos negros que profieren gritos de dolor. Hyper e hypo, super y subter, es decir entre arriba y abajo, una simple línea coreográfica de Martínez Rocha nos “coloca” en un segundo en diferentes lugares… Una simple línea que pasa de horizonte a borde en el escenario, una línea que varía y el espacio con la carga de valores que hay a su alrededor se instaura y gravita. De ahí que más tarde, la música de jarana regresará al escenario, al baile alegre y multicolor, haciendo alusión a la mezcla que se dio en territorio mexicano, principalmente en la zona tropical, y el recorrido hace su primera escala en Guerrero, y con la iguana a cargo de las mujeres.

Faldas amplias y trenzas a ritmo de la jarana. La fiesta continúa con los bailes de Veracruz, con los sones jarochos que irrumpen a ritmo de canto veracruzano y de coplas. Una voz en off reseña la conquista y el encuentro entre dos mundos, cuya tragedia se armoniza con la pasión del baile y de los negros, que en un complejo sistema de castas casi se vuelve ausencia, como más tarde el sentir de un pueblo.

Finalmente, sobre el escenario, más de 20 hombres zapatean a ritmo de marimba, al cual se unen mujeres, y un flautista da las notas finales mientras que, dispersos entre el público, niños al igual que músicos en el escenario, tocan tambores, sorprendiendo a un público que luego de haber visto coloridas danzas y bailes de los estados de Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Campeche y Tabasco y que ha recorrido junto con los bailarines piezas tradicionales como Safra y capataces, Aguacero, Aguanieve y Fuga de zapateado los despide y, finalmente, ovaciona de pie por espacio de poco más de tres minutos y medio.

Roberto Martínez Rocha ha logrado que en el BAFUG se encarne el color en movimiento.

No es pues un accidente que, hoy por hoy, Ballet Folklórico de la Universidad de Guanajuato sea una de las agrupaciones dancísticas más importantes de todo México y haya disputado en varias ocasiones en las Lunas de Plata del Auditorio Nacional en la categoría de Danza Tradicional, la presa junto a compañías de la talla del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández o la Compañía Shen Yun de danza tradicional de China.

En esta noche, bajo la dirección de Roberto Martínez Rocha, el BAFUG ha logrado comprobar que la danza es un medio noble para colectivizar emociones, un vínculo espiritual entre los pueblos, un lenguaje universal y comprensivo, un mensaje de paz y fraternidad y una puerta abierta a la cultura físico-espiritual de todos los pueblos.

Y que al igual que un niño que trata de indagar los impulsos que le impulsan a moverse y bailar, es importante conocer las leyes y secretos del movimiento armónico para a través de ellos comprender y disfrutar de todo lo que sucede alrededor de esta actitud —que es casi tan antigua como respirar—, ya como espectador, ya como protagonista.

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