Un leonés, contribuyó de forma capital en la inmortalidad de la obra literaria de  Juan Rulfo.

Esta es la segunda entrega que hace Ruleta Rusa mx en homenaje al único autor en lengua española que alcanzó la gloria con dos obras definitivas: El llano en llamas y Pedro Páramo; un libro de cuentos y una novela que no suman más de 400 páginas.

Pero también trata sobre Efrén Hernández, el escritor y editor guanajuatense, el autor más vanguardista de la historia de la literatura nacional, quien estuvo detrás de este primer despertar de la literatura en América Latina.

A cien años del nacimiento de Rulfo, hermanamos esa amistad en un homenaje también a Efrén Hernández, el leonés que intuyó que nacía una obra maestra  mucho tiempo antes que todos.

 

I

La historia dice que Efrén Hernández leyó unas cuartillas de Rulfo y le dijo directamente que era muy malo. Aunque abundó: “Pero, déjeme ver, aquí hay unos detallitos”.

El escritor leonés Efrén Hernández.
El escritor leonés Efrén Hernández.

Rulfo, ya instalado en el limbo de los inmortales, diría: “Efrén parecía un pajarito pero con unas enormes tijeras de podar, me fue quitando toda la hojarasca hasta que me dejó tal como me viste en 1954, el ‘Llano en llamas’ hecho un árbol escueto. Creo que en mi lucha por apartarme de las complicaciones verbales he ido a dar a la simpleza”, relataría a Elena Poniatowska años después.

Para no sufrir más, porque la vida de Juan Rulfo fue un pequeño calvario, se escondió en un archivo del gobierno en 1939, en la apenas gris Ciudad de México. Por fortuna Efrén Hernández estaba ahí. Exiliado también en ese tedio miserable.

 

II

Efrén y Juan fueron dos burócratas de la Secretaría de Gobernación, “archivistas de cuarta”. Era 1937. Ambos, sin embargo, por su cuerpo, por su alma, por sus dedos, eran escritores. Unos encubiertos. Disfrazados de ‘godínez’.

Para cuando Efrén y Juan se conocieron, Juan aún no era Juan Rulfo pero Efrén Hernández ya comenzaba a abrirse paso en el campo que más amaba, el de las palabras. El de cuidarlas. El de cultivarlas.

“(Efrén) al poco tiempo se convierte en su gurú literario. El autor de ‘Tachas’ descubre su gusto por la ficción narrativa y lo tallerea: guía sus lecturas, lo anima a escribir, le corrige vicios y le celebra aciertos”, relata Juan José Doñán, cronista de Guadalajara en el ensayo Rulfo antes de Pedro Páramo. 

Efrén Hernández editaba la revista América, auspiciada por la secretaría de educación, y fue en ella en donde apareció el primer cuento de quien a la postre sería un ser mítico de la literatura en español. ‘La vida no es muy seria en sus cosas’ era el título de aquel cuento premonitorio.

Juan Rulfo en su juventud.
Juan Rulfo en su juventud.

La vida bien podría  ser un cuento de Rulfo, el escritor que ocultaba tenaz su grandeza

 

III

Como el cuento con más clichés dolorosos, la niñez de Rulfo tuvo muerte, paranoia, soledad. Todo lo anterior en orfanatos. Todo en los paisajes más cafés de Jalisco.

La infancia de Efrén Hernández, al menos una parte, es descrita por Emiliano Monge en un artículo publicado por Letras Libres: “nacido en la árida, católica, inculta y espantosa ciudad de León, Guanajuato, que por entonces era aún más árida e inculta pero igual de espantosa y de católica”.

Las ideas literarias, la bondad con las palabras de Hernández y Rulfo, quedaron para siempre, como los más enamorados, unidas por las costillas.

 

IV

En Youtube cualquiera puede encontrar fragmentos de cuentos en la voz de Rulfo. En todos los casos, Juan Rulfo finge la voz. Es como si se apoderara un campesino de su cuerpo.  Articula humilde y con dolor y parece que lo poseen todos sus ancestros varones, los mismos que carga en su nombre completo: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno.

Me apilaron todos los nombres de mis antepasados paternos y maternos, como si fuera vástago de un racimo de plátanos. y aunque siento preferencia por el verbo arracimar, me hubiera gustado un nombre más sencillo”, le dijo Rulfo a Joaquín Soler Serrano para Radiotelevisión Española (TVE) en una entrevista de 1977.

Al escuchar a Rulfo en esta entrevista uno siente que en su voz hay tierra y hay muertos y todo lo que dice aunque sea una broma o un sarcasmo, suena a la descripción de un pueblo trágico

 

VI

La voz de Efrén Hernández tiene forma suave y puntiaguda. Como un cuchillo de algodones. Parece que no hay una historia en línea recta en sus cuentos y que una mesa de pinball marca el ritmo de su obra.

Hernández más bien pintaba. Hacía grabados. Y así también escribía. Él también ocultaba su obra. La mostraba a discreción. El único Premio Nobel de Literatura en México, Octavio Paz, decía que “Efrén Hernández era conocido y estimado como uno de los pocos cuentistas mexicanos que tenía valía”.

Efrén Hernández fue un escritor vanguardista e impulsor de la obra de Rulfo.
Efrén Hernández fue un escritor vanguardista e impulsor de la obra de Rulfo.

Un fragmento que pudiera, como muchos en su obra, explicar lo que Efrén Hernández escribía como un futurista, a mediados del siglo pasado:

Y el diablo que no se duerme nunca por no perder ocasión de hacer el mal o robar el bien al género humano, trajo el puño de aire más helado que encontró en la comarca, y en un soplo de viento me lo envió por la rendija que el calor y la humedad hicieron en la puerta, me lo atinó en la parte posterior de la cabeza y, sin ser yo mas dueño de mis actos, con la velocidad del tiempo bajé por mi sombrero, me lo puse y traté de volver a ensimismarme. Pero en esto vino otro más diablo, vio que el sombrero tenía un agujero, trajo más aire y por la rendija de mi corazón y el agujero del sombrero, lo introdujo. Y así ando yo, hecho lo que se llama un loco, hasta que no encontré para el agujero del sombrero, un tapón a la medida”.  (‘Un clavito en el aire’, de Tachas y otros cuentos, 1965).

 

VII

Efrén Hernández y Juan Rulfo dejaron lo más profundo de sus diálogos internos en cada línea de sus obras. Hoy, unidas como las más enamoradas, tejidas por las costillas, sus letras viajan juntas para siempre y ambas sueñan solitarias que nadie jamás las leerán.

  • Fotos: Especial

 

Tecno