Si se busca la palabra Roma, Google te arroja 795 millones de resultados.

Hace seis años, cuando visité la capital de Italia, eran 610 millones los resultados de entonces. Lo sé porque habré tecleado la palabra esa noche en que compré una de las guías visuales de viaje que editaba Aguilar, en conjunto con el diario El País, y anoté al reverso este número, 610 millones de posibilidades en la palabra Roma, tan solo en Internet…

UNO

Y el miércoles 3 de junio de 2014 quedé varado en París, perdí la conexión a Roma por un ajuste de tiempo con Alitalia y como mi boleto era de los más económicos, nadie podía hacer nada al respecto.

Habrá sido tan grande mi angustia que la directora de atención a clientes de Iberia, luego de disculparse por “no tener solución más que comprar otro boleto”, se me acercó una media hora después de que me vio rondando en la sala del aeropuerto con la mirada vacía, supongo.

Tómelo, es gratis, el vuelo sale en cuatro horas a Roma. Es clase ‘premier’, no diga nada de cómo lo obtuvo”. Se alejó.  ¡Los ángeles existen!

A la una de la mañana del 4 de junio pisaba Roma, la bella Roma, pero sin equipaje porque este se había adelantado en el vuelo que perdí. Tuve que velar en el aeropuerto hasta que la aerolínea me prometiera que podría recuperar mi maleta, pues no llevaba más que lo puesto.

Milagrosamente la recuperarían y lo hicieron tan bien que me enviaron la maleta dos días después, con una de regalo, un mensaje de agradecimiento y un vale gratis de regreso al aeropuerto cuando terminara mi travesía.

En esos tres días en que quedé atrapado en la misma ropa, la ciudad ya me había abofeteado con su ola de calor como una señora furibunda

El departamento donde me hospedé se encuentra en un barrio alegre cerca de un hospital y la estación Trastevere.

Estuve contaminándome de Roma, de su belleza, lo inasible de la arquitectura, la pulsión de sus habitantes.

DOS

En el Panteón de Agripa o Panteón de Roma escucho un saxofón triste. Hay muchos turistas en las escalinatas, principalmente franceses. La mañana ha sido intensa y me ha bajado la rabia luego de que perdí 50 euros o los olvidé en algún lugar del pantalón y es día que no los localizo.

Pese a eso, mi ánimo no decae. Serennela, mi anfitriona, se ha portado amable. Ella es brasileña y con el poco italiano de ambos, hemos logrado entendernos.

Observo a la gente afuera del Panteón, su pulso, el ansia de comprar y comprar, de meterse en unas horas la ciudad a puños.

Pude ver el Foro Romano, el Coliseo, la columna de Trajano, estatuas de emperadores…

Mucho de lo que nos enseñaron de la cultura occidental en las escuelas está aquí, desde los mitos hasta los artistas, los arquitectos, el concepto de poder, de política, de arte. La cultura concentrada en plazas, ladrillos, fachadas

Hay belleza, esplendor y pienso en la inspiración de Miguel Ángel, Bernini, los grandes maestros del Renacimiento. Concibo a Dante, Tulio, Leonardo en una borrachera interminable de locura y creación.

TRES

Tarde de lluvia en domingo y vine a saciarme del Festival Fringe, un encuentro similar al que se hace en varias capitales del mundo y donde agrupaciones de teatro, danza, circo y música toman las calles para presentar sus espectáculos.

Estoy en el Castillo de Sant´Angelo en la Ciudad del Vaticano. Me he emborrachado de museos, de plazas, de gente. Tomo un respiro para escribir unas notas de lo que se desborda por la mirada. Y escribo con un cansancio en el cuerpo luego de haber recorrido otra vez el centro de Roma, la Plaza España y la Plaza Navona, que escupe tiendas con precios increíbles en sus escaparates. Un reloj o unos zapatos de diseñador rondan los 250 mil pesos, sí señor.

Hay imágenes contrastantes en esta zona, toda una Babel: indios en carroza turística dando indicaciones al chofer, políticos o hijos de empresarios o jeques árabes (por el atuendo) en la compra del día en las tiendas más caras, mucho dinero y muchos comprando a lo bestia

Mujeres rusas, alemanas e inglesas con su alta moda, sus cuerpos blancos, sus zapatos altos, destilando soberbia al andar.

He visto el coqueteo de un policía con una turista, la boda en plena plaza pública de dos hombres maduros que gritan que se aman entre aplausos, dos niñas metidas a la fuente con ropa ante el enojo de la madre, un solitario mochilero con lágrimas en los ojos al teléfono…cada uno sus cielos y sus infiernos.

CUATRO

Serenella habla de la política, la inmigración, el tráfico de personas. Ama la música y comparte sus gustos. Yo le explico algo rápido de la música y sus intérpretes en México. Escuchamos en silencio y compartimos el café con un pan tostado de por medio.

Lorenzo es director de un grupo de teatro de calle: Ondadurto Teatro. Bebemos en un bar cercano a su casa y me habla de los zapatistas, del subcomandante Marcos, de su viaje a México invitado por el INBA, su deseo de conocer Tijuana e ir a las playas

Se queja del poco apoyo que tienen los artistas en Italia, “menos que en otros países de Europa”, asegura. Dice que hay mucho movimiento contracultural y decididamente político en el arte de su país.

De pronto ya nos vamos quejando ambos de todo, al calor de las copas. Yo de las políticas culturales de México, su corrupción nefasta y él de algo similar también, pero en su país, se queja mucho de los medios que en ese 2014 aún seguían bajo la tutela de Silvio Berlusconi.

CINCO

La Base es un sitio chic cerca del Coliseo. No llegó la persona que me citó o nos perdimos o me perdí, pero me encontré con María Inés, una dama alemana de unos 50 años que me mantuvo dos horas en vilo contándome sus historias increíbles de viajes y de cómo se le ocurrió recorrer en su juventud, parte de Rusia en bicicleta. No llegó lejos.

Nos despedimos e intercambiamos nuestros correos electrónicos al tiempo que caminábamos cada uno por su lado a la estación de tren que nos llevaría de regreso.

Un día después me propuse tomar dos días enteros para visitar los museos vaticanos. Lo hice y cada vez salía maravillado, con las pupilas a reventar por las pinturas de Miguel Ángel y Rafael, toda la magnificencia vuelta color, color, color.

SEIS

Pasaron ya nueve días desde mi llegada a la capital italiana y pese a los inconvenientes del inicio, no puedo quejarme. He pasado horas sublimes en caminatas largas, charlas, lecturas, cine, teatro y música, mucha música y performance en sitios clandestinos.

Un miércoles empecé el día con una visita a la librería Feltrinelli, donde me di el lujo de comprar tres libros: uno de Giorgio Agamben, las ideas estéticas de Romeo Castellucci y uno más en oferta, Petrolio, la obra más ambiciosa de Pier Paolo Pasollini

En esa librería me encontré con Tamara Bartolini, una mujer poderosa que me cautivó por la pasión con la que se compromete a hacer teatro. Ella es dramaturga y directora. Nos fuimos de ahí entre abrazos y seguros de que nos encontraremos de nuevo muy pronto.

La tarde siguió con la visita a Giuseppe y Ofelia, que presentaron en el Fringe una versión punk de Alicia en el País de las Maravillas.

Tomamos birra (cerveza) en el Campo de Fiori y agotamos las horas hasta que anocheció y me llevaron al barrio de Garabatella, en las afueras de la ciudad.

Ahí Mariana Ferrato, una artista audiovisual fenomenal y su amiga performancera me llevan a seguir la fiesta en La calle, un edificio ocupado desde hace 20 años por artistas radicales y donde también hacen trabajo de asistencia social.

Conversamos mucho de la derecha y de la izquierda. Vemos un performance donde se presenta una boda ficticia y nos quedamos ahí hasta morir. Las primeras horas del día nos regalan la postal bellísima de una madre y su hija en bicicleta mientras los tres descendemos el camino.

SIETE

No ocupé el vale de la aerolínea para regresar al aeropuerto, no fue necesario porque Mariana insistió en llevarme en su Fiat azul. Le entregué el vale para que alguien más lo aprovechara por si acaso. Bebimos uno de nuestros últimos tragos en el Café Ducatti.

Hubiese querido seguir en esa Roma, perder el boleto y regresar de algún modo. Otros sitios de los que las guías visuales consignan como de visita obligada, no pude abarcarlos.

Hay tanto, tanto en esa ciudad que quizá los 795 millones de resultados que arroja Google, son pocos.

  • Imagen: Massimiliano Locco
OCT 2