Rocío Cerón es rara avis. Lo mismo es grito agigantado que silencio o loops a la manera de los fractales de Mandelbrot. Genial y expresiva hasta el desbordamiento, representa una performance de vanguardia en la poesía mexicana.

Desde joven, a los 15 años, fue tocada por el assemblage de sonidos y palabras. Incursionó por ello en experimentos radicales de sonoridad y letras alteradas, multiplicadas, desbarrancadas o ascendentes. El resultado es una poesía sonoro-visual con el poder de un volcán en erupción.

En su primer libro Basalto ya daba muestras del poder de sus palabras, libro-columna-vertebra-verbo de toda su obra, lo que le valió el Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen. A Basalto el poeta cubano José Kozer lo ha calificado como un “desierto florido”.

Desde entonces, se han sucedido casi una veintena de libros, en solitario y como parte de antologías, donde Rocío Cerón no ha dejado de seguir sorprendiendo con el abordaje de su arte vivo y sinestésico, con sus descubrimientos sobre las propiedades del lenguaje, con versos vertiginosos como cuando nos descubre que “debajo de la lengua hay un presidio”.  

Yo empecé haciendo ‘performance’ en los 90 y luego entendí que usaba texto dentro de la instalación y el ‘performance’, textos poéticos, frases, y me di cuenta que el texto ocupaba un lugar preponderante, que no solamente era una materialidad más, la parte de la oralidad era muy importante (…) Y me interesé por la relación entre la música y la poesía (…)

Siempre fue muy importante el sonido en mi obra, desde ‘Basalto’ que es absolutamente sonoro, que es la tierra, que son las eras, y desde entonces hay un ritmo, cierta sonoridad que siempre está presente, con la cual estoy jugando, que cuando se abre a una acción performática de artes vivas, hay una relación con el sonido, con esta creación que ha acompañado mi producción poético-sonora”, me comparte Rocío, con esa afabilidad que le define como persona, con ese mesmerismo de palabras y gestos vivos, a través de una charla atemporal por Zoom.

Sus colaboraciones con Bishop, Luis Alberto Murillo y el Motín Poeta trascendieron con CD’s donde la música electrónica y la poesía se fusionaron en una danza de partículas elementales, algo que después transformaría en materia propia, desde 2019, con las colaboraciones de Manuel Rocha o Antonio Fernández Ros, al descubrir que sus propias palabras tenían un enlace sonoro, un diálogo, con una diversidad de instrumentos.  

Rocío Cerón forma parte de la Generación X y en su escritura hay ecos de las tribulaciones de este grupo social que ronda hoy el medio siglo de vida, aunque ello no le ha limitado para incursionar en poéticas contemporáneas para seguir haciendo de sus palabras un ejercicio plástico, una performance permanente

Su carrera literaria ha ido in crescendo y esa multiplicidad de logros está manifiesta en la forma en que se presenta desde su página web:

Ha publicado los libros de poesía ‘Divisible corpóreo’ (México, 2022), ‘Simultáneo sucesivo’ (España, 2022), ‘Spectio’ (México, 2019), ‘Observante’ (España, Argentina, ambas ediciones 2020), ‘Materia oscura’ (2018), ‘Borealis’ (FCE México, 2016), ‘Nudo vortex’ (México y Nueva York, ambas ediciones 2015), ‘Diorama’ (2012), ‘Basalto’ (2022), entre otros y ha lanzado los álbumes de poesía sonora ‘MIIUNI’ (España, 2022) y ‘Sonic Bubbles’ (México, 2020). ‘Diorama’ fue traducido por Anna Rosenwong y ganó el Best Translated Book Award 2015, otorgado por la Universidad de Rochester (Estados Unidos). También ha sido galardonada con el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000 en poesía (México) y el Premio See America Travel Award 2005 (Estados Unidos). Sus poemas han sido traducidos al inglés ya diversos idiomas europeos.

En 2021 fue una de las 25 artistas seleccionadas para la Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen en México con el videopoema ‘Potenciales Evocados’. En 2022 recibió la Residencia Córdoba Ciudad de las Ideas de la Fundación Artdecor-Ayuntamiento de Córdoba (España), la del Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo de las Artes (Monterrey, México) y la Residencia Artística del Tecnológico de Monterrey (TEC)-Región Centro Sur para desarrollar poesía sonora y performática para intervención en espacios públicos. En 2023 recibió la Beca Internacional de Poetas Michael Rothenberg.

Piezas suyas han sido expuestas en escenarios internacionales como el Centro Pompidou, París; Southbank Centre, Londres, Museo de Arte Moderno, México, Institutos Cervantes de Berlín, Londres y Estocolmo, Espacio Expansivo. Sesiones de poesía y sonoridades, Casa Estudio Luis Barragán (2020); ‘Temps Fugac / Temps Aprecari’, Purísima Arte Contemporáneo, Barcelona (2020); Habladuría III Contra la censura, Radio Tsonami, Chile (2020); Expo ‘Yo era muy bueno tirando piedras’, La Tallera (2020); II Salón de arte y ciudad. Programa Estructural: sonidos urbanos, El asunto urbano, CDMX, (2020); ‘Burbujas sónicas’. Performance participativo multicanal para 24 estaciones de escucha móviles. Festival UMBRAL, edición 45; junto a muchos otros”.

A primera vista podría parecer pretencioso, agobiante, intenso, apabullante, pero sólo es una relatoría sincera y directa. Sin pretensiones. Sólo es una muestra concreta de lo que hace, ha hecho y que está ahí. Para el disfrute o la crítica. Sin aspavientos.

Para Rocío, además de las palabras, los colores y las cosas tienen sonido. Eso le ha llevado a una exploración permanente, vertiginosa incluso como la música de Esquivel, otro artista mexicano sinestésico. Algo que descubrió un día durante una residencia poética en la casa museo del gran arquitecto Luis Barragán

Cuando entré a la Casa Barragán, lo que vi fue escuchar. Veía todo y escuchaba las imágenes. Escuchaba el jardín, los colores, la dimensión, porque la casa tiene unos ventanales enormes y hay una especie de sinfonía (…)

Creo que el poema se nutre de ángulos y escalas, y se construye a partir de esa edificación que tiene múltiples entradas y salidas, y de pronto hay quien dice ‘es cómo si entrara a un laberinto’, o me dice algo nítido y preciso, y de pronto me lleva a una vorágine”, comparte Rocío sobre su forma de entender, ver y escuchar la edificación del lenguaje, la poesía.

Su obra investiga las formas de construcción de la memoria, sus vacilaciones, la suspensión de sentidos (para crear otros sentidos) y el desplazamiento como territorios de choque para crear piezas transmediales.

Sus Burbujas Sónicas -creadas para una performance- son ahora parte de un programa en formato de audio llamado La Observante Escucha, desde donde aborda la poesía textual, sonora y visual. Y puede seguirse en su pagina web rocioceron.com o en Instagram como @laobservante, pues como ella misma lo manifiesta: “toda ave del lenguaje arde”.

Los títulos de sus libros son una evidencia de sus símbolos, perlas órficas que ha extraído de su inmersión en la mar de las palabras que no cesan: Basalto, Soma, Apuntes…, Imperio, Tiento, Diorama, Nudo Vortex, Borealis, Anatomía del Nudo, Materia Oscura, Observante, Spectio, Sonic Bubbles, Simultáneo Sucesivo, Miiuni, Divisible Corpóreo y Speculari.

Rocío Cerón es una poeta y mujer polímata. Reacia a la quietud. Su vida es movimiento. Sus actividades se multiplican igual que sus poemas: docente, ensayista, editora, madre, productora interdisciplinaria, y un largo etcétera

En el descubrimiento de nuevas voces en México su proyecto editorial El Billar de Lucrecia tiene mucho que ver. Lo mismo que el festival de poesía Enclave, que fundó hace 15 años. Además que en su labor como anfitriona ha logrado entrelazar los múltiples lenguajes poéticos en el Coloquio de Poesía Iberoamericana en la Universidad del Claustro de Sor Juana, donde da cátedra.

Mi más reciente libro es ‘Speculari’, que forma parte del Archipiélago Transmedia de ‘Aurica Speculari’, que es un libro por el cual me preguntan cuando van a la ‘performance’ (…) pero que aún no ha salido porque los tiempos de las editoriales son misteriosos (….) es un libro que tiene un alfabeto inventado, una serie de tabillas, una pieza textil, escultórica, pues para mí ha ido creciendo la dimensión del poema y el espacio poético, donde el sonido siempre está ahí”, resume Rocío Cerón sobre su actual fase, una azarosa que -como admiradora de María Moliner, una de sus columnas basálticas- aprendió al jugar a la ‘bibliomancia’.

Rocío es, como la acepción de su nombre, escarcha, cencellada, carama, una multiplicación de diminutas y sonoras gotas irisadas, aura polifónica de letras.

  • Foto: Cortesía de Rocío Cerón