La fascinación que ejerció el mundo antiguo en la sensibilidad del escritor venezolano Elisio Jiménez Sierra fue permanente.
Desde que hizo sus primeras lecturas de la Biblia y de los autores de la antigüedad clásica, el escritor buscó en ellos buena parte de las sugerencias estimuladas por los mitos, las fábulas y la literatura antigua, estableciendo las debidas correspondencias y analogías entre poetas, historiadores, filósofos o artistas.
A medida que fue adentrándose en el mundo clásico y en los escritores griegos y latinos, pudo cerciorarse de cuáles eran las conexiones de éstos con escritores europeos de otras épocas; de modo que comenzó a leer por igual a autores franceses, alemanes, italianos o españoles. No se conformó con leerlos en traducciones —algunas de ellas de enorme calidad— sino que se propuso estudiar con ahínco varios idiomas por cuenta propia, apoyándose en diccionarios y en lecturas comparativas de las respectivas lenguas, hasta que logró hacerse de una buena cultura clásica. Paralelamente, continuó sus estudios sobre la Biblia, los profetas y demás personajes de este gran libro religioso, al cual observó como si se tratase de una obra literaria, más allá de su evidente importancia doctrinaria.
En aquellos años de la década de los 40, los recursos de que disponían escritores e intelectuales era acudir a las bibliotecas públicas y a las pocas librerías de algunas ciudades capitales a proveerse de libros. Estas bibliotecas pertenecían algunas al clero, otras a instituciones, a particulares de cierta posición económica, o al Estado.
Después, algunos colegios y universidades fueron acopiando volúmenes de consulta pública, cuando el estudio de obras humanísticas y científicas era parte esencial de la educación de las personas, estudiasen éstas en dichas instituciones o no, haciendo de autodidactas; muchas personas cultivaban una natural devoción hacia las lecturas, y el libro constituía la referencia fundamental del conocimiento en todos sus órdenes.
Grandes imprentas de España, Francia, Italia, Inglaterra o Estados Unidos publicaban libros que llegaban a los países hispanoamericanos con bastante fluidez. Al mismo tiempo, en cada país nuestro se fueron creando imprentas que podían hacer obras literarias en ediciones de calidad, lo cual fue estimulando la lectura de nuestros autores y posibilitando la construcción de una tradición literaria, científica y humanística.
Elisio Jiménez Sierra fue forjando sus referentes culturales en un contexto como éste, donde además de formarse con los clásicos griegos y latinos, pudo proseguir su educación con los escritores románticos, neoclásicos, parnasianos o modernistas
Al tiempo reconocía los mensajes propios de la tradición americana: el criollismo, el nativismo, el costumbrismo y el realismo para ingresar así a una modernidad compleja, penetrada de todas aquellas influencias.
Lentamente fue construyendo su obra poética, y urdiendo sus artículos y ensayos. Comenzó publicando trabajos sobre estos temas y movimientos en diarios de Caracas como El Universal, El Heraldo y La Esfera; en la revista Élite y en la Revista Nacional de Cultura; publicaciones que a su vez reseñaban las actividades culturales y literarias, recitales o lecturas de poesía en diversos espacios de la ciudad de Caracas durante los años 50 del siglo XX, donde el escritor hacia vida familiar e intelectual.
Hago toda esta reseña en medio de la voluntad de contextualizar y señalar cual y cómo fue la época y el ambiente donde se movió el escritor, antes de realizar unas cuantas observaciones acerca del volumen de ensayos que nos convoca en esta ocasión, y que hemos titulado El Universo, utopía de Dios y otros ensayos, con el afán de poner al día la obra ensayística del escritor larense a través del esfuerzo de la Fundación que lleva su nombre, y que en el año 2004 dio a la publicación el volumen Estudios grecolatinos y otros ensayos literarios, el cual fue merecedor del Premio Nacional de Libro en esa ocasión, otorgado por el Ministerio de la Cultura de Venezuela.
En esta oportunidad nos hemos empeñado en recoger una serie de ensayos de diversa índole, donde se observa el propósito de contemporizar autores, movimientos o núcleos de pensamiento otorgándoles ese sentido universal común a los humanismos occidentales, presentes en nuestra cultura desde la Edad Media, el Renacimiento y la Ilustración hasta que en el siglo veinte se fundieron, en medio de las dos guerras mundiales, a las vanguardias artísticas y literarias, el existencialismo, el psicoanálisis, el marxismo, el estructuralismo y demás disciplinas académicas; todas mezcladas a las ideologías en la posmodernidad, y han devenido en el siglo XXI presentadas en una amalgama tan heterogénea como aluvional.
Pero volvamos a la obra de Jiménez Sierra. En el presente volumen pueden advertirse varios de los núcleos temáticos que motivan el trabajo ensayístico del escritor: interés universalista, indagación analógica, alusión a temas bíblicos, clásicos o románticos —donde lo sagrado y lo profano desean dialogar— ensayos sobre la naturaleza del fenómeno poético; auscultación en figuras tutelares de la cultura de Occidente, como Erasmo de Rotterdam o Cristóbal Colón; o acerca de símbolos de movimientos estéticos seculares, como el romanticismo (“Las golondrinas del romanticismo”); nuevas miradas a obras de clásicos griegos como Anacreonte o Eurípides; acercamientos muy personales a obras de poetas hispanoamericanos o venezolanos poco conocidos, como son los casos de los venezolanos Carlos Borges, Elías David Curiel o Alfredo Arvelo Larriva.
En uno de estos ensayos, Elisio reitera su admiración hacia la vida y obra del escritor italiano Gabriele D’Annunzio en los ensayos Tras el mural de la locura, D´Annunzio y Maupassant y D’Annunzio y Franz Cumont
Nuestro escritor ya había tocado temas presentes en el poeta y novelista italiano en la mencionada obra Estudios grecolatinos en trabajos como D´Annunzio y Roma, D’Annunzio y sus fantasmas de prerrafaelismo, La Fedra de D´Annunzio, los cuales formaron inicialmente parte de un libro que Elisio tituló Ícaro y el centauro, y permanece aún inédito.
Llama la atención el conocimiento que mostró Jiménez Sierra acerca de los orígenes del Universo y el comportamiento de los astros, las galaxias o el cosmos. En el ensayo que da título al libro nos ofrece un variado repertorio de lo que éste pudiera ser o significar, a través de las voces de varios poetas o científicos, urdiendo un texto dominado por grandes imágenes que, al ser cotejadas mediante el poder de la palabra, nos sumergen en magníficos sueños astrales o ilusiones cósmicas.
“El universo, el cosmos humboldtiano, es un vasto caleidoscopio que vemos desenvolverse y cambiar a cada instante, en magníficas imágenes casi oníricas y diversos matices sacudidos por las fuerzas soberanas de la gravitación y la velocidad, las dos poderosas hermanas aparentemente paradójicas”, dice.
Más adelante anota:
“Nada tan inseguro como el lenguaje de los astrónomos, a pesar de todos sus diagramas, de todas sus ecuaciones. La ciencia vive de rectificaciones, deshijando en este caso la margarita sideral; si, no, no, sí. La ciencia vive de la hipótesis como la poesía de la metáfora”.
A este respecto, Jiménez Sierra cita a Jean Cocteau, André Malraux y Carlos Borges, entre otros, y luego pasa a glosar las consideraciones acerca del universo por parte del gran Víctor Hugo —acaso la figura más fulgurante del romanticismo francés— y sus juicios acerca de los cometas (a quienes llama “los heresiarcas del cielo”) en contrapunto con varios personajes como Abraham y Zoroastro.
“Colonizar el espacio es una de las locuras de que es víctima el tecno-hombre moderno, quien todavía no ha podido valerse por sí mismo”, dice nuestro poeta.
En Sinopsis de las maravillas del cielo austral Jiménez Sierra realiza una suerte de catálogo de galaxias y constelaciones acompañadas de glosas, cuando cree necesario hacerlas, a objeto de abundar en detalles significativos. Estas glosas son pequeñas maravillas
Sobre estas formaciones estelares meditó frecuentemente mi padre a lo largo de su vida. Él nos inculcó a todos sus hijos la devoción hacia la observación del cielo; nos mostraba cartas astrales y guías para identificar las constelaciones del zodíaco, adquirió telescopios y mapas para que pudiéramos distinguirlas. Se levantaba en ciertas madrugadas a contemplar el cielo estrellado, y luego tomaba notas.
Al final del mencionado ensayo, en dos capítulos titulados El río de la caída y Concreción de la nave Jiménez Sierra se explaya en la descripción de otros fenómenos siderales, ilustrando con poemas según sea el caso, o exponiendo las versiones de algunos profetas, con lo cual el catálogo pasa a otra categoría, la de reflexionar sobre lo que han escrito sobre el tema grandes poetas clásicos como Homero u Ovidio, hasta Tomás Morales, Héctor Pedro Blomberg y Dan Diego de Maxia. Cita un poema de Morales y luego al cierre realiza un homenaje al gran viajero Magallanes, a quien inquiere “circunvalador del globo, a qué dios amaste, a qué feacios banquetes conociste? Asimismo, en un ensayo del libro intitulado Don Quijote del mar, Elisio rinde homenaje a otro de sus personajes dilectos: Cristóbal Colón.
Otro de los sugerentes escritos de este libro es sin duda La poesía de los sepulcros donde el autor realiza una heterogénea lista de poetas de cualquier época que hayan abordado el tema de los cementerios, desde Goethe y Shelley hasta Pierre Loti, y los venezolanos José Antonio Maitín, Juan Antonio Pérez Bonalde y Carlos Borges.
Es de observar la fascinación que ejerció siempre la poesía del presbítero Carlos Borges en la sensibilidad de Elisio, al punto de dedicarle un estudio completo editado en 1965 con el título de Psicografía del Padre Borges. También es notable la crónica que realiza acerca de una visita que hiciera a la ciudad de Coro para visitar la casa paterna del poeta modernista —y asimismo maldito, tétrico y sepulcral —Elías David Curiel, uno de los más interesantes autores nuestros y al cual Jiménez Sierra vincula al teosofismo junto a otro poeta venezolano, Juan Santaella. (Sobre este escritor del estado Falcón escribí un volumen que titulé Tenebrismo y psiquismo en la poesía de Elías David Curiel [Fábula Ediciones, 2016]. Siempre he pensado que nuestros poetas románticos y modernistas han sido infravalorados por nuestra crítica).
La manifiesta pasión por la pintura, presente en el trabajo sobre Gabriele D´Annunzio ya referido, se observa en el trabajo intitulado Los ángeles en la pintura. Uno de los rasgos más distintivos en los tópicos de Jiménez Sierra es la asombrosa capacidad para establecer analogías y percibir influencias; pero ello no es logrado merced a un afán preconcebido de detectar ecos o resonancias aquí o allá, sino gracias a un peculiar radar sensible que le permite sondear hacia el centro de cada personalidad creadora, sin incurrir en un efecto puramente estetizante.
Lo otro es un sentido no sucesivo de la historia, que opta por el hallazgo cualitativo o su sentido de trascendencia espiritual. Se trata, ciertamente, de los ensayos de un poeta; no de meros estudios críticos o de una sucesión de juicios valorativos, pues siempre hay lugar en estos trabajos para el detalle personal, para una curiosidad elegante o un dato sorpresivo, a través de los cuales destila un hallazgo no exento de humor. Rasgos éstos que advertimos en algunos de los mejores ensayistas de América como Mariano Picón Salas, Jorge Luis Borges, Alfonso Reyes, Octavio Paz o José Lezama Lima, quienes pudieran tener puntos de contacto con la ensayística de Jiménez Sierra, por la manera de percibir el hecho literario.
Lo otro es la suprema elegancia verbal del autor, sus cualidades de estilo. Se trata de una prosa tersa, fluida, poblada de giros sonoros y de pinceladas que nos envuelven en regias sonoridades y colores cambiantes, y la ubican en el rango de uno de nuestros mejores prosistas
Hago esta valoración alejándome en lo posible de mi afinidad filial con el autor, a quien percibí siempre supremamente cuidadoso y escrupuloso con sus escritos. Después de redactarlos a mano con una bella grafía, los transcribía a máquina poniendo su rúbrica manuscrita al final. En esta labor lo ayudaba mi madre Narcisa, dueña también de una fina caligrafía y una excelente redacción. Constituyó para nosotros algo especial descubrir, en carpetas originales, varias series de ensayos suyos, poemas, cuentos, pensamientos o crónicas a los cuales dedicó buena parte de su vida, mientras cumplía sus distintas labores para ganarse la vida y mantener a su familia.
Poco a poco fue dando a la publicación algunos trabajos suyos a revistas y suplementos de Caracas: Revista Nacional de Cultura, Imagen o Papel Literario de El Nacional. Sin embargo, la mayoría de ellos permanecieron inéditos; los hemos ido ordenando para editarlos a través de la Fundación Elisio Jiménez Sierra, que realizó en décadas pasadas dos coloquios regionales en su honor en los estados Lara y Yaracuy.
Para celebrar el natalicio del poeta (en 2019), se aglutinaron ese conjunto de ensayos en un esfuerzo conjunto con Fábula Ediciones, celebrando así su trayectoria vital y literaria con varias instituciones de esta región, a objeto de compartir con amigos y lectores la singular obra de un escritor que decidió anidar en la ciudad de San Felipe para continuar su labor literaria, y compartir desde allí la bohemia, la poesía y los sueños.

Elisio Jiménez Sierra (Atarigua, estado Lara, 1919-San Felipe, estado Yaracuy, 1995) fue uno de los escritores venezolanos más destacados de la generación de los años 40 del siglo veinte en Venezuela. Su obra poética logró conquistar un espacio significativo en la lírica de su época, –siendo seleccionados sus poemas en las principales antologías del momento– y reseñada ampliamente por la crítica. Frecuentó los grupos literarios de Caracas Viernes y Siempre y colaboró con los diarios El Universal, La Esfera, El Heraldo y en las revistas Lírica Hispana, Revista Nacional de Cultura y Élite. Su obra poética está integrada por los libros Archipiélago doliente (Asociación Mosquera Suárez, 1942), Sonata de los sueños (Ediciones Siempre, 1950), Los puertos de la última bohemia (Edición personal, 1975). Luego de su fallecimiento se editaron Cantos a vuelo de pájaros (Alcaldía del Municipio Iribarren, 1998), –cuyo título correcto es Lo que dicen los pájaros–, Poemas del monje laico (Ateneo de San Felipe, 1998) y La aldea sumergida (Fundación Elisio Jiménez Sierra, 2006): Simultáneo a este volumen de ensayos se editó de forma digital su Obra poética (Fábula Ediciones, 2019), con motivo del centenario de su nacimiento. Su obra ensayística está compuesta por los libros Psicografía del Padre Borges (Gobernación del Estado Yaracuy, 1965), De la horca a la taberna. Turbia vida y clara obra de Villon (La oruga luminosa, 1994), Viajes con Lovecraft a la ciudad del sol poniente (Imaginaria, 1997), Exploración de la selva oscura. Ensayos sobre Dante y Petrarca (Monte Ávila Editores, 2000) y Estudios grecolatinos y otros ensayos literarios (Imaginaria, 2004), que mereció el Premio Nacional del libro en el Ministerio de Cultura; a los que se agrega ahora el presente El universo, utopía de Dios y otros ensayos (2019). También dedicó buena parte de su actividad a la traducción literaria, realizando versiones de Pierre Ronsard, Paul Verlaine, Federico Mistral, Víctor Hugo, Pierre Louys, Horacio, Gustave Flaubert y sobre todo del francés José María de Heredia, cuyos Trofeos (Universidad de los Andes, s/f) vertió al castellano y recibieron el elogio del gran poeta mexicano Octavio Paz. Durante su estadía en San Felipe, Jiménez Sierra continuó colaborando con la Revista Nacional de Cultura, el Papel Literario de El Nacional , las páginas literarias del diario El Impulso de Barquisimeto y las revistas Talud (Mérida) y Rendija (Yaracuy). Recibió el Premio Roberto Montesinos en Barquisimeto, estado Lara. Falleció en San Felipe en 1995. La edición de sus ensayos en bajo el título El Universo, utopía de Dios, en coedicion Fábula Ediciones y Fondo Editorial Oikos de Incudef, se debe a su hijo mayor Gabriel Jiménez Eman, quien ha organizado sus trabajos acompañándolos de fotos e ilustraciones y el debido trabajo de corrección de estilo.
- Fotos: Gabriel Jiménez Emán