La muerte del Premio Nobel Gabriel García Márquez, el 17 de abril de 2014 causó un revuelo en Bogotá y el presidente Juan Manuel Santos decretó tres  días de luto nacional; en México, lo homenajearon en Bellas Artes.

Era jueves de frío en Bogotá y alrededor de las dos de la tarde, el país se había quedado mudo. Algo que suena muy raro en esta nación hablantina, llena de rumba, salsa y vallenato.

Por las calles, específicamente la Carrera Séptima, una de las más populares de la ciudad, comenzaba a extenderse un rumor de olas amenazando la marea: Gabriel García Márquez, el gran escritor en lengua española, había muerto en México.

¿Es verdad que se ha muerto?, preguntó una señora a su marido cuando recién iban saliendo de una iglesia un Jueves Santo. El hombre preguntó a otro y éste a otro. El cuarto les dijo que sí. “Se nos murió Gabo

Los dos diarios más importantes de Colombia, El Tiempo y el Espectador, además de televisoras, radiodifusoras y portales de Internet, se apresuraron a subir la noticia, a sacar del archivo fotografías, audios, frases, entrevistas, perfiles, todo en la memoria del escritor de Cien años de Soledad.

Por la Séptima, varios se acercaron a los vendedores de libros apostados en la calle con su tenderete, para arrebatarles lo que tuvieran, lo que sea del gran Gabriel García Márquez. Y ahí empezó el negocio. Una edición usada y modesta pero de colección de El amor en los tiempos del cólera, pasó en segundos, de ofrecerse en 10 mil a 20 mil pesos colombianos. Su comprador no regateó.

Habrá transcurrido una hora cuando ya, al menos con esos vendedores de libros de viejo, era imposible encontrar algún texto del Nobel. No había quedado nada.

Ese día, El Tiempo sacó una edición extra en cinco ciudades: Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena, con 70 mil ejemplares para informar del fallecimiento. Todo el tiraje se esfumó

Y mientras por la radio se escuchaba al presidente Juan Manuel Santos, decretar tres días de luto nacional por el suceso que había impactado a gran parte del mundo, muchos ávidos lectores se arremolinaban en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, ubicado en La Candelaria, en pleno Centro Histórico de Bogotá, sede del Fondo de Cultura Económica, para preguntar por los libros o ediciones especiales del colombiano.

Se llevaron un chasco, la librería estaba cerrada y abría puertas hasta el sábado.

Ante la frustración, turistas y locales optaron por tomarse y tomar fotos alrededor del lugar o en la Biblioteca Luis Ángel Arango, que en una de sus paredes ostentaba entera una cronología detallada de la carrera del escritor, con datos e imágenes de las portadas de sus libros.

En cada una de las funciones del Festival Iberoamericano de Teatro que se celebra en la ciudad, se recordó la figura de García Márquez y el público, ofrecía una catarata de aplausos previo al inicio de la obra.

Todo ese día y hasta el siguiente, no paró el cuchicheo en las calles y en los cafés. Un Viernes Santo donde se conjuntó la religión y la devoción por el escritor

Desde temprana hora de ese Viernes Santo, por las calles, los voceadores venden a mil pesos colombianos un especial de El Tiempo, con 18 páginas a todo color donde se homenajea al escritor.

El diario que lo vio nacer como reportero, El Espectador, publica un fragmento de La tercera resignación, el cuento que Gabriel García Márquez publicó en ese diario el 13 de septiembre de 1947.

El mismo periódico ha mantenido desde hace tres días como imagen principal de su portal al literato. Incluso le dedicó el fin de semana un suplemento de 120 páginas.

Su editorial dice: “Gabriel García Márquez marcó un punto determinante para la escritura y creó una obra de carácter universal. Quebró la tradición literaria y construyó, por medio de imágenes que resultarían fantásticas, una narrativa llena de poesía”.

Ese lunes, en México, en el Palacio de Bellas Artes se le rindió un homenaje nacional al nacido en Aracataca en 1927 y que puso a Colombia en el mapa literario del mundo.

  • Ilustración: Tartufo