En memoria de la señora Lidia

Raúl García desde niño tuvo amor por ese objeto del deseo llamado libro. Quizá por ello la Librería Efraín Huerta del Fondo de Cultura Económica (FCE), no se entiende sin su presencia y consejos sobre lo que ama: libros.

A su sapiencia acude el público más variopinto, incluidos potentados de la cultura en Guanajuato, para escuchar sobre las novedades, el nuevo libro de X o cuánto tiempo tarda en conseguir el ejemplar de Y. Su cabeza funciona como una enciclopedia que cita títulos, autores, editoriales o colecciones. Da gusto escucharlo. Y, claro, comprar libros.

Raúl nació en la Ciudad de México y ya desde que era escolar de primaria, su madre, la señora Lidia Martínez Olivares, le alentaba a ver los documentales que producía la televisión pública. De ahí nació su amor por la historia y la literatura.

Su padre, Don Raúl, quien trabajaba como burócrata federal, le premiaba con libros. Había un ritual familiar para ello. Cuando el pequeño Raúl le hablaba sobre los documentales que más le habían impactado, su padre le llevaba a las librerías del Centro y le regalaba un libro para ampliar sus conocimientos. Eso reforzó su interés por la lectura.  

Como muchas familias que llegaron a León después del terremoto de 1985 en la Ciudad de México, la de Raúl emigró y aquí comenzaron una nueva vida. En León, los padres de Raúl García Martínez se aventuraron a montar una librería. Y lograron éxito

La librería del Fondo de Cultura Económica Efraín Huerta, no se entiende sin la figura y presencia de Raúl García.

Nos encontramos que en León había dificultad para encontrar los libros que uno quería”, recuerda Raúl García Martínez.

Cuando cursaba la secundaria, su padre -que estaba entonces jubilado- comenzó a bromear cuando le preguntaban a qué se dedicaba al pasar a recoger a la secundaria a su hijo y ayudarle con el portafolios que le habría regalado, decía que vendía libros.

Luego conocieron, en una librería que estuvo en la Casa de la Cultura, a la encargada del sitio que ofrecía libros de Educal. Compraban con frecuencia e hicieron amistad con ella. En una comida le ofreció a Don Raúl atender la librería de nueve de la mañana al mediodía.

Ya en la Prepa, Raúl comenzó a ayudar a su padre. Desde entender el embalaje, la clasificación, entre otros detalles vitales para el manejo de una librería. En 1990 de trabajar de nueve a doce del mediodía, Don Raúl atendía todo lo relacionado con la librería, de nueve de la mañana a nueve de la noche toda la semana. Y su hijo le apoyaba al salir de clases.

Un día Raúl pidió un catálogo al Fondo de Cultura Económica (FCE) para comprar libros y le mandaron a un representante. Tras una serie de confusiones, coincidieron directamente y el agente le ofreció vender libros entre sus compañeros, luego de saber que ayudaba a su padre en una librería.

Al final, su padre terminó comprándole libros al agente para surtir mejor la librería de la Casa de la Cultura. Y fue un boom luego que organizaron una ‘feria del libro de verano’ en las afueras de la librería. Los leoneses se volcaron a comprar libros. Aunque al final el sitio terminó cerrando un año luego por diversos motivos.

El entonces titular del FCE, Miguel de la Madrid, le ofreció directamente entonces a Don Raúl abrir una nueva librería. Pero no lograría concretarlo él, sino su hijo

A la muerte de su padre y con el seguro de vida que le dejó, Raúl García abrió la primera librería del FCE en León hace decádas.

La muerte de su padre supuso un dolor grande, pero también una visión de largo aliento para honrar al hombre que le inculcó el amor por la lectura.

A los 18 años, y con el seguro de vida que le había dejado su padre, luego de pasar por un via crucis burocrático -porque le querían negar el cobro del seguro-, con ese dinero y el apoyo de su madre, la señora Lidia, Raúl abrió lo que sería la primera librería del FCE.  

En la calle Madero 859, a unos pasos del Arco de la Calzada, nació modesta, y al paso de los años se iría fortaleciendo. La historia de la actual librería del FCE pasó por otras aventuras. Una cuando la directora del FCE en ese momento, Consuelo Sáizar, le propuso a la señora Lidia -madre de Raúl- montar la librería más grande.

Así nació en 2004, la Librería del Fondo de Cultura Económica Efraín Huerta en la avenida Campestre -la cual diseñó, con sabiduría, Raúl-. Ahí estuvieron casi dos decádas en funciones. Ahora se ubica en el bulevar Paseo del Moral 207 desde hace casi tres años.   

El Instituto Lux fue uno de los primeros en apoyar al FCE con la compra de las colecciones infantiles. Después de sumarían cada vez más colegios, universidades y hasta el gobierno municipal. Sin contar con los millares de lectores.

Por esta librería han desfilado infinidad de personas, además de escritores, poetas, intelectuales, políticos, periodistas, empresarios, médicos, catedráticos, investigadores, científicos, abogados, maestros, niños y un largo etcétera.

Uno podría pensar que Raúl estudió Letras, Filosofía o Historia, pero no fue así. Terminó por elegir la carrera de Derecho y titularse como abogado. Aunque el amor por las palabras y los libros lo han hecho leer más sobre lo que le gusta: historia, narrativa y poesía.

Raúl es una especie de enciclopedia viva que puede indicar dónde está el libro solicitado, si hay que pedirlo y cuándo llega, o si está agotado. Su modelo fue el maestro Juan José Arreola, tras descubrir que como autodidacta traducía, hacia las galeras para los breviarios y hasta reseñas para la Gaceta del FCE. Así también Raúl se multiplica

Hoy la librería del FCE Efraín Huerta, es la librería con más prestigio y actividades en la región.  

Los leoneses han evolucionado mucho. A principios de los 90 y el 2000 leían mucha filosofía antigua y contemporánea, mucha educación, principalmente psicología. Hoy, 20 años luego, hay más interés por la historia y la poesía, en específico.

Aunque también piden ciencia ficción y algo que nunca se va a acabar, la literatura infantil y juvenil”, comparte un emocionado Raúl García, a quien le brillan de vida los ojos al hablar de libros.

La historia de la librería del FCE vive ahora una nueva etapa en otro espacio, esta vez en la avenida de Paseo del Moral donde ha tenido una ampliación de la zona lúdica. Ahora existe todo un sitio creado sólo para niñas y niños. Un paraíso de libros, juegos diversos y juguetes didácticos. Aprendizajes gozosos.

Hoy la Efraín Huerta del Fondo de Cultura Económica (FCE) es la librería con más prestigio y actividades en la región.  

Aunque en esta nueva aventura, Raúl se enfrenta al reto solo. Su madre, la señora Lidia, quien siempre le acompañó en la vida y en la librería, murió hace un año. Aunque aún la tiene a un lado del escritorio, pero ahora en una foto. Y hasta que él muera, también está en su memoria y en su corazón. Como todo lo que uno ama sagradamente.

La imagen de Raúl García Martínez, un hombre amplio, moreno, con lentes cuadrados, bigote ralo y siempre puesta la camiseta del FCE, literalmente, tras su escritorio o entre los estantes, listo siempre para buscar el libro deseado, en su memoria o en la base de datos de la computadora -si es necesario-, para dar guía o consejo, para charlar, es una imagen icónica.

Da gusto verlo y escuchar siempre las recomendaciones editoriales de este hombre afable que ha contribuido generosamente a la cultura del estado. Por algo es el último librero de Guanajuato.

  • Fotos. Mario Armas