Para A.B.

La maravilla de escuchar música creada hace más de 100 años, con versiones del siglo XXI a través de Paté de Fuá, me hace amar aún más el dixieland jazz, el tango y la musette, los vals que me hacen ensoñar con las viejas luces de Hungría, como escribió Lorca.

La imagen de un radio de transistores con el nombre del grupo en letras neón, mientras se escuchan boleros, es el preludio a la presentación de la banda multiétnica, con base en la Ciudad de México, que cumple 15 años. Un viaje retro con nostalgia por el futuro.

Con los primeros acordes de Piensa en mí -un bolero del músico-poeta Agustín Lara- transformado en un pegadizo dixieland jazz con arreglos de Paté de Fuá, sacude a millares de cuerpos congregados en la Alhóndiga de Granaditas.

De frente al escenario hay encendida una pantalla principal, y dos más pequeñas, que contrastan con la imagen en megacartel de un Cervantes mirando al infinito -a la derecha-, y una luna creciente, suspendida en el cielo y envuelta en nubes -a la izquierda-.

Frente al estallido de luces y acordes en la Alhóndiga, la ciudad de Guanajuato da la impresión de ascender hacia el cielo, en una multiplicación cubista de casas coloridas que van dejando una estela de luces de amarillento sodio y verdoso mercurio.

Yayo González (guitarra y voz), Guillermo Perata (director musical y trompetista), Jorge ‘Luri’ Molina (bajo eléctrico y contrabajo), Dan Mazor (saxofón tenor), Diego Franco (saxofón), Jorge Servín (batería) y Roberto Verastegui (piano, teclado y acordeón), acompañados por un musico invitado al banjo, toman por asalto el corazón de la fiesta del espíritu.

La estética vintage, con collages a lo Dadá con Elvis Presley ‘bailando’ el rock and roll de Jailhouse Rock, lo mismo que Brigitte Bardot de falda con crinolina, ocupan la pantalla central y las laterales, mientras la trompeta sonando a la Louis Armstrong, del maestro Guillermo Perata, enloquece al auditorio

Formado actualmente por músicos de Argentina, Israel y México, Paté de Fuá es un grupo de sonoridad exquisita; suenan igual en vivo que en sus seis discos de estudio.

¡Qué hermosa noche nos tocó!”, suelta Yayo y la audiencia también le corresponde a grito abierto.

El concierto evoca con su hermosa sonoridad el tango de los compadritos en el puerto de Buenos Aires, la prefiguración de los hipsters negros en el dixieland jazz de New Orleans, la musette de los apaches en París, y hasta los buchones sinaloneses con un bello arreglo a una pieza de la Banda MS; la universalidad de la música pues que toca el corazón y hace mover el cuerpo manifiesta en esta banda multicultural.

Las piezas se van sucediendo con animaciones de collages y videos del grupo, en la pantalla principal, como las emociones mismas que provocan: Mi corazón, Háblame de ti, Invitación al vals, Adoro, Muñeca, Nosotros dos, El tren de la alegría y otras más. La voz melancólica y tierna de Yayo, como de farola amortecida, va desgranando historias, pequeños pero intensos fogozanos de amor, desamor, fiesta vibrante, viajes, amor, mucho amor.

¡Qué bonito estar aquí, cómo los queremos!”, grita exaltado Yayo, en un momento del concierto, y el público en la Alhóndiga se entrega totalmente a Paté de Fuá. Una muestra de ello será cuando todos alcen los smartphones con la lampara led encendida -nuevo ritual posmoderno que sustituye a los antiguos encendedores de mano o las velas de antaño-.

Paté de Fua se despide. Pero los gritos del público les hacen regresar a un encore donde suenan Película muda y Llévame en un beso. El final será un ditirambo con la clásica Vamos a morir. Las gradas metal y madera de la Alhóndiga de Granaditas se cimbran ante el ritmo de los pies de centenares de personas en éxtasis sonoro.

Yayo González envuelve con un juego vocal sosegado, y luego exaltado -sin llegar a la estridencia- con los estallidos del dixieland jazz implícito en esta pieza y es como si de pronto estuviéramos en Bourbon Street, en la New Orleans de Armstrong y Papa Legba

El público en la Alhóndiga de Granaditas se entregó totalmente a Paté de Fuá.

Cuando llegue aquel instante
Ya no habrá misterio
Con los pies por delante rumbo al cementerio
Todos elegantes con el gesto serio

Aunque hayas sido pobre o el dueño de un imperio (…)

Vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir
Vamos rumbo al cementerio
(…)”

La luna sonríe suspendida en una noche donde te amo más que nunca mientras vuelves la vista y me miras fijamente entre la locura colectiva. Y yo me pierdo infinito en ti…porque no tengo miedo a la Muerte. En tus ojos he visto el Universo.

  • Fotos: Ruleta Rusa/TV4/FIC