Una colaboración exquisita entre la OSUG y la soprano Sarah Traubel, marcó el primer retorno de la orquesta al Teatro del Bicentenario en 2022.
La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) se puso al frente en su primer concierto del año en el Teatro del Bicentenario.
En este 2022, en que la agrupación musical celebra 70 años de creación, el programa tuvo olor a rosas, desencanto, enjundia y pasión.
Con la batuta de Roberto Beltrán Zavala y la voz delirante de Sarah Traubel, los músicos se montaron en las notas de Tchaikovsky, Strauss y Brahms, con una soltura que supo a gozo.
Zavala, bien afincado en la dirección de la OSUG, a la que ya ha comandado desde hace siete años, abrió la noche con la Obertura Fantasía Romeo y Julieta, de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840 – 1893).
La pieza, inspirada en la famosa tragedia shakesperiana, puso a la audiencia en el preludio para recibir la excelsa voz de la soprano alemana.
Ella, la Traubel, encaró sin reparo las Cuatro últimas canciones, de Richard Strauss (1864-1949), compuesta un año antes de su muerte, mientras él vivía exiliado en Suiza.
Los poemas del escritor Hermann Hesse inspiraron la obra de Strauss, a quien la Traubel le imprimió una interpretación sublime

Ataviada con un largo vestido del color de la plata y un peinado rubio recogido con mesura, Sarah Traubel enamoró a la concurrencia que había colmado las entradas al Bicentenario.
Y no era para menos, pues la soprano es una de las voces jóvenes más fascinantes de Europa, y es llamada a colaborar de continuo en las mejores puestas operísticas o conciertos en gran parte del mundo.
Sobrina nieta de la legendaria diva del Metropolitan Opera, Helen Traubel, y del director de orquesta Günter Wand, la cantante se llevó las palmas al final de la primera parte del concierto para dejar la vara muy en alto a las sucesivas intérpretes.
El concierto agotó sus casi dos horas de duración con la Sinfonía no. 1 en do menor, Op. 68, de Johannes Brahms (1833-1897).
La despedida de la OSUG fue de pie, entre flores y el corazón saltando de contento.
- Fotos: Teatro del Bicentenario