Los guanajuatenses no le temen ni al muro, ni a Trump, a lo que le temen más es a su paso por todo México para llegar a Estados Unidos.

Para cruzar al país del norte los migrantes solo tienen que esperar la oportunidad exacta, pero para cruzar por algunos estados de la República, necesitan pagar para llegar vivos.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica (Enadid) del 2014, una encuesta del INEGI que mide la migración en México, Guanajuato aporta el 9.1% de migrantes al país, y tiene una tasa de saldo neto migratorio del 0 por ciento. Ese año 66 mil guanajuatenses partieron en busca del llamado sueño americano.

En palabras menos técnicas,  cada año los paisanos van y vuelven sin mayor cambio desde que comenzó a medirse este flujo migratorio, y es un indicador de que por lo menos la migración guanajuatense no ha cesado.

En 2018 las estimaciones de la migración guanajuatense permanecen igual, de acuerdo a cifras oficiales, pese a la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos y el recrudecimiento de la delincuencia en el norte del país

Martha Juárez vive en Laguna de Guadalupe, una de las comunidades más apartadas del estado, en el municipio de San Felipe. Su esposo, un experto en albañilería, trató de cruzar a Estado Unidos en diciembre pasado, en busca de trabajo; no lo logró, y tuvo que esperar su oportunidad hasta este mes de mayo, cuando el pollero  les avisó que se podría. Esta vez ni la milicia estadounidense en la frontera lo pudo detener, y Martha ya se escribe con su esposo por Whatsapp.

Los habitantes de las comunidades de Guanajuato ya conocen cómo es la mecánica para llegar a Estados Unidos, primero contactan al pollero’, que les cobra de 2 mil a 3 mil dólares –según diversos testimonios recabados-, y con ellos tienen varias oportunidades. Si a la primera no logran pasarlos, ellos se pondrán en contacto una segunda vez, si esta vez tampoco lo logran, lo consideran dinero perdido.

Las cosas se complicaron cuando los grupos del crimen organizado que operan en el norte del país, voltearon a ver la migración como un negocio, pues ahora los paisanos pagan alrededor de 3 mil dólares, tan solo para que se les permita el paso, si agotan sus oportunidades y vuelven a pasar, deben atenerse a las consecuencias.

Mi viejo no pasó en diciembre, y qué hacemos si ya pagamos para que lo pasen a la frontera y para que no le hagan nada cuando pase por el norte, se tuvo que esperar 6 meses para volverse a ir, a mi lo que más me preocupa es que le hagan algo aquí en México, estando del otro lado como quiera llega con conocidos y le dicen cómo cuidarse“, comenta Martha.

Martha y su esposo invirtieron más de 5 mil dólares, casi cien mil pesos, para que él se fuera al norte. Sobre  la manera en la que obtuvieron todo ese dinero para que pudiera marcharse, Martha prefiere, en un principio, no hablar. Ella se mantiene con una pequeña nopalera, tiene dos hijos, y su esposo siempre ha sido albañil; después en confianza me confiesa que es dinero que deben aquí en México, así que su esposo o lo gana o mejor no regresa.

En la comunidad San Juan Pan de Arriba, una de las más grandes del municipio de San Diego de la Unión, las jefas de familia tienen algo en común, la gran mayoría su esposo ya está en “el gabacho“, aunque no saben si presumirlo o preocuparse, pues sólo escuchan en televisión sobre la llegada de militares a la frontera y saben de primera mano cómo el crimen organizado podría hacerles caer en la tragedia en cualquier momento.

Un ejemplo del peligro que implica transitar en México con polleros es el caso de los 22 desaparecidos de San Luis de la Paz

Mi viejo se fue porque aquí en la Flexi le pagan 900 a la quincena, con eso no sobrevivimos, todas las que tenemos la fortuna de que nuestro esposo o un familiar esté en el norte nos encontramos tranquilas económicamente, pero nos preocupamos siempre“, comenta Eva Martínez afuera de la única primaria de la comunidad, donde se reúne con todas las demás madres que al escuchar el tema no piensan dos veces en opinar, pues es su tema de todos los días.

¿Si es cierto eso de que los van a regresar a todos?“, me pregunta una de ellas como esperando que le diga que sólo es otra fake news.

Para aliviar la tensión sólo le digo: “Pues si nos regresan nos volvemos a ir ¿o no?“.

Las mujeres se ríen por el comentario. Saben que por más que han querido detener la migración, no podrán con ellos.

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