El impacto fue como un fogonazo. La primera vez que lo vio, ahí, de pie, tras la vitrina, algo se removió en su interior. Fijó su mirada en el hombre que vestía de charro. Entonces, algo la conectó con ese cuerpo momificado. “Es nuestro pariente. Trinidad Romo”, le dijeron a Isabel Romo Santillán que no salía del asombro.
Quizá este verso de Pablo Neruda se aproxime a explicar lo inexplicable: la muerte. El último umbral que habremos de traspasar: “Como un naufragio hacia adentro nos morimos/como ahogarnos en el corazón,/ como irnos cayendo desde la piel del alma“.
Las momias de Guanajuato se han constituido como un atractivo con el que se identifica a la ciudad virreinal, ubicada a 5 horas de la CDMX, que tiene este museo único en el mundo. Y desde que a mediados del siglo XIX se descubrió la primera momia en el Panteón Municipal de Santa Paula, el asombro no se ha terminado.
Cada año acuden al Museo de las Momias cientos de miles de visitantes de todas partes de México y el mundo. En 2016 se registraron 600 mil visitas, lo que le colocó como el segundo museo más visitado en el país. El primero fue el Museo Nacional de Antropología e Historia, con 1.5 millones de visitantes, y el tercero el del Papalote Museo del Niño, con 500 mil visitantes, de acuerdo a la numeralia oficial del Museo de las Momias.
Los meses con más demanda son diciembre, enero, marzo, julio y agosto. El perfil del visitante es mayoritariamente adulto, pues suma el 69 %. Y la afluencia es tal en los periodos vacacionales que hay días en que los turistas tienen que esperar hasta por dos horas para ingresar. Lo que ha llevado a pensar en un rediseño y ampliación del espacio.
Isabel Romo Santillán vive en Estados Unidos. Hija de Luis Romo Maconde, originario de Guanajuato, creció con un orgullo secreto. Uno que conserva hasta el día de hoy. Tener un pariente momificado.
“Siempre que íbamos a visitar al pariente momificado (con mi familia) lo reconocíamos porque está vestido de charro. Representa mucho orgullo para mi tener un antepasado momificado”, me confía Isabel en una breve entrevista.
Aunque la placa de identificación dice que es Justo Hernández, la familia de Isabel asegura que es Trinidad Romo el verdadero nombre de la momia conocida como ‘El Charro’
Pero Isabel y su familia no son las única personas que aseguran han reconocido a un pariente. En Puebla, una mujer también está haciendo las gestiones para que se le dé la identidad correcta a quien dice es su tía abuela. Una mujer a la que mataron estando embarazada y que es madre de ‘la momia más pequeña del mundo’. Que podría ser niña y no niño.

La noticia sacudió a Guanajuato. En 1870 durante un exhumación, el cadáver del médico francés Rémy (Remigio) Leroy había salido ‘transformado’ de la gaveta donde descansaba. Era la primera momia en la historia en esta ciudad.
Leroy, cuya cédula se conserva y que encabeza las investigaciones para comprobar la identidad de cada momia, había muerto el 9 de junio de 1865 a causa de disentería, según refiere Paloma Robles Lacayo, directora del Museo de las Momias.
Esta joven funcionaria, menuda, elocuente, y muy avispada, es una prestigiosa ingeniera bioquímica, con maestría en Artes, que ha sido catedrática de la Universidad de Guanajuato (UG), y que ahora es la líder de un proyecto de transformación en el museo que dirige, bajo la encomienda del alcalde Edgar Castro Cerrillo; museo al cual pretende darle una nueva dimensión, no sólo creciendo el recinto, adecuando luminarias, espacios o creando una museografía profesional, sino resignificando la importancia de este sitio.
“Tenemos un patrimonio valioso porque está constituido por nuestros ancestros geográficos y culturales. Es un patrimonio que nos representa, que habla de nuestros rasgos antropológicos más representativos como la vocación minera, la tortuosa relación con el agua, la devoción religiosa, entre otros. Por eso esta colección es tan significativa para Guanajuato, además que es la colección de momias naturales más grande del mundo”, explica Paloma mientras recorremos el museo que ya comienza a llenarse de visitantes.

Aunque la momia del médico Leroy fue la primera en aparecer, a ésta se sumaron gradualmente desde 1870 y hasta 1950, decenas más. Inicialmente eran exhibidas de pie, apiladas en un corredor del antiguo osario o catacumbas –bajo el panteón- , hasta que en 1969 se constituye como tal el museo. Aunque los cuerpos serán protegidos tras vitrinas de cristal hasta 1972.
Las causas de la momificación han sido explicadas por los expertos como parte de un proceso natural de deshidratación o desecación. Al ingresar los ataúdes de madera a las gavetas éstas son selladas, y con ello se impide el paso del oxígeno; la madera absorbe los líquidos en el proceso donde no hay descomposición -por la falta de oxígeno, y porque no existe ingreso de bacterias o insectos-.
Sólo una momia fue encontrada en un entierro tradicional. Al sacar el ataúd de la tierra, se descubrió que había dentro una mujer momificada. Aunque ese cuerpo es el más deteriorado de toda la colección, con lo cual se descarta que la tierra del panteón sea un factor determinante. El resto de las momias salieron todas de una gaveta.
Desde mediados del siglo XIX se decretó la nulidad de la perpetuidad en los panteones municipales, y en años recientes se reglamentó que todo cuerpo momificado que sea encontrado en las exhumaciones pasará a ser parte del Museo de las Momias. Los cuerpos más recientes son los de un par de niños, cuyos restos fueron exhumados en 2005.
En 1972 la UNESCO declaró a las momias de Guanajuato como Patrimonio de la Humanidad, por los valores culturales asociados con la muerte y por la cultura en la historia

Desde 2007 las momias son materia de estudio por un equipo de antropólogos forenses de la Universidad de Quinnipiac, en Hamden, Connecticut. Apenas en octubre del año pasado concluyeron sus estudios sobre los 117 cuerpos que componen la colección permanente. Y están en proceso de entregar la totalidad de sus descubrimientos.
Los estudios han podido ayudar a que se determinen causas de muerte, hábitos alimenticios, usos y costumbres, entre otros aspectos que ayudan a entender mejor sobre el origen de cada cuerpo. Se ha descubierto que un joven tenía empastes dentales, costosos para la época en que murió, y ello ayuda a entender que era de clase acomodada; en contraparte con otro hombre cuyos huesos de los hombros muestran un desgaste evidente y las sales minerales, en el 75 por ciento de su cuerpo, lo encuadran como trabajador en las minas, por ejemplo.
“Nosotros tenemos historias y cuerpos, y los vamos a conectar. Nuestro objetivo es reconstruir la biografía y el árbol genealógico de todas las momias”, me dice Paloma Robles Lacayo mientras señala una papeleta que identifica a Leroy. Los trabajos que han hecho en el último año han dado fruto pues ya se tiene copia de su acta de nacimiento, en Francia, la conexión con su familia, los datos de su esposa guanajuatense, las causas de su muerte y otros datos valiosos.

Paloma me comparte que la aparición de familiares de alguna momia, que muestran orgullo por su ancestro, es algo nuevo. Como Isabel Romo Padilla, quien asegura ser pariente de ‘El Charro’. Además de María Teresa Valencia Villagomez, una mujer que vive en Puebla y asegura que una de las momias, la madre de la ‘momia más pequeña del mundo’, es su tía abuela.
“Mi madre siempre nos platicó, ya grande, que teníamos una pariente entre las momias. Mi tía abuela. Ella era una mujer muy bonita que vivía en Guanajuato y a la que mataron por celos cuando estaba embarazada (…) sentí horrible cuando me enteré de la historia, pero ahora busco que encuentre paz cuando se le reconozca con su bebé”, me asegura María Teresa, en una breve entrevista telefónica.
Actualmente vive en Cholula, Puebla, y está empeñada en lograr que su ancestro momia encuentre la identidad y con ello, quizá, la calma eterna. Desde hace tiempo prepara una visita a Guanajuato para entregar documentos y testimonios de sus parientes que viven aún en el poblado de San José de los Pinos, en Guanajuato.
“Te voy a contar un sueño que tuve hace meses. Espero no me creas loca. En ese sueño estaba en una tienda departamental y el 60 por ciento de los anaqueles tenían diversos productos y en el otro 40 por ciento había momias. Me enojé por ello y en ese momento escuché la voz de una niña momia que me decía ‘estoy buscando a mi mamá, pero no la voy a encontrar porque la mataron’. Le pregunté cómo se llamaba y me dijo que Lupita.
“Al día siguiente pregunté a mi equipo si teníamos una momia llamada Lupita. Me respondieron que no. Pero meses después recibí una llamada de la señora María Teresa (Valencia Villagomez) que me hablaba de su tía abuela momificada y su bebé. A lo mejor la momia bebé es niña y no niño como hemos creído siempre. Bueno mi sueño me pareció muy raro. Con las investigaciones que estamos haciendo, seguro pronto sabremos nuevas verdades”, me confía la directora del Museo de las Momias para quien descubrir la identidad de cada cuerpo se ha convertido en un trabajo obsesivo y permanente.

Tener la certeza de quién es cada momia es algo complejo. Pese a los estudios de los investigadores norteamericanos, la investigación permanente en el Archivo Histórico, el Registro Civil, los archivos de las parroquias y templos de Guanajuato, y hasta los archivos en el extranjero –como en el caso del médico francés Rémy (Remigio) Leroy-, la tarea que día a día ocupa y preocupa a Robles Lacayo y su equipo de trabajo parece no tener fin. Aunque ya hay resultados. Y se esperan más en este año.
La intención de que cada momia tenga nombre y sea verificado su origen es que el visitante encuentre una reflexión profunda sobre el significado de la vida y la muerte, y de hacer entender a los ciudadanos locales la importancia de preservar un patrimonio que lejos de alentar el morbo, busca fortalecer una identidad cultural y un sentido de apropiación entre los ciudadanos guanajuatenses.
“Es un reto. Tenemos que integrar más a la sociedad guanajuatense que aún no tiene un arraigo por esta parte de su cultura. Estamos trabajando para establecer esas conexiones con los familiares. Aquí están nuestros ancestros, allá afuera hay familiares de las momias en las calles, aún vivos. Queremos darle esa dimensión humana a los cuerpos”, abunda Paloma durante el recorrido por el museo que nos lleva más de una hora.
En meses próximos este espacio tendrá una museografía de primer mundo, espacios interactivos, más historia antigua y nuevos elementos que la liguen al mundo contemporáneo, además de un crecimiento en el área de visitantes.
Para conocer más detalles del Museo puedes visitar y votar para que esté entre los 100 Imperdibles en: http://100.imperdiblesmexico.discoveryquestmexico.com.mx/?nominados=museo-de-las-momias#link_galeria
Hablar de las momias a muchos remite inmediatamente a la película de Santo vs Las Momias de Guanajuato, de los años 70, aunque también hay quienes asocian a las momias con un símbolo de la profunda conexión de México con sus muertos –más allá del 2 de noviembre-, que debe experimentarse.
Una de las visitas más célebres para experimentar esa conexión, ocurrió en 2007, cuando el cineasta norteamericano Tim Burton, famoso por la creación de películas como El joven manos de tijera, El extraño mundo de Jack, El cadáver de la novia, Frankenweenie, Batman o el Gran Pez, sorprendió a Guanajuato con su visita nocturna al museo.
Incluso hay quienes aseguran que Elvis Presley y su esposa Priscilla visitaron Guanajuato en los años 60 para tomarse fotos con las momias, a quienes les pusieron túnicas blancas. Historias hay muchas sobre personajes y sobre las mismas momias. Que si una es de origen chino, que si a otra la apuñalaron, que si aquella murió enterrada viva. Es un poco la magia de Guanajuato, una ciudad llena de leyendas.
“La gran tragedia de la vida no es la muerte, sino lo que dejamos morir mientras estamos vivos”, reflexiona Paloma Robles Lacayo mientras alcanzamos la salida del Museo de las Momias. Un sitio que tienes que visitar por lo menos una vez en la vida.
- Estudio fotográfico: Carlos de las Piedras
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