El domingo 16 de octubre de 2011, moría el periodista mexicano Miguel Ángel Granados Chapa.

Considerado con todas las credenciales que la razón otorga como uno de los periodistas más prestigiosos de la segunda parte del siglo XX e inicios del XXI, Granados Chapa fue también el columnista más importante e influyente dentro de la sociedad mexicana con su columna Plaza Pública, misma que mantuvo vigente durante 34 años en diversos diarios y durante 16 años en Radio Universidad Nacional Autónoma de México.

Tuve el gran honor de trabajar con Miguel Ángel Granados Chapa entre 1998 y 2004 como joven reportero para su Plaza Pública de Radio UNAM y otras labores de interés periodístico, pero antes de eso, la memoria que funge también como fuente de nostalgia me hizo recordar una vieja entrevista que le hice al Maestro hace ya 30 años, tres años años antes de empezar mi propia labor bajo su guía.

En el lejano 1995, realizaba mi tesis de licenciatura en Comunicación que versaba precisamente sobre la gran influencia que la columna política tenía dentro de la prensa mexicana y para ello, necesitaba entrevistar al mejor referente de tal disciplina y así, cierta tarde de aquel lejano año, visité a Granados Chapa en su oficina del entonces Instituto Nacional Electoral (INE) cuando él era consejero ciudadano de esa entidad pública.

Charlamos sobre columnismo político, sobre sus protagonistas, sobre la importancia de un género eminentemente subjetivo, pero al mismo tiempo obligado a la investigación y confirmación de la información recabada.

Fue mi primer contacto con Granados Chapa, lejos estaba de imaginar que dos años después, empezaría a escribir a su lado una extraordinaria experiencia de aprendizaje periodístico.

Esto fue lo que me dijo hace ya 30 años y hoy, inédita en medios y rescatada de una tesis de licenciatura, dejo en esta entrevista las palabras y el lenguaje siempre certero de uno de los grandes Maestros del periodismo mexicano.

Defíname el género de la columna política

La columna política es un género combinado de información y opinión, no siempre hay una distinción nítida entre una y otra manera de presentar los hechos, entre uno y otro ingrediente, pero eso es lo que le da una característica específica.

Es un género subjetivo por excelencia que permite libertad al autor (porque es un género de autor) en donde importa lo que se dice, pero también quién lo dice. Por eso normalmente las columnas políticas, particularmente las columnas políticas influyentes son escritas por personas que están en un momento de trayectoria larga en el trabajo periodístico.

¿Remueve inercias el columnista político en los periódicos?

Sí, las columnas fueron haciéndose importantes precisamente por contraste con el tedio, la uniformidad y la grisura de las páginas informativas en general, es muy claro que periódicos que son vivos les conceden menos importancia a las columnas que los periódicos inertes en donde las columnas son como islas, como montañas que emergen de la llanura.

Una columna en un periódico muy informado, muy activo, tiene un peso específico menor que una columna en un periódico irrelevante. Son una respuesta y un elemento contrastante con el tedio de las páginas editoriales concebidas a la usanza tradicional o en general con las páginas informativas de un periódico. Las columnas deben ser más interesantes que el resto del periódico.

¿Es la columna un género individual o individualista?

Las dos cosas. Individual porque como ya lo dije es un género de autor, el responsable de la columna no tiene necesidad de mencionar sus fuentes, de hacer atribuciones, incluso eso da lugar a abusos cuando se presenta el resultado de la pura imaginación como si hubiera sido aportado por alguna fuente. En ese sentido es un ejercicio individual, hay una responsabilidad específica en la autoría de una columna.

Y es también un género individualista porque aísla a los columnistas del trabajo en grupo, del trabajo en general de las redacciones, incluso lo normal es que los columnistas no pertenezcan al staff de los periódicos.

¿Y el individualismo interpretado como la creencia del columnista en que es omnisciente y omnipotente?

Yo creo que nadie incurre en la idea de creerse omnisciente u omnipotente, a lo mejor hay conductas particulares de columnistas que parecen translucir una concepción de esta naturaleza, pero yo creo que nadie en sus cabales aspira a la omnisciencia o la omnipotencia.

Los columnistas son periodistas con ciertos privilegios, el principal de los cuales es tener un espacio a su disposición permanente, pero no tienen un poder específico, ni en consecuencia una presencia individual que lo signifique por encima de sus propios medios específicos.

¿Cómo se va formando un columnista político? ¿Qué lo hace diferente a los demás periodistas?

Podríamos pensar en el caso de Francisco Cárdenas Cruz que transitó de ser reportero a ser un columnista político. Lo que lo hace diferente es, primero, un dominio de las destrezas reporteriles, de la capacidad de obtener información y luego una preocupación por no ser el mecánico transmisor de boletines, de informes ajenos, sino de una preocupación por la búsqueda de la información específica no generalizada y luego por calificar los hechos, por emitir una opinión.

Casos como el de Joaquín López Dóriga, Francisco Cárdenas Cruz, Francisco Rodríguez o Carlos Ramírez que son reporteros que se convierten en columnistas, se ilustran por este paso de la destreza en la recuperación de información a su adobamiento, a su complemento, merced a una preocupación de desarrollo profesional propia.

El columnista tiene un tiempo de mayor influencia, de clímax entre sus lectores en el medio periodístico ¿Cuándo empieza a declinar?

Yo pensaría en dos ejemplos de ascenso y declinación, el de Carlos Denegri y de José Luis Mejías.

Carlos Denegri fue uno de los más importantes columnistas en los años 50 y 60 (del siglo XX), era un columnista muy polémico, muy criticado y muy leído, él escribía varias columnas en los periódicos de la casa Excelsior, una columna semanal que se llamaba Fichero político, otra llamada Miscelánea, una más titulada Diario impersonal y alguna otra que en este momento se me escapa.

Denegri había sido un gran reportero en asuntos generales y luego se orientó -sin dejar de ser reportero, autor de entrevistas y reportajes- a la hechura de la columna.

Sus columnas tenían mala fama desde el punto de vista de la ética porque había un mercenarismo ostensible, pero independientemente de esa condición ética, era un columnista muy atractivo que tuvo un gran impacto especialmente en la política del poder, en la política priista en los años 50 y 60.

Su éxito dependió de dos factores, por un lado, su acuerdo con la dirección del periódico para el ejercicio de una columna con esas características y esa tendencia muy adicta al poder, fincada en el mercenarismo, en la obtención de beneficios y por otro lado dependía también de un estilo de hacer política muy autoritario, muy concentrado en la oficina presidencial.

Cuando esos dos factores variaron, cuando dejó de existir el acuerdo entre la dirección del periódico, cuando a partir de 1968 y a merced de un trauma social en México, la política se fue haciendo más abierta, fuero apareciendo protagonistas distintos de los que estaba adosados al poder presidencial, en ese momento la columna de Carlos Denegri dejó de tener importancia, era propia de un clima y no se adaptó a uno distinto.

Algo semejante pasó con José Luis Mejías, él fue un columnista que apareció durante mucho tiempo en Novedades con una columna llamada Los Intocables que se volvió muy relevante cuando pasó al diario Excélsior. Mejías era un periodista también muy cercano al poder, especialmente a los presidentes de la República y su influencia declinó cuando se vio contrastado con otro columnista como Manuel Buendía en la misma primera plana de Excelsior. Buendía era poseedor de una mayor vivacidad y una mayor autonomía frente al poder.

Don Manuel era un hombre que dialogaba con el poder, pero tenía espacios más anchos detrás de sí, se podía mover en terrenos en lo que José Luis Mejías no circulaba, más en la política social, en la denuncia de grupos ciudadanos, en interlocución con el público, mientras que la interlocución de Mejías era más bien con el poder.

En los años 80 cuando empezó a desplegarse actividad ciudadana a través del sindicalismo independiente, de organismos no gubernamentales y la multipolarización de la política, todo esto dejó debilitado a José Luis Mejías porque el sólo tenía un vínculo con el poder y no con el resto de la sociedad.

Cuando cambian los escenarios políticos y los columnistas no perciben eso cambios o no se adaptan a ellos, su influencia declina.

¿Existen celos entre los compañeros columnistas?

Celos y envidia supongo que existen porque a veces hay columnistas privilegiados por el poder cuando se les otorga cierta información para ciertos usos. La envidia y los celos son una excrecencia natural de la competencia, quienes están en el mismo trabajo difícilmente mantienen buena relación. Hay un refrán que usamos en Pachuca el cual dice que dos tamaleras no se pueden ver porque la propia contienda profesional establece una reticencia anímica que muy fácilmente -si no se tiene una madurez emocional- deriva en celos y envidia.

Un ambiente donde se hacen evidentes los celos y las envidias es en las giras presidenciales, los presidentes van escogiendo grupos de columnistas favoritos a los que invitan invariablemente a las giras, sobre todo a las internacionales y ahí se notan los celos, porque los presidentes de pronto tienen una dedicación especial a alguno de ellos y eso provoca estas tensiones.

2025, 14 años después

Hay una expresión común que se utiliza de manera justificada cuando una voz, lúcida y necesaria para una sociedad, deja de existir: “qué diría, qué pensaría, qué escribiría…” y en el caso de Miguel Ángel Granados Chapa esa expresión la repetimos cada año desde hace 14 años cuando un acontecimiento cimbra los cimientos de un país como México, qué diría, qué pensaría, que escribiría Granados Chapa sobre México, nación que el periodista hidalguense entendió e interpretó como pocos intelectuales lo pueden hacer.

No tengo duda que este país lo extraña, pero de su legado periodístico también hemos aprendido y entendido las entrañas de la gloria y desgracia de México. Granados Chapa confió hasta su final en la esperanza y en su última colaboración dos días antes de su muerte, escribió en su memorable despedida:

Es deseable que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias y otras formas de hacer que renazca la vida, permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete. Esta es la última vez en que nos encontramos. Con esa convicción digo adiós”.

  • Foto: ‘Eneas de Troya