Las Metamorfosis, escritas por el poeta latino Publio Ovidio Nasón en el siglo I d. C., durante la época de Augusto, son un poema mitológico escrito en hexámetro.
Consta de más de doscientos relatos que comienzan con el caos primordial y terminan con la apoteosis de César y la glorificación de Augusto. El legado de esta obra, que según algunos estudiosos fue concebida para un público femenino, fue inmenso y ha sido una rica fuente de inspiración para obras literarias y figurativas durante siglos.
En este relato nos centraremos en la representación del género femenino en las Metamorfosis de Ovidio, con una selección de historias relacionadas con la maternidad.
El nacimiento de Baco
Para narrar el milagroso nacimiento del dios Baco, Ovidio escribe que Júpiter se enamoró de Sémele (III, 259-315). Esto enfurece a su esposa, Juno. Cuando Juno se entera de que Sémele está embarazada del hijo de Júpiter, decide vengarse. Descendiendo del Olimpo, adopta la apariencia de la nodriza de Sémele y se esfuerza por hacerse amiga de ella, hasta que Sémele le confiesa que el padre de su hijo es en realidad el dios Júpiter.
Juno, disfrazada, siembra dudas en la mente de Sémele, lo que la lleva a acudir a Júpiter para pedirle una bendición. Júpiter accede con gusto a su petición, pero la bendición que Sémele solicita es que Júpiter se revele en toda su divinidad, tal como le había sugerido Juno. Sémele ignora que los mortales no pueden vivir después de haber visto la divinidad, y es incinerada por los rayos de Júpiter.
Poco antes de la muerte de su amada, Júpiter extrae a su hijo Baco del vientre de Sémele y lo cose a su muslo para llevar el embarazo a término.
El nacimiento de Hércules
Otra historia sobre la maternidad es la de Alcmena (IX, 275-305), quien da a luz a Hércules tras unirse con Júpiter. Una vez más, Juno hace todo lo posible por impedir el nacimiento.
Cuando Alcmena entra en labor de parto, invoca a gritos a Lucina, protectora de las mujeres de parto. Sin embargo, Lucina ha sido corrompida por Juno, así que junta las manos para impedir que termine el doloroso parto de Alcmena.
La astuta criada Galanthis miente y anuncia que el niño ha nacido. Al oír esto, Lucina se levanta asombrada, deshaciendo las manos juntas, lo que permite que el parto termine y el niño nazca de verdad.
Al darse cuenta del engaño, Lucina arroja a Galanthis al suelo y la transforma en una comadreja. Por haber ayudado a una mujer de parto mintiendo, Galanthis se vería obligada a dar a luz por la boca.
El cuento de Dryope
Otra historia relacionada con la maternidad es la de la bella Dríope (IX, 324-293), privada de su virginidad por Apolo, quien la violó. La desafortunada joven se casó con Andraemón, quien, feliz de casarse con ella, tuvo un hijo.
Sin saber lo que le deparaba el destino, con su pequeño hijo en brazos, Dríope fue a un lago rodeado de mirtos para ofrecer flores a las ninfas. No muy lejos crecía un loto acuático en flor.
Dríope recogió algunas flores, pero gotas de sangre comenzaron a brotar de ellas. Demasiado tarde, la joven comprendió que había ofendido a la ninfa Lotis, quien se había transformado en árbol en otra historia.
La ira de la ninfa era implacable: en cuestión de segundos, arrastró a Dryope hasta donde estaba Lotis y la transformó en una flor de loto.
Con el rostro aún sin transformar en tronco, envió un último saludo a su hermana y a su esposo, que habían venido a ayudarla, rogándoles que separaran a su pequeño hijo de sus ramas.
Luego les pidió que lo confiaran a una nodriza, quien de vez en cuando lo llevaba a jugar cerca del árbol, enseñándole a no arrancar las flores de ninguna planta, pues una diosa podría estar oculta en cada una de ellas.
- Grabado: Julien de Parme