Sin duda, la reciente entrega del Premio Nobel de Literatura a la poeta Louise Glück es una decisión sorprendente y apolítica. Su trabajo combina naturaleza, mitología, y reflexión íntima.

¿Cómo se escribe sobre la soledad y sobre el abandono del individuo que es capaz de extraer poder poético de él? ¿Cómo pueden reconciliarse confesión y experiencia de la naturaleza, la forma del verso histórica y mitológicamente informada y el lenguaje cotidiano? ¿Qué puede expresarse lingüísticamente en el espacio entre falibilidad humana y estructura social?

Y más aún: ¿qué valores representan estas cualidades literarias en medio de un año electoral ridículo en los Estados Unidos, una pandemia global, un estado aparentemente normal de catástrofes ambientales en curso y un aislamiento simultáneo, y la creación de redes de personas que no sólo ha aumentado desde ayer, o en las últimas horas, a través de redes sociales?

Al parecer, en respuesta a estos catálogos de preguntas y otros similares, el comité de la Academia Sueca otorgó a la poeta Louise Glück, quien viene de la costa este estadounidense, el Premio Nobel de Literatura 2020, “por su inconfundible voz poética, que hace universal la existencia individual con su estricta belleza”.

Louise Glück, nació en Nueva York en 1943. Publicó su primer volumen de poesía, Primogénito, en 1968, y desde entonces ha ganado los premios más importantes del mundo literario estadounidense, entre ellos el Premio Pulitzer de 1993, el Premio Bollingen en 2001 y el Premio Nacional del Libro en 2014

Y, sin embargo, este premio es notable en muchos sentidos porque no es un premio político después de Bob Dylan, Olga Tokarczuk o Peter Handke, ni una selección sorprendente de un escritor que no es particularmente conocido más allá de las fronteras estadounidenses.

Si la mayoría de los lectores europeos o latinoamericanos no habían tenido noticias de la ganadora de este año, puede que no sea porque prefieran otras formas de poesía contemporánea, sino más bien porque leen otras formas literarias.

Dicho sea de paso, la lista de los que han recibido el Premio Nobel de Literatura desde principios del siglo XX tampoco ha estado encabezada por poetas. Y, sin embargo, hay que repetirlo: el caso Louise Glück no es una elección política.

Lo notable del premio de este año es pues esa felicidad, que de hecho ha sido parte del establecimiento literario de habla inglesa durante las últimas décadas, con obras tan destacadas como The Wild Iris (1992), Vita Nova (1999), The Poems: 1962-2012 y más recientemente Faithful y Virtuous Night (2014): porque en cierto sentido captura el estado de ánimo momentáneo, y no sólo de las necesidades y alegrías existenciales estadounidenses de los individuos humanos y, a veces, de los individuos no humanos, como en The Wild Iris , en el que las flores le hablan a un yo lírico como en el caso de las Geórgicas de Virgilio.

Al mismo tiempo, la poesía de Glück no desarrolla un panorama literario con el que se puedan entender mejor las políticas frontales en Estados Unidos, como la Alt-Right o el movimiento Black Lives Matter, que se han agudizado durante años.

En los versos de Glück, la línea entre el poeta y el yo lírico a menudo se difumina, y experiencias tan decisivas, como la pérdida del padre como en su libro Ararat, de 1985, se discuten

El lenguaje directo y claro del profesor universitario de larga data no debe pues confundirse en ningún momento con una mera poesía diaria o de ocasión, como las complejas ramificaciones de la reflexión personal y las referencias mitológicas a figuras antiguas (como Perséfone en su obra Averno ), que son un muy claro testimonio de ello, porque la construcción de un yo lírico en Glück es más bien una interacción entre la forma catártica y la distancia formal.

Así las cosas, por un lado, la decisión afirma el trabajo de una escritora que ha sido una poeta laureada en los Estados Unidos desde 2003-2004 y quien recibió la medalla de oro en poesía por la Academia Estadounidense de Artes y Letras en 2015, decisión que ya había tomado Glück como representante de un comparativo no experimental, y honra la tradición políticamente no radical de Robert Lowell y Sylvia Plath.

Sin embargo, ella desde muy temprano ya estaba asociada con el legado modernista de William Carlos Williams cuando fue premiada en 1993 por las contemplaciones de la naturaleza en The Wild Iris .

Por otro lado, el gratificante honor de esta poeta, cuya obra pone a prueba la incertidumbre de las personas en contextos familiares, históricos, antiguos y mitológicos, es tan contemporáneo como significativo en cuanto al valor fundamental que se le da a la poesía en el mundo literario en su conjunto.

Soledad y pérdida, fugacidad y naturaleza, poder poético-mitográfico y literatura autobiográfica aparente:  Nos referimos pues a una realidad destructiva de la familia y agotadora de la vida cotidiana en el matrimonio: Historias de ruina social y de inmediatez de la voz poética: el Premio Nobel de Literatura de Louise Glück confirma desde ya la relevancia de estos temas y valores entre nosotros, así como la especialidad de esta poeta en una época globalmente determinada, pero definitivamente estadounidense.