Laura Vieyra, una experta en educación, ha hecho un punto de enlace con Dina, otra experta en educación, para entregar a los lectores de Ruleta Rusa un texto que plantea una visión interesante sobre el trato a los adolescentes en el aula. Aquí la traducción al español de Laura sobre el texto de Dina.

Cada año, antes de leer con mi grupo de estudiantes de preparatoria 1984, de George Orwell, hago una simulación.

Bajo la premisa de bien común, convierto mi salón de clases en un régimen totalitario, en el cual yo soy la dictadora. Les digo a mis alumnos que con el fin de combatir la “crisis del último año”, los maestros y administrativos hemos adaptado una estrategia basada en evidencias, una estrategia que ha sido implementada en muchas escuelas a lo largo del país y ha tenido gran éxito.

Cuelgo posters con frases motivacionales y estadísticas inventadas para proporcionarse una falsa narrativa del problema que es esta crisis. Les digo a los estudiantes que, para ayudarles a salir con éxito, debo implementar reglas de clase muy estrictas.

Ellos deben levantar su mano antes de hacer cualquier cosa, incluso para pedir un lápiz a otro compañero. Cada vez que no cumplan con el comportamiento adecuado perderán puntos y cada vez que reporten a alguno de sus compañeros de clase ganarán puntos. Si alguien rompe las reglas y yo no me doy cuenta es responsabilidad de los otros estudiantes hacérmelo saber.

Además, les digo que para que este plan funcione deben “confiar en el proceso y no cuestionar a los maestros”. Esto se vuelve un esfuerzo que involucra a toda la escuela, ya que el resto de los maestros y los administrativos se unen a la dinámica.

He hecho este experimento muchas veces, aunque no de forma consecutiva y cada año llego a los mismos resultados. Sin embargo, este año el resultado fue distinto

Este año, algunos estudiantes se alinearon a las reglas como siempre, pero la mayoría de los estudiantes se rebeló. Para el segundo día de la simulación, los estudiantes estaban contactando a los directivos, escribiendo cartas y haciendo posters para protestar. Se estaban organizando contra mí y contra la administración, protestando en los pasillos, negándose a hacer lo que se les había indicado.

El presidente de la sociedad de alumnos, que ni siquiera era parte de mi clase, mandó un e-mail exigiendo que se diera fin a ese “programa”.  El correo decía que “Este tipo de declaraciones son la base de una dictadura, esta escuela, al igual que este país, no puede y no caerá presa de comportamientos totalitarios”. Yo hice todo lo que estaba en mi poder para acabar con la rebelión. Soborné al presidente de la sociedad de alumnos e hice que se “rindiera” públicamente; y aun así los estudiantes no se echaron para atrás. Lucharon todavía con más fuerza, se volvieron más atentos, mejor organizados, nombraron a un nuevo líder. Estaban más que listos para luchar. Sabían que podían ganar porque eran más.

Tuve que terminar el experimento dos días antes de lo planeado porque la rebelión era muy fuerte y abrumadora. Por primera vez desde que había comenzado mi experimento, los estudiantes “ganaron”.

Los adolescentes van a salvarnos. Mis estudiantes no se rindieron ni se conformaron. Lucharon por sus derechos hasta que ganaron. Los adultos podemos aprender mucho de los adolescentes de esta generación. Mientras nosotros somos complacientes, estamos hastiados y menospreciados, los jóvenes tienen fuego, espíritu y no toman represalias. No debemos desperdiciar sus ganas de luchar, porque ellos son nuestro futuro. No pensemos que no tienen título, su título es la pasión que los dirige. No tratemos de interponernos en su camino porque nos van a aplastar.

Hay que fomentar su rebelión. Ellos son nuestros mejores aliados.

Traducción: Laura Vieyra

  • Ilustración: @pintaycolorea