Después de unas muy ajustadas elecciones presidenciales en Estados Unidos, sólo hay una forma en que el presidente electo Joe Biden puede ganarse tanto a los estadounidenses como a otras naciones. Tiene que cumplir en múltiples frentes, en medio de una nación dividida y enormes desafíos.

Trump ha lanzado guerras comerciales desacertadas, tanto contra amigos como contra enemigos de Estados Unidos, que están perjudicando a la clase media estadounidense”, dijo el presidente electo Joe Biden cuando marcó el tono de su campaña de 2020.

El próximo presidente de Estados Unidos tendrá que tomar medidas inmediatas para renovar la democracia y las alianzas de Estados Unidos, proteger el futuro económico del país y, una vez más, hacer que lidere el mundo.

A nivel internacional, la esperanza es que Biden restablezca el multilateralismo estadounidense, modere los conflictos comerciales, alivie el daño económico e impulse una lucha real contra la pandemia

De manera más inmediata, Biden tomará una serie de órdenes ejecutivas para revertir las políticas de Trump y poner fin a “la era de la demonización”.

La premisa es que la nueva Casa Blanca puede evitar la violencia y los obstáculos legales durante la transición. Las cuestiones legales deben resolverse a principios de diciembre cuando los estados deben certificar sus resultados antes de la reunión del Colegio Electoral.

Pero cuando la administración Biden comience su trabajo, se espera que cumpla. En una nación que está muy polarizada en términos de política, economía, sociedad y actitudes hacia las “guerras para siempre”, esa es una tarea abrumadora. Si, además de la Cámara, los demócratas pueden mantener el control del Senado, la tarea podría ser quizá menos desafiante.

Lo que se avecina

Según las encuestas, uno de cada tres estadounidenses considera que el coronavirus y la atención médica son la prioridad más inmediata de la nación. Es por eso que, dado que los casos de Covid-19 superarán los 10 millones en Estados Unidos, el Presidente Electo Biden lanzará su grupo de trabajo sobre el coronavirus.

La segunda prioridad de los estadounidenses es la economía. Después de las elecciones de 2020, el único ganador real es el financiamiento de campañas (en el que Biden buscará marginar el papel del gran dinero privado). A pesar de que los costos totales de campaña se dispararon a 14 mil millones de dólares, es probable que continúe la ineficacia legislativa.

Pronto la atención política se trasladará al Capitolio. Los Senadores regresarán el 9 de noviembre y los miembros de la Cámara una semana después para la sesión del Congreso de “pato cojo”. En la parte superior de la agenda estará la tercera ola del coronavirus en los Estados Unidos. Otra ronda más de ayuda por coronavirus y el estímulo económico impugnado

Si bien tanto demócratas como republicanos están de acuerdo en la necesidad de un nuevo paquete fiscal, ha habido un gran desacuerdo sobre los detalles. En primavera, la oferta inicial de los demócratas fue de 3.5 billones de dólares, frente al billón de dólares de los republicanos. Después de meses de maniobras y negociaciones, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, redujo su oferta a 2.2 billones de dólares, mientras que el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, elevó la oferta de la Casa Blanca a 1.9 billones de dólares.

El compromiso de más de 2 billones de dólares no atraerá a la izquierda progresista, que lo considera demasiado poco y demasiado tarde, ni a la derecha ultraconservadora de los republicanos, que lo considera demasiado pronto.

El cierre de un gobierno sin nuevo acuerdo

En el pasado, la mayoría republicana del Senado se ha enfrentado amargamente a grandes paquetes de estímulo fiscal. A medida que esa mayoría ha disminuido, el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, el pragmático conocedor de Washington, podría resultar más flexible.

Antes de las elecciones, el Congreso no podía aprobar ni uno solo de los doce proyectos de ley de asignaciones. Para evitar un cierre del gobierno, el Congreso aprobó un acuerdo para financiar las operaciones del gobierno hasta el 11 de diciembre.

Pero si el Congreso no logra llegar a un acuerdo para entonces, se avecina un cierre del gobierno después del 12 de diciembre.

Se espera que Capitol Hill sea testigo pronto de una serie de audiencias centradas en los reguladores financieros, en particular sobre el tema de los préstamos a las pequeñas y medianas empresas (Pyme) en medio de la pandemia

Además, se espera que los directores ejecutivos de Facebook y Twitter testifiquen ante el Senado, lo que probablemente sea un preludio del horario estelar de la gran tecnología a principios de 2021.

Después de 16 meses de investigación sobre la conducta anticompetitiva de Amazon, Apple, Facebook y Google, los demócratas de la Cámara de Representantes dicen que están listos para perseguir a los gigantes tecnológicos monopolistas de Estados Unidos.

La erosión económica

Como objetivo a más largo plazo, los demócratas apoyan una legislación fiscal importante, que dividió aún más a un Congreso dividido. Sin embargo, con una mayoría estrecha en el Senado, la nueva administración podría probar los aumentos en la tasa impositiva individual máxima, la tasa impositiva corporativa, además de cambios en el impuesto al patrimonio, y el tratamiento de las ganancias de capital, entre otras.

Pero después de cuatro años de excesos de Trump, la erosión económica es la fría realidad.

Lo cierto que hasta que la tercera ola de coronavirus se activó por completo y las tasas de infección por Covid-19 se dispararon, las ventas minoristas aumentaron un 5.4% interanual en septiembre, pero gracias al enorme apoyo del gobierno, las bajas tasas de interés y la inflación igualmente baja.

A pesar de cuatro años de guerras arancelarias equivocadas, la recuperación de las exportaciones estadounidenses demostró una contracción muy lenta de casi un 15% aún en agosto. Es probable que el PIB real de Estados Unidos se contraiga entre un 4% y un 5% en 2020. Como efecto neto, los déficits comerciales que Trump se comprometió a eliminar se dispararon a 80 mil millones de dólares en agosto.

La recuperación impulsada por el consumo de Estados Unidos se apalanca al máximo. Se basa demasiado en los costosos estímulos fiscales que han sido necesarios debido a la respuesta fallida a la pandemia y la deuda en rápido aumento, que distorsionan el papel real del consumo

Como porcentaje del PIB, los paquetes de estímulo fiscal de Estados Unidos (13% +) son actualmente el doble de los de China (7%). Gracias a la Reserva Federal y a las imprentas hiperactivas, los estadounidenses de a pie y los inversores extranjeros acabarán pagando gran parte de la factura.

La deuda nacional de Estados Unidos se ha disparado a 27,2 billones de dólares, lo que sitúa la relación entre la deuda federal y el PIB de Estados Unidos en un 128%. La proporción está a la par con la de Italia en medio de su reciente crisis de deuda. Pero a diferencia de Italia, Estados Unidos es una de las economías ancla del mundo. De modo que lo que pasa en Estados Unidos no se queda en Estados Unidos.

Viejas políticas exteriores nuevas

La administración Biden buscará presentar un tono, una retórica y una postura multilateral muy diferentes. Porque la sustancia es una historia diferente.

El verano pasado, Biden reunió una red de más de 2,000 asesores de política exterior. Sin embargo, su estrecho círculo íntimo está formado principalmente por veteranos de las administraciones de Obama y Clinton, incluidos su asesor clave Tony Blinken y Jake Sullivan -de Hillary Clinton-, así como los veteranos Tom Donilon, Nicholas Burns, Kurt Campbell y Michèle Flournoy, socia consultora de Blinken.

A diferencia de los demócratas de consenso, la izquierda progresista del partido sigue preocupada por el “gran espectáculo de terror” que se avecina: la colusión entre los intervencionistas liberales y los neoconservadores republicanos (que votaron por Biden en lugar de Trump)

En un reciente artículo de opinión de The Washington Post ,escrito por Blinken y el neoconservador Robert Kagan, se sugiere que la nostalgia por el pasado siglo estadounidense sigue siendo persistente, a pesar de su oscuro historial de guerras eternas desde Vietnam hasta Irak.

No obstante, las “guerras para siempre” de Estados Unidos podrían resultar más moderadas, especialmente en Oriente Medio, debido a las limitaciones económicas. 

A diferencia de la Casa Blanca de Trump, es probable que la administración Biden honre el acuerdo nuclear de Irán y regrese a la mesa de negociaciones.

En el Medio Oriente, la pérdida de Trump supone grandes desafíos para el controvertido primer ministro de Israel, Netanyahu, y el fin del patrocinio estadounidense de la guerra de Yemen de los saudíes.

En Corea del Norte, Biden reforzará una línea más cautelosa en las conversaciones nucleares.

Si bien la vieja Guerra Fría continuará contra Rusia, Biden apoyará más iniciativas diplomáticas, especialmente en temas de armas nucleares.

En una táctica que probablemente se enmarque como una “alianza de democracias”, la Casa Blanca de Biden intentará unir a los aliados de Estados Unidos para ejercer una mayor presión contra Rusia, China y varias otras naciones

En público, Biden buscará distanciarse de los halcones del comercio y la seguridad de Trump. En la práctica, su administración aceptará aquellos aspectos de las guerras arancelarias que se consideren exitosos, mientras elimina los excesos.

Si bien Biden intentará unir a los aliados de Estados Unidos para presionar mayores concesiones de China, apoya el comercio global y necesita la cooperación de China en una serie de temas, particularmente el cambio climático. Pero en suma, los actos de equilibrio serán un desafío.

El presidente electo Biden quiere pues ser el presidente de todos los estadounidenses. La verdadera pregunta es si eso es algo que todos los estadounidenses quieren y, de fondo, si puede restaurar la credibilidad de Estados Unidos después de cuatro años de desastres nacionales e internacionales.

Posdata. La vanguardia de la retaguardia: El caso mexicano

México tiene una frontera con los Estados Unidos de más de 3 mil kilómetros de largo, y desde que Donald Trump está en la Casa Blanca, Estados Unidos ha estado construyendo un muro en la frontera norte.

Migración, cárteles de la droga, construcción del muro y separación de familias son temas que muchos de manera internacional asocian con México. Más aún son temas con los que actualmente es asociado México en el extranjero, además de las series de narcos.

Dicho con manzanas: el tema la construcción de un muro es el tema de separación de familias. De ahí que la política migratoria de Washington bajo la administración Trump haya cambiado la política mexicana de manera radical y definitiva. Desde el comienzo del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, México, como Guatemala, han reforzado sus propias fronteras al sur para dificultar la migración desde el sur.

Una victoria electoral de Trump habría significado pues, en consecuencia, que se seguiría construyendo el muro de la vergüenza en la frontera con México. Biden, por su parte, afirmó que la separación de los padres migrantes y sus hijos por parte de las autoridades estadounidenses en la frontera estadounidense fue simplemente  inhumana

Así también, recientemente por su parte, el director gerente de la organización alemana de ayuda para América Latina Adveniat, afirmó de manera similar que: Los derechos de los migrantes latinoamericanos ya no deben ser pisoteados. Nunca más miles de niños deben ser separados de sus padres en la frontera. Millones de migrantes de América Latina que viven en los Estados Unidos deben ser válidos, comentó recientemente en conferencia de prensa ante el Comité de las Naciones Unidas el sacerdote Michael Heinz.

El presidente mexicano López Obrador ha dicho que no felicitaría a un ganador de las elecciones presidenciales de Estados Unidos hasta que concluyan los desafíos legales, en un aparente intento por evitar fricciones con Washington durante la transición.

Con todo, el demócrata Joe Biden ganó las elecciones el sábado después de que una victoria en el estado de Pensilvania, campo de batalla, lo colocara por encima del umbral de los 270 votos del colegio electoral, y el Presidente mexicano sigue sin aún felicitar, como ya lo han hecho otros dignos representantes, a su homólogo norteamericano.

México es el principal socio comercial de Estados Unidos, con más de 600 mil millones de comercio bidireccional anual, y la relación bilateral con su vecino del norte es, no sólo la más importante para México —descontando que México carece de convenios comerciales serios y de calado social o gran escala con la Unión Europea y con Asia—, sino también la única.

  • Foto: AFP
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