Estos son Carmen Boullosa, Eduardo Lago y Vicente Herrasti. Entran a un salón llamado Amparo Dávila. La reunión ha sido pensada para que ella, ellos, tres voces, puedan hablar de cuánto nos ha llegado, y de qué maneras, de una cultura como es la norteamericana.

Alejandro García, que viene de Zacatecas a esta feria del libro, introduce: “este diálogo nos permite hacer nuevas preguntas, pues ha sido reconocida la apropiación de escritores americanos en la obra de escritores en español como Vargas Llosa, Rulfo u Onetti ¿Cómo se da esta interrelación?

 

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Lo que reconozco, más que las apropiaciones en mi obra, es el golpe interior de obras norteamericanas. Apenas con la conciencia de escritora, en formación diría, leí a Faulkner en la edición en portada verde de Losada, de hojas de papel cebolla. Me la había dado un novio malísimo al que yo consideraba buen lector. Hablo de ‘Mientras agonizo’. Me hizo compararla con algo de Rosario Castellanos. Sentí a Faulkner muy familiar. El segundo que recuerdo es Edna St. Vincent Millay, sus libros estaban en mi casa, creo. Y el asunto de género era muy importante para mí”.

El silencio cómplice es la evidencia de que escuchamos a Carmen Boullosa quien reconoce que cada que termina una novela vuelve a Emily Dickinson; que Emily Dickinson ha sido fundamental y siempre le ha parecido extraordinaria

Nunca tuve mi título de licenciatura por avorazada, pero qué más podía pasar si una a esa edad se encuentra (una) con Carson McCullers. Con ella sentí un flechazo, como levitar. Es extraño cómo los libros circulan entre amigos, de mano en mano. Pero creo que así llegaron Anne Carson y Sylvia Plath”.

De Ann Carson ha mencionado Autobiografía de rojo, esa evocación sangrienta y exquisita de la muerte de Heracles. A Sylvia Plath la ha traído a la mesa para recordar Tres mujeres, su poema radiofónico:

Soy una de cada cinco, o algo así. Aún tengo esperanza.
Soy hermosa como una estadística. Aquí está mi lápiz de labios.

Me fui a Nueva York sin intenciones de quedarme. Perseguía un poco a la hija, pero ya ven. Empecé interesándome por recuperar a los escritores que, en español, habían escrito en este lado del Hudson. Al primero que recuerdo es a Martí. Luego vinieron sorpresas decepcionantes como enterarme de lo que pensaba Walt Whitman acerca de los mexicanos. Fue espeluznante. Sus columnas en el periódico eran una colección de insultos contra mexicanos”.

Carmen Boullosa firmaría el manifiesto neoyorkino en el Café Nueva York, un espacio junto a Silvia Molloy, Mitre o Naief Yehya, Eduardo Lago, José Manuel Prieto o Salomón de la Selva donde convocaban a las voces hispanoamericanas y españolas a posicionar la tradición en el mapa de la ciudad.

 

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Nos conforman nuestras lecturas. Mi mamá quiso aprender inglés toda su vida y no lo logró. Quizá por eso es que decidió que yo sí debía aprenderlo” dice Vicente Herrasti.

El escritor de Fue ocupa un lugar al lado izquierdo de Boullosa. Contagia el fervor por la literatura escrita en inglés. Expone: “Recuerdo que el primer relato que me impactó fue algo de Jack London: su salivazo sonaba como una moneda fuera del libro”.

Herrasti habla de ese tiempo en que existía, en el canal cinco, el Cine permanencia voluntaria. Dice que ahí vio ‘Las aventuras de Tom Sawyer’. También, cuenta de los libros ilustrados de Mark Twain que de niños pudieron hojear en casa

Boullosa, Herrasti y Lago en la 51 Feria del Libro de Aguascalientes.

Uno también es lo que puede leer”, dice Herrasti. Menciona El Zoológico de Cristal de Tennessee Williams, ese retrato del sur estadounidense de los años treinta, y hace pensar en lo dicho por Boullosa que suena como fondo de melodía: “Es extraño cómo los libros circulan entre amigos, de mano en mano”.

Hay un eco del dicho porque Herrasti evoca a Ricardo Collins y a Hugo Gola, a Ignacio Padilla. Los nombra cuando afirma que Pound y Eliot fueron lecturas que compartieron en El Parnaso, el café de Coyoacán, un lugar que juntó a lectores de la generación perdida como Dos Passos o Fitzgerald, un lugar que hizo o vio hacerse a escritores como los del Crack.

La literatura norteamericana nos hablaba al oído, Bukowski, Auster, sobre todo, Auster, que nos hizo pensar como escritores con ‘La música del azar’ o el papel del narrador. Lo escrito en inglés me obsesionaba, como Henry Miller. ‘Taxidermia’, mi novela, es fruto de esa obsesión”, cuenta el autor mientras enlista nombres como Ishiguro, McEwan o McCarthy.

Lago y Boullosa asienten. Es una charla de reconocimientos y afinidades. Herrasti habla ahora de una revista que compró en librerías de viejo del rumbo. Dice que fue su guía. Se trata de un ejemplar de Quimera, portada verde olivo y título claro, quizá amarillo. En 1988, dice, supo de Carver, de literatura chicana con Cisneros, de Cheever, y esa revista fue su guía. Supo de un Henry Roth, de Albuquerque. Herrasti podría enlistar interminables obras y nombres. Deja dos últimos: Toole y Roth, en este caso, Philip, el autor de La conjura contra América.

 

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Me es imposible hablar de esto con un poco de cordura”, dice Eduardo Lago cuando llega su turno de hablar del tema. Lago es autor de Llámame Brooklyn, una novela que protagoniza un joven escritor en Nueva York. El título de la novela dice quizá más de lo que podría contarnos de sus apropiaciones venidas de la literatura norteamericana. Todos pensamos en la frase de Melville: Call me Ishmael.

La lectura de Mailer, Updike, Roth o Rushdie,  en traducciones malas, no me impidió ver la grandeza de esta literatura”, escuchamos decir al avecindado en Nueva York.

Lago aprovecha para evocar ‘Beloved’, de Toni Morrison, y ‘Ariel’ de Sylvia Plath, libro del que dice le parecen las memorias de un ventrílocuo

Aprovecha para enlistar a Poe (con su Arthur Gordon Pym), Conrad y Melville en quienes ve un hilo que conduce hacia el viaje, la aventura y las tinieblas. Nabokov y Conrad le son útiles para decir que para un sin tierra, un indómito, la lengua es la patria. Y lo suscribe como mandamiento propio. Lago concluye con una sugerencia: “Hay que disociar la literatura de los poderes porque los poderes lo pervierten todo”.

Nosotros mismos, expectantes, y con la sonrisa de lado, hacemos nuestro propio recuento.

Estos fueron Carmen Boullosa, Vicente Herrasti y Eduardo Lago. La reunión fue pensada para que ella, ellos, pudieran hablar de cuánto nos ha llegado, y de qué maneras, de una cultura como es la norteamericana. Ha sido en la 51 Feria del libro Aguascalientes.

Se conmemora a Whitman. Se recuerda a Melville.

 

  • Intervención fotográfica: Ruleta Rusa
  • Foto: Miguel Gámez