Gilles Lipovetsky, el filósofo-sociólogo francés autor de ‘La era del vacío’, estuvo aquí; para horadar en la dura piel conservadora de la ciudad del padrenuestro con sus agudas reflexiones. La mujer fue el eje central de su discurso.

A las 5:08 de la tarde se anuncia por micrófono la llegada de Gilles Lipovetsky. El Patio de los Cuentos está a tope. Más de 200 personas –muchos de pie o sentados en el piso- esperan desde hace más de media hora al filósofo de la hipermodernidad en la Feria Nacional del Libro de León (FeNaL).

Dos minutos luego el ‘rockstar’ del pensamiento contemporáneo llega, acompañado del filósofo-sociólogo Luis Fernando Macías,  para comenzar con una conferencia que se prolongará una hora y 51 minutos. Lipovestsky es un hombre maduro, menudo, minucioso. Viste una camisa blanca de manga corta –al estilo americano- a finas rayas en color cobre y oro, celeste y plumbago. Pantalón de mezclilla. Tenis Adidas Superstar totalmente negros. Un reloj CK. Carga un saco negro que no usará hasta la entrevista y un maletín común para laptop.

Las palabras de Lipovetsky fueron contundentes. Aquí con el también filósofo-sociólogo Luis Fernando Macías.
Las palabras de Lipovetsky fueron contundentes. Aquí con el también filósofo-sociólogo Luis Fernando Macías.

La mujer es la mitad de la humanidad”, suelta como un pistoletazo en su discurso ante la mirada atenta de académicos, escritores, artistas, muchas muchísimas mujeres jóvenes y maduras, hipsters, esnobs, radicales, feministas, anónimos, humanos todos ávidos de conocimiento o de hipermodernidad.

Una chica con vestido estampado en flores reclama que no hay sonido. Que no se escucha lo que dice Lipovetsky. La secundan otros asistentes molestos. Carlos María Flores endurece el rostro y la mirada. Acaba de dar un mensaje para patentizar que la FeNaL está de avanzada. Y el chico a cargo del sonido es l-e-n-t-o para entender cómo se manipula la consola y qué significa una falla. Avergüenza con su torpeza –que será recurrente multiplicando las fallas en el sonido durante la conferencia- al director del Instituto de Cultura de León que se ha sacado, de debajo de la manga,  el mejor naipe que había guardado para este festejo de las palabras.

“La Tercera Mujer no existe en todos los países pero ilumina el porvenir”, suelta Lipovestsky antes de hacer una dura crítica contra el Islam y su obsesión por rebajar a las mujeres, por mantenerlas soterradas, sometidas, domesticadas

Aunque no se escucha la voz de Lipovetsky, el traductor –avispado y suficiente en trasladar segundo a segundo las palabras y los conceptos elaborados del filósofo-sociólogo- logra lo imposible: hacer que el pensamiento del francés se deposite de manera natural en los escuchas.

Pero también ayuda la gesticulación del filósofo-sociólogo que cierra el puño, manotea, traza un giro o un corte al aire con una o ambas manos, levanta el índice, aprieta la quijada, entorna los ojos, se mesa la frente. Lipovetsky es un showmen. Es un mimo a la manera de Marcel Marceau. Es dueño de un aire electrizante.

En su conferencia la mujer es leimotiv. Desde el Paleolítico superior hasta el siglo XII es la mujer bruja. Eva y Pandora. La femme fatale. La mujer diabólica. Lola Lola del Ángel Azul con la Dietrich perdiendo al profesor. La mujer que provoca la maldad y la muerte. La mujer diabolizada que estigmatiza el patriarcado.

En un intersticio de la Historia sin embargo la mujer se convierte en lo supremo, por lo que el hombre se arrodilla, por lo que canta, a quien exalta. Paradójicamente ocurre en el Medioevo, donde han dicho que reinó la oscuridad. Aunque esa revalorización con el nacimiento del amor cortés –acota Lipovetsky- no se traduce a la vida real, pues hay una exaltación que no aterriza totalmente en la realidad; como dan fe los poemas de Raimbaut de Vaqueiras, Arnaut Daniel o Guillem de Berguedà.

En los 60 la mujer estalla. Revienta todo y contra todos. Se libera. Se constituye como única inventora de su porvenir. Aunque queda en el aire la pregunta: ¿Se emancipa?

Lipovetsky da cuatro argumentos para fundamentar su tesis de la Tercera Mujer. La actual. La que avanza. La que no se somete sino al designio de su arbitrio. La que reclama su parte en la hipermodernidad.

Grosso modo la tesis se soporta en la creciente escolarización desde el siglo XIX. Los avances de la ciencia y la tecnología. Las corrientes de izquierda en los 60 y el neofeminismo. La sociedad de consumo y comunicación. La disolución de las tradiciones, sólo un poco.

Hay autonomía (en la mujer) pero no ruptura con el pasado“, dice Lipovetsky antes de narrar una exquisita historia sobre el por qué existe aún la lencería; que además cada día es más sofisticada y bella. En los 60 las feministas quemaron el brassiere en protesta por considerarlo un símbolo machista. Y hoy existe más lencería que nunca. Porque la mujer ya no necesita seducir, ella ahora decide. Y la lencería que podría parecer un tema menor, existe porque la mujer gusta de embellecerse y ser libre.

El filósofo recula sobre su propia tesis ante el público y explica que tuvo que modificar sus argumentos, que lo sigue haciendo, pues son muchos más las causas de esa revolución femenina. La conclusión no está cerrada.

En una serie de preguntas y respuestas Lipovestky enciende al auditorio al apoyar abierta y directamente el derecho de la mujer al aborto, a decidir sobre su cuerpo. Estallan aplausos, no muchos, pero son suficientes como gesto de avanzada frente al lacónico gesto de quienes se desnudan como conservadores y herederos de la moral judeo-cristiana. La gran mayoría. Es León, la ciudad de los cueros y el padrenuestro que se resiste a despertar a lo glocal.

Pero también el filósofo-sociólogo apaga los primeros aplausos que se escucharon cuando lanza una invectiva precisa contra las feministas. Las radicales. Y luego ya no hay más que un par de tímidos aplausos cuando habla contra el fútbol. Un jugador de fútbol no puede ganar más dinero que un científico, es irracional

Al final de una hora de preguntas y respuestas, el aplauso general es prolongado. Como la fila de devotos que esperan una foto y la firma del autor estampada en el libro La tercera mujer: permanencia y revolución de lo femenino; libro escrito en 2003 -publicado por Anagrama- que ha venido a promocionar.

Lipotvesky y el escritor leonés León Fernando Alvarado. Un encuentro 'glocal'.
Lipovetsky y el escritor leonés León Fernando Alvarado. Un encuentro ‘glocal’.

Generoso con su tiempo, después de una hora de firmar libros, Lipovetsky otorga una entrevista de 21 minutos a Ruleta Rusa mx. Misma que no habría sido posible sin la también generosa traducción del filósofo-sociólogo Luis Fernando Macías, amigo de años y de esta casa editorial.

Pregunta: ¿La emancipación femenina no está completa, qué le falta?  ¿Es una revolución que desembocará en la igualdad o el dominio del hombre será permanente?

Respuesta: Es una pregunta de riesgo. Creo que hay que escapar a las opciones extremas. Por ejemplo, a la posición de Bourdieu que dice que la dominación masculina es para siempre. Bourdieu dice que vemos cosas de relieve mediático, pero es sólo la superficie. En el fondo la brecha y la dominación masculina sigue siendo la misma.

Por el otro lado, es el extremo de decir todo es similar, todo es igual y el estatuto de la mujer y el hombre es exactamente el mismo.

Yo no puedo compartir la primera (opción de Bourdieu). Creo que lo que las mujeres han ganado desde el punto de vista de la emancipación,  no es secundario, ni tampoco es superficie, es escoger el número de niños, estudiar, hacer política, son derechos individuales fundamentales. Y más que hablar de una perpetuación de la dominación masculina, creo que hay acercamientos de la situación masculina y femenina. Y no en general, sino en puntos precisos. Por ejemplo, el punto donde confluyen al saber que la existencia individual no está predeterminada. Antes, y ahora no es el caso, la sociedad determinaba el marco del comportamiento social. Hoy en día, tanto para una mujer, como para un hombre es lo mismo.

Es decir, no se puede predecir (lo que será) de una niña o un niño, como suelo decir.

Lipotvesky es el pensador que preconiza la hipermodenidad.
Lipotvesky es el pensador que preconiza la ‘hipermodernidad’.

P: ¿Qué opina del matriarcado en tiempos contemporáneos? Hay muchas sociedades que aún lo ejercitan… en México, por ejemplo. Es algo paradójico, pero la madre es la que tiene el control de la casa y los hijos…pese al machismo imperante. Somos totalmente surrealistas, así nos definió Breton en el siglo pasado.

R: (Lipovestky duda sobre la palabra. Matriarcado no está en su lista. O no la reconoce. Tenemos que ser ‘hipermodernos’ y le preguntamos al traductor de Google cuál es su equivalente al francés. Ocurre la respuesta y Lipovetsky se justifica).

Yo no soy especialista antropológico…pero el sistema matriarcal es de lejos una ilusión. Vamos, muchos antropólogos consideran que nunca hubo sociedades matriarcales. Hay sociedades matrilineales y hay sociedades con mucho poder de las madres, pero parece que es otra cosa.

Muchas sociedades, efectivamente, son dominadas por los hombres y los intercambios son dominados por lo masculino.

Todas las sociedades humanas siempre han reconocido un cierto poder a las mujeres. El problema de las sociedades antiguas es que, efectivamente, cada grupo tiene un cierto tipo de poder; pero el poder siempre más reconocido y más valorizado ha sido ese que está ligado al poder de los hombres.

Es como la mamma en Italia…sí, eso no es contradictorio, no necesariamente es contradictorio en las sociedades donde el poder es masculino.

P: ¿Conoce la teoría de Humberto Maturana respecto a la Cultura Matrística? ¿Qué le dice respecto a sus ideas sobre la mujer, Monsiuer Lipovetsky?

Respuesta: (El rostro de Lipovestky se relaja, las arrugas que genera al arquear las cejas se disuelven, y ríe irónicamente mientras contesta la pregunta) Yo lo conozco, he interactuado con él pero no conozco esa teoría particularmente.

P: ¿Por qué la cultura democrática no ha llegado hasta sus últimas consecuencias en esta emancipación de la mujer, si se ha liberado? ¿Sigue siendo el hombre el gran obstáculo?

R: Mire, no creo que sea una cuestión de sexo. El proyecto de emancipación, por definición, es infinito, no tiene fin. Estoy seguro que quizá las nuevas generaciones, entre los jóvenes, el problema de emancipación se plantee de una manera distinta por las propias mujeres.

Seguro en ciertos medios sociales se plantea de una manera distinta. Pero hoy, digamos, ya no es para muchas mujeres la libertad, no es la principal reivindicación. Hoy en día la ley es igualitaria, en ese punto, pues la emancipación llegó a su tope. De hecho, pienso que lo que caracteriza a la hipermodernidad es que para muchos hombres y mujeres la emancipación ya no está en primer lugar.

Por ejemplo, la búsqueda de la emancipación es válida, es vigente… para los homosexuales. La búsqueda del reconocimiento es vigente ahora mismo.

Las mujeres jóvenes en día se preocupan por su trabajo, por cómo encontrar mejores maneras de atender a los niños, pero no necesariamente cómo emanciparse. Parece que algunos filósofos plantean este problema todavía en términos de la Ilustración.

Pero probablemente la pregunta fundamental hoy en día es preguntarse cómo vivir mejor, cómo realizar lo que tengo ganas, lo que quiero hacer, ya no es una época donde se busca el derecho al aborto, el derecho al voto, hoy lo que un joven quiere es un buen trabajo, que le sea interesante, y viajar; hoy ya no es prioritaria esa visión de emancipación.

Jugando a la 'hipermodernidad'.
Jugando a la ‘hipermodernidad’.

P: Ahora en Francia, como en muchas partes, pero específicamente en Francia,  los ‘machos’ son una especie en peligro de extinción… las mujeres están haciendo una revolución con la aplicación ‘adopta un mec’…ya ‘compran’ hombres como en el supermercado… ¿Qué opina de ello?

R: (Lipovetsky ríe. Se ve sorprendido de que se sepa eso en León, Guanajuato. México. En la ciudad de los cueros y el padrenuestro que sueña ‘glocal’. Por eso Carlos María Flores lo invitó a la FeNaL).

Hay una doble evolución. Por un lado el machismo está totalmente descalificado, pero incluso sobre el plan ideológico el machismo se ridiculizó. Las mujeres se ríen cuando ven un comportamiento machista. Incluso ese sitio que dice ‘adopta un chavo.com’ ya ni siquiera es un problema, pero comento al mismo tiempo…

Ciertas reacciones que vienen de la migración se han endurecido. Por ejemplo los anarquistas, los Hermanos Musulmanes. En los grupos musulmanes hay un machismo terrible. Las chavas tienen que estar vigiladas permanentemente. Los hombres hablan mal de las mujeres y las desprecian. Tu ves hombres muy abiertos, que aceptan, y otros hombres que son verdaderamente intolerantes, que no aceptan.

No puedes categorizar de la misma manera. Pero eso complica muchísimo la idea de una evolución lineal, evolutiva, fatalista.

Me llama la atención su puntilloso análisis sobre el papel y los roles de la mujer en su libro ¿Qué piensa su mujer, Madame Lipovetsky… es una mujer ‘liberada’, ‘romántica’ ‘feminista’ ‘igualitaria’? Seguro le ha dicho algo en lo que no coincide, así son las mujeres…inteligentes.

R: (Lipovetsky brilla de pronto. Sus pupilas se dilatan y reducen el verde iris que las enmarca. Son ojos de quien ama profundamente a quien nombra. Desnuda su esencia. Es un amante de la segunda mujer y creador de la tercera a través del amor hecho de carne y hueso: sus dos hijas).

En el nivel de la teoría y del pensamiento, creo que mi mujer está de acuerdo con el libro. Aunque en la vida concreta, y ella a veces lo lamenta, no tuvo una vida profesional. Un día está contenta y otro día lo lamenta. Porque ella dice que le gustó ocuparse de nuestras hijas (porque) para ella era un conflicto. Yo la animaba a trabajar, pero sobre ese plan personal, ella se quedó en ese plan de ser ama de casa. Y no parece conforme.

Sin embargo, nuestras dos hijas, vamos, para completar su pregunta, ilustran perfectamente el modelo de la Tercera Mujer.

El hecho de que mi mujer no haya tenido una continua vida profesional, en realidad esto no viene sino de las situaciones mismas de la vida, de situaciones personales (aquí Lipovestky habla de su mujer como James Joyce hablaría de su Nora).

Ella se hizo cargo de nuestras dos hijas, y les ha orientado para trabajar en esa escala muy seriamente, que les permita llevar una vida profesional plena, en plenitud.

Esta supercomprometida en asociaciones, en actividades, en responsabilidades públicas, y esas actividades públicas incluso compensan lo que en otro tiempo no hizo o no quiso hacer. Ella tiene, efectivamente, eso gusto no solamente por ser mamá, sino abuela.

Antes era suficiente con ser abuela, pero ahora no. Aunque está contenta de ser abuela, ella necesita una vida pública. Es una de las dimensiones de la Tercera Mujer.

Al despedirme de Lipotvesky veo que en su brazo derecho trae un brazalete de tela gris donde destacan, sobre fondo negro, las letras VIP. Y descubro de golpe la hipermodernidad  en su brazo izquierdo que -ya con 73 años de vida- luce un austero, pero esbelto reloj CK.

  • Fotos: Ruleta Rusa