¿Qué se sabe de las mujeres de la Generación Beat?

A la falsa impresión de que sólo hay unos cuatro o cinco escritores beats (Allen, Ginsberg, William Burroughs, Jack Kerouac, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti) —cuando en realidad sobrepasan el número de sesenta— se suma el desconocimiento de las mujeres (¿otra versión machista de la historia literaria?).

Las explicaciones del olvido, la ignorancia o la tajante anulación de las mujeres beats pueden ser varias. Hasta hoy en día en los Estados Unidos han aparecido dos interesantes estudios sobre las mujeres beats, uno es de Alix Kate fechad en 1988; y el otro de Brenda Knight, en 1996.

Entre los muchísimos libros escritos sobre los beats, el más ameno, completo y descriptivo es la crónica que escribió Bruce Cook bajo el título The beat Generation, y si bien este autor menciona a algunas mujeres se refiere a ellas casi “de soslayo”, en comparación con los profusos comentarios (y hasta entrevistas) cuando se refiere a los hombres beats protagónicos.

Desde 1980 empecé a traducir poemas y a escribir presentaciones o ensayos sobre varias mujeres beats (trabajos que han aparecido en libros, revistas y suplementos culturales de México) ellas son: Diane di Prima, Leonore Kandel, Marge Piercy, Denise Levertov, Ruth Weiss, Diane Wakoski y Margaret Randall

Parte del estudio de Alix Kate lo pudimos conocer en español (traducido por Tania Lomnitz Adler) bajo el título de Las reinas del beat, ya que apareció en el suplemento La jornada Semana (en ese entonces con formato de revistas tamaño carta y dirigido por Roger Bartra) del 24 de septiembre de 1989, número en que también aparece mi ensayo Los poetas que cayeron del cielo y poemas que traduje de hombres y mujeres beats.

Alix Kate empieza su ensayo con el justo reclamo planteando:

“¿Dónde están las mujeres beats? Con excepción de la poeta Diane di Prima… son difíciles de encontrar… [Algunas]… son notables por el hecho de morir jóvenes y de manera violenta: Joan [Vollmer] Adams Burroughs muere balaceada por su esposo William Burroughs [en la ciudad de México, y éste pudo salir libre debido a la corrupción del sistema judicial mexicano], en 1951… Elise Cowen se suicida a los 28 años…”.

A partir del reclamo, es loable la intención de Alix Kate de hacer la denuncia y buscar una explicación para saber qué sucedió con las mujeres beats, aunque la autora mencionada tiene aciertos y desaciertos.

Kate acierta al darnos a conocer las vidas de varias mujeres que formaron parte del grupo beat, sobre todo a partir de algunas autobiografías de ellas que han circulado en las últimas décadas (en las cuales se basa la autora mencionada para tratar el tema). Esas autobiografías son: Troia: Mexican Memories de Bonnie Bremser, Minor Characters: The Romantic Odyssey of a Woman in the Beat Generation de Joyce Johnson, Memoirs of a Beatnik de Diane di Prima y Heart Beat: My Life with Jack and Neal (de este libro se filmó una película) de Carolyn Cassady.

Aunque no fácilmente ubicables las mujeres beats, Kate comenta:

Esto no quiere decir que no hubiera mujeres entre los beats. Existieron escritoras de ‘closet’, como Hettie Jones, esposa de LeRoi [Jones]… A las mujeres las encontramos en fotos tomadas en los cafés, escuchando jazz o poesía. Eran esposas, novias, chicas, se atizaban por entre las páginas de las memorias en las fiestas, cocinando comidas improvisadas, cuidando a los niños, pasando manuscritos a máquina o, como lo sugiere el título de las memorias de Johnson, como personajes menores de las novelas beats”.

Lo que nos dice Alix Kate es correcto, ¿pero no faltará algo más? ¿Hay mediaciones para explicar este fenómeno?

Bonnie fue esposa del poeta Ray Bremser (varias veces perseguido, convicto y encarcelado por asuntos de drogas, incluso, las veces que vivió en México andaba huyendo de la policía estadounidense). Bonnie y Ray tuvieron una relación sadomasoquista, en la que éste no sólo golpeaba a su cónyuge sino que hasta la obligaba a prostituirse (cuando vivían en la ciudad de México), mientras que él holgadamente consumía drogas y escribía poemas.

En otro momento, Ray decide que Bonnie vaya al estado de Texas para vender a la hija bebé de ambos. Con estos pocos datos veremos que Ray Bremser sobrepasa en maldito a William Burroughs, hasta lo indecible. En sus memorias Bonnie remata cada acto de abuso de su esposo declarando que los soportó por el gran amor que ella le profesaba, dando cuenta con esto de su profundo masoquismo. Esta relación de no fue la norma de todos los miembros de la Generación Beat, sobre todo si recordamos que la mayoría de estos poetas se inclinaban más por las búsquedas místicas apacibles.

Carolyn, de una belleza a la Marilyn Monroe, fue la esposa de Neal Cassady (beat prototipo, hiperactivo, el que de adolescente robaba automóviles para ir a hacer el amor en descampado con las muchachas de la escuela secundaria, llamado por Ginsberg “macho y Adonis de Denver”).

Alix Kate asegura que Carolyn fue una “esposa doliente” que desempeñó un papel de mujer tradicional y que representó a la Señora Beat esposa del Señor Beat (como si ella fuera la síntesis femenina y él la masculina de su generación), y la apologiza acusando a los hombres beats de haberla utilizado como la madre que tuvo los hijos de uno, los cuidó, alimentó y sirvió al igual que a los adultos (Ginsberg, Orlovsky, Kerouac, Burroughs, Corso —tal vez—) que por ahí pasaron para drogarse y ser atendidos por las mujeres mientras discutían las cosas que para ellos eran trascendentes sobre el arte y la vida, en tanto que Carolyn estaba en segundo plano, soportando incluso las perversiones de los demás.

Kate también le recrimina a los hombres beats, específicamente a Neal Cassady y a Jack Kerouac, que compartieran la vida sexual con Carolyn, lo que, según las memorias de ésta parece haber disfrutado mucho sabiéndose querida en una vida de comuna amorosa al estilo de los planteamientos utópicos de Charles Fourier; y la prueba de esto puede estar en los sentimientos de plenitud que Carolyn expresa a partir de vivir con Neal y Jack, cuando por ejemplo dice: “Empezó para mí una temporada de días y noches en las que me la pasaba cantando; ahora yo era parte de todo lo que ellos hacían y me sentía como la estrella del espectáculo. Me sentía por fin como una real contribuyente”. Carolyn también se refiere a Jack Kerouac como un “hombre tierno”.

Ahora podemos ver a Carolyn Cassady como una artista plena con un largo trabajo pictórico que incluye imágenes de varios miembros de la Generación Beat, y no parece que el haber sido esposa de un beat y madre de sus hijos haya mermado su actividad creativa.

Para Alix Kate, Diane di Prima es “…la única auténtica escritora beat”. Si Kate hubiera hecho la aclaración de que di Prima es la única auténtica beat comparada con Bonnie, tendría razón, pero al no aclararlo así deja ver su desconocimiento de otras magníficas y autentiquísimas poetas beats con obra poética relevante (como las mencionadas al principio y otras más).

Diane di Prima tuvo una vida impetuosa y es autora de una poesía muy vital, a veces humorista y contestataria, además de que rompió con la actitud de la mujer pasiva y tradicional

Alix Kate nos informa que Di Prima escribió sus Memorias de una beatnik por encargo de la editorial pornográfica Olimpia (empresa que saca la primera edición explotando el morbo de sus lectores potenciales), lo que para la poeta fue divertirse de antemano con lo que ella sabía que iba a ser escandaloso: descripciones detalladas de 25 posiciones para hacer el amor ­—¡al fin y al cabo una muy menor cantidad comparada con la del Kamasutra! —, sin contar relaciones heterosexuales, homosexuales y bisexuales en orgías. Fuera de lo escandalizante hay valores del ímpetu beat, de vida lúcida y en particular la actitud activa de Diane di Prima, quien dice cosas como:

Yo buscaba la luz y la libertad… éramos pocos —tal vez cuarenta o cincuenta en toda la ciudad [de Nueva York] — los que sabíamos qué queríamos, los que vagabundeábamos vistiendo pantalones de mezclilla y camisas de las que usan los obreros, los que fumábamos mariguana, los que nos iniciamos como el público del nuevo jazz y que hablábamos con el ‘slang’ de los negros. Teníamos el interés primordial de mantener nuestra integridad… un propósito difícil en medio de la terrible indiferencia y del sentimentalismo que existía en nuestro derredor… Nos buscábamos unos a otros para darnos consuelo, reconocimiento y amor; y de esta manera excluíamos al resto del mundo”.

Los poemas amorosos de Diane di Prima celebran tanto la libertad como el placer de disfrutar la vida.

El estudio de Brenda Knight, Women of the Beat Generation, fue publicado en 1966 por Conari Press de Berkeley, California, y en sus 372 páginas se ocupa de 39 mujeres beats clasificadas en cuatro apartados: precursoras, musas, escritoras y artistas de la imagen (pintura y fotografía). Esta autora ha podido situar a 24 mujeres beats con obra literaria considerable, incluyendo a las que antes hemos mencionado aunque olvida a Diane Wakosky y Margaret Randall.

Volviendo a la pregunta de Alix Kate: “¿Dónde están las mujeres beats?”, ésta ha sido ya bien respondida por Brenda Knight, quien comenta que en un homenaje a Allen Ginsberg en el Instituto Naropa (de Boulder, Colorado) alguien del público inquirió sobre el mismo asunto, y en esa ocasión el poeta Gregory Corso respondió: “Hubo mujeres, ellas estuvieron ahí, yo las traté, sus familiares las internaron en hospitales psiquiátricos, les aplicaron electrochoques. En la década de 1950 si eras hombre podías manifestarte como rebelde, pero si eras mujer tus familiares te encerraban. Hubo muchos casos que yo conocí, sobre los cuales algún día seescribirá”. Con este comentario podemos entender la difícil situación opresiva y represiva que las mujeres vivían en el contexto social (incluyendo al seno familiar) estadounidense de aquel tiempo, lo cual debió de haber sido más determinante que el “machismo” de los beats que reclama Kate.

La atmosfera opresiva del capitalismo Moloch, como diría Allen Ginsberg, aunque con diferencias fue sufrida por hombres y mujeres, y para darnos cuenta de esa percepción del momento hecha por un poeta bastaría con la lectura del poema Aullido

Y a propósito está el caso de Elise Cowen (a ella se refiere Kate como mecanógrafa de un hombre beat, debido a que pasó a máquina el poema Kaddish de Allen), a quien Ginsberg consideró su “hermana gemela” ya que además de que era judía y poeta mostraba su gran parecido físico con él, hecho del que ellos mismos quisieron dejar testimonio en una fotografía en la que están abrazados mirando de perfil tres cuartos hacia un mismo sitio, ambos llevan puestos sus anteojos con lentes “de fondo de botella”.

Elise Cowen fue internada en hospitales psiquiátricos igual que Ginsberg, y un día de 1962 ella se lanzó al vacío desde una alta ventana. Sus poemas se publicaron en varias revistas de la época y aparece una buena selección de ellos en el libro de Knight.

Pero así como pudo haber mujeres pasivas o con resultados trágicos en la Generación Beat, contamos con otras cuyas luchas personales se impusieron a los acontecimientos opresivos, combatieron contra demonios, destacaron con su nueva sensibilidad, batieron contra demonios, destacaron con su nueva sensibilidad y ahora las vemos como autoras de importantes obras literarias (entre las 24 mencionadas por Brenda Knight se cuentan unos trescientos libros publicados) en las que leemos no sólo testimonios sino también cantos profundos a la vida y al gozo.

Entre estas autoras no podemos olvidar a Leonore Kandel, autora del poemario erótico-amoroso The Love Book condenado por un juez a salir de circulación; Ruth Weiss, con canoros poemas de iluminación que hacen disfrutar las pequeñeces de la vida en suaves aromas frutales; Anne Waldman, vibrando con su público al leer poemas que son modernas piezas de oratoria; Mary Norbert Körte, quien dejó el convento católico para adoptar una vida contestataria y cantar a la naturaleza; Denise Levertov, que habiendo pertenecido al grupo de poetas del Black Mountain College se traslada a Berkeley, y es una de las protagonistas del auge contracultural de la década de 1960; en fin, otras más como Joanna McClure, Hettie Jonnes, Joanne Kyger, Joyce Johnson y Jannine Pommy Vega.

Es innegable lo señalado por Joyce Johnson sobre que las mujeres aparecen como personajes secundarios en la literatura de los hombres beats (asunto que es extensivo a muchísima literatura escrita por hombres en todo el mundo, lo cual ya había planteado Alejandra Kolontay en un ensayo que escribió en las primeras décadas de este siglo). Ahora bien, lo anterior es más cierto para la narrativa (novela y cuento) que para la poesía.

Si se lee con detenimiento la novela El camino de Jack Kerouac, las mujeres no sólo están alejadas de ser protagonistas sino que desempeñan papeles de estar “al servicio” de los hombres y no dejan de haber algunas alusiones misóginas. La novela Los subterráneos, del mismo autor, podría ser el contrapeso de la anterior respecto al tema señalado, ya que se trata de una historia amorosa en que aparecen el hombre y la mujer como personajes centrales, donde Kerouac platica su apasionado encuentro con Madou Fox.

Sobre las mujeres beats, parodiando el estilo del poema Aullido, Anne Waldman escribió un ensayo:

“…conocí a interesantes y creativas mujeres, quienes se volvieron alcohólicas perdidas [teporochas] por sus novios, quienes vagaron por sus novios, quienes cancelaron su poesía y sus aspiraciones artísticas, quienes durmieron en cualquier lado para ser populares, quienes tuvieron serios desórdenes alimenticios, quienes cancelaron sus embarazos no deseados recolectando dinero para hacerse un aborto, quienes dieron a sus hijos en adopción…

Tal vez falte tiempo y más información para hacer el balance completo del papel que desempeñaron las mujeres en la Generación Beat; por lo pronto, el estudio de Brenda Knight ya es uno de los pasos más avanzados. Esta autora, también en referencia al inicio del Aullido, concluye uno de sus textos diciendo que las mujeres fueron parte de “las mejores mentes de la Generación Beat”.

Ruleta Rusa agradece a nuestro aliado editorial Taller Igitur las facilidades para la publicación de este texto. 

  • Foto: Fred W. McDarrah (Diane di Prima en el Gasligth Cafe. NY.1959)