La reposición de la ópera ‘Tosca’ en el Teatro del Bicentenario ha levantado el vuelo. Quedan dos funciones para encarcelarse en la pieza cumbre que urdió Giacomo Puccini y lanzarse literalmente, al vacío del bel canto.

Este martes 5 en el recinto leonés y el  domingo 10 en el Teatro Juárez de Guanajuato, la puesta en escena que tiene por primera vez la colaboración del Instituto Estatal de la Cultura (IEC), la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (UG), y el Forum Cultural, quiere dejar un buen sabor de boca para cerrar fuerte el telón de 2019.

Imposible no comparar la primera producción de 2014 con esta reposición, que tiene el resabio de la de hace cinco años y ambas no desmerecen una de otra, acaso mayor fuerza y presencia interpretativa en esta última.

Dividida en tres actos, Tosca no da tregua ni asomo de calma, casi todos los protagonistas cambiaron en este nuevo montaje y bien librados en su conjunto, el ensamble de intérpretes que da vida al drama de la enamorada Floria Tosca, ganó a pulso las palmas en su segunda función.

Y que me disculpen los géneros periodísticos pero valen bien los adjetivos para una Eugenia Garza-Alemán excepcional, con registros sublimes y alturas belcantistas de primer orden en su papel de Floria

El montaje de ‘Tosca’ está ambientado en la Italia fascista bajo el dominio de Mussolini.

Ni qué decir de Genaro Sulvarán como el Barón Scarpia, tan aplaudido como regio por su tesitura, la empatía dramática con Floria y que precisa, eso sí, de  mayor garbo y una presencia escénica fuerte, poderosa.

De Mario Cavaradossi, el amante de la mujer,  encarnado por Adrian Xhema, es innegable su limpieza en la interpretación, la potencia cuando arremete un aria o la contención de una frase para aventarla luego a los oídos y acariciarlos.

El director escénico, Enrique Singer, sacó a la obra original de inicios de 1900 para ponerla en la época del fascismo italiano, con la lucha de poder a poder, el del Estado y el del amor, dos purezas en juego; y entonces toda la magnificencia arquitectónica de ese tiempo, plasmada en las columnas ideadas por Philippe Amand en la escenografía, con la belleza lumínica de Víctor Zapatero y el vestuario de Carlo Demichelis.

Con proyecciones multimedia y una dirección musical portentosa de Roberto Beltrán Zavala, Tosca contó y bien, los avatares de la joven Floria, quien da muerte a Scarpia para poder huir con su amado, quien fue preso por disidente.

Hubo muchos entresijos, varios, que hacen de esta obra del italiano una amalgama dramática bien orquestada, con tensión, intriga, pasión que va desbordándose mientras todo transcurre.

Esta reposición del Teatro del Bicentenario que emocionó al público a rabiar, se hace acompañar del Coro del Teatro del Bicentenario , así como de los Coros de Valle de Señora.  

Son 150 minutos de emoción con dos intermedios.

  • Fotos: Teatro del Bicentenario
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