Sin duda 2018 ha sido el año electoral más violento en la historia de México, con más de 138 políticos asesinados desde que comenzó la campaña. Dicho sea de paso, estos asesinatos ocurren en el contexto de una ola de violencia continua que cobró 8 mil vidas en el mismo período, en un país donde al menos 35 mil personas están clasificadas como “desaparecidas”.

Mientras las elecciones en México plantean cuestiones vitales para la clase trabajadora mexicana e internacional, por lo pronto Andrés Manuel López Obrador, líder del Movimiento para la Reconstrucción Nacional (Morena), fue elegido presidente por un margen masivo en medio de una alta participación electoral. Sus dos opositores principales, José Antonio Meade (Partido Revolucionario Institucional, PRI) y Ricardo Anaya (coalición Juntos por México, que incluye el Partido Acción Nacional, PAN, y el Partido de la Revolución Democrática, PRD) concedieron temprano desde ayer por la noche. Aunque los resultados completos no se conocerán hasta la tarde del lunes, las encuestas a boca de urna le dan a López Obrador entre 43 y 49 % de los votos, por delante de Meade, que obtuvo entre el 22 y 26 %, y Anaya con 23 a 27 % de los votos.

Otras encuestas de salida tienen a López Obrador con el 50 %. Otros candidatos de Morena también parecen tener posibilidades de ganar, incluida Claudia Sheinbaum, candidata de Morena para alcalde de la Ciudad de México, que pone fin a 21 años de control del PRD. Según los informes, Morena también ganará las Gubernaturas de los estados de Morelia, Tabasco y Chiapas. Un número récord de votantes emitió sus votos.

Los votantes esperaron durante horas en los centros de votación y para el mediodía más del 50 % del electorado ya había votado. Al final del proceso electoral, el 70 % había votado, una participación histórica

Los resultados muestran pues un colapso en apoyo de los principales partidos de la burguesía mexicana frente a la hostilidad generalizada y la desigualdad, la violencia sancionada por el estado, la militarización de la sociedad y las políticas xenófobas del presidente Donald Trump. El PRI y el PRD fueron devastados por los resultados. Las encuestas de salida de las elecciones legislativas muestran que la alianza encabezada por Morena, que también incluye al Partido de Encuentro Social de derecha cristiana (PSE) y el Partido de los Trabajadores (PT), con más del 50 por ciento de los diputados federales.

Según los resultados no oficiales de la encuesta de salida, el PT ganó entre 64 y 75 escaños, casi el doble del total esperado del PRI (entre 37 y 47 escaños). El PAN ganó entre 63 y 76 escaños, y el PRD entre 33 y 43 escaños. Se espera que Morena gane entre 127 y 142 asientos. Si estos resultados se mantienen, el PRI habrá perdido tres cuartas partes de sus escaños actuales en la cámara de diputados. Los resultados proyectados del PT—un partido con orígenes maoístas— serían particularmente notables si se mantienen. El PT actualmente tiene cero escaños en la cámara de diputados (aunque tiene 19 de 128 escaños en el Senado).

En una declaración de ayer, López Obrador dijo que emitió su voto presidencial simbólicamente para Rosario Ibarra de Piedra, ex candidata del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y ahora miembro del PT

Los candidatos de los partidos que se oponen a Morena y López Obrador fueron conciliadores en sus discursos de concesión, lo que indica una intención por parte de la clase dominante de aceptar la elección de López Obrador. La prensa burguesa ha elogiado las elecciones como “una victoria para la democracia”. Sin embargo, la votación se vio empañada con varios cientos de incidentes de violencia y desapariciones. Cuando las urnas se iban a abrir, Flora Reséndiz González, de 49 años, activista del PT, fue asesinada en su casa en Contepec, Michoacán. Reséndiz murió en el hospital a las 6:30 a.m. Su muerte se sumó a los 138 candidatos asesinados durante la campaña electoral en México. El líder del PT Alberto Anaya Gutiérrez condenó el asesinato y pidió una investigación: “Estamos profundamente tristes por la muerte de nuestra querida camarada”, declaró Anaya, quien agregó que éste y otros asesinatos son síntomas de “descomposición social”.

El asesinato de candidatos ha sido pues una característica de esta campaña. Se culpa a las bandas de narcotraficantes locales que deciden con impunidad qué candidato no es aceptable para ellos

Este pasado domingo, día de la elección, hubo también informes en los estados de Chiapas, Veracruz y México sobre la destrucción de casillas electorales, pistoleros armados que forzaban a los votantes a votar e instruirlos sobre cómo votar. En Veracruz, en un incidente aparentemente no relacionado con la votación, dos hombres que esperaban en la fila fueron secuestrados y desaparecidos.

Las urnas se abrieron a las 7:00 de la mañana. El titular del Instituto Electoral Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, indicó que había 156 mil 807 colegios electorales en todo el país y que sólo 4 no abrirían. En México, existen aproximadamente unos 89 millones de votantes, la mitad de los cuales tienen menos de cuarenta años. Trece millones son electores por primera vez. En general, más de 3 mil 400 promulgaciones están siendo determinadas por el voto. Además de elegir un presidente, los votantes mexicanos también votaron para ocupar 500 escaños en la cámara baja del Congreso y 128 escaños senatoriales.

La participación masiva refleja pues, como se advertirá, la ira y frustración de la clase trabajadora mexicana. Además de la indignación por más de 200 mil asesinatos y decenas de miles de desapariciones en los últimos doce años. En consecuencia, existe un gran enojo por problemas relacionados con el aumento de la pobreza, la desigualdad y la corrupción generalizada del gobierno y la impunidad de actos delictivos.

Una élite empresarial, aliada con el PRI gobernante, en alianza con el PAN y el PRD, es ampliamente odiada. El colapso del PRI es particularmente significativo, ya que el partido ha ejercido su dominio sobre el sistema político del país durante casi un siglo, con la excepción de dos presidencias del PAN de 2000-2012.

La ira popular ha alimentado el apoyo a López Obrador, particularmente entre los votantes jóvenes, quienes repetidamente han demostrado que no tienen confianza en los partidos tradicionales

Una estimación basada en las redes sociales le da a López Obrador el 51 %  del voto juvenil, seguido por el 24 % para Meade del PRI y el 14 % para Anaya de la coalición PAN. Los mítines de protesta tuvieron lugar en las mesas de votación especiales, configuradas para aquellos votantes que no pudieron llegar a sus lugares asignados. Muchos de ellos se quedaron sin boletas, ya que los votantes exigieron su derecho democrático a votar. De ahí que para algunos analistas internacionales, López Obrador, representado durante mucho tiempo como un “izquierdista”, que no alcanzó la presidencia en las elecciones de 2006 y 2012, organizó con ésta una campaña pro corporativa.

Su objetivo principal era convencer a las clases dominantes de México y Estados Unidos de que su elección no afectaría el beneficio privado ni las relaciones de propiedad capitalistas.

A CONTRALUZ (NOTAS AL CALCE)

1)En el contexto internacional se estima que la llegada al poder de López Obrador no dará salida a la crisis actual, sino a su aguda intensificación y a nuevos peligros para la clase trabajadora mexicana. La percepción es que más temprano que tarde, una administración dirigida por Morena traicionará las aspiraciones masivas de poner fin a las dificultades y el sufrimiento social que López Obrador ha explotado cínicamente.

No hay duda pues de las ilusiones populares sustanciales en López Obrador. Político profesional de 64 años, comenzó su carrera en el PRI, dejándolo por el PRD y dos veces como candidato presidencial. López Obrador fundó Morena después de que el PRD giró bruscamente a la derecha, firmando el “Pacto por México” 2012 de Peña Nieto, que abrió el mercado laboral mexicano, su sistema educativo y los sectores de energía, finanzas y telecomunicaciones a los esquemas de privatización y las llamadas “reformas de libre mercado”.

2) El cierre de la campaña de AMLO la noche del pasado miércoles, frente a una multitud que llenó el estadio Azteca en el sur de la ciudad de México, ilustra, como ningún otro ejemplo, la aguda contradicción entre las ilusiones populares en López Obrador y la realidad de su posición de clase y programa político. Aunque prometió que los partidos gobernantes del pasado perderían las elecciones, prometió que “no habrá represalias”.

Esto significa que los crímenes de los últimos seis años, incluida la desaparición y presunto asesinato de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, junto con incontables masacres por parte de las fuerzas de seguridad del estado, sin mencionar la corrupción generalizada que AMLO ha convertido en la pieza central de su campaña, quedará impune.

Por otro lado, López Obrador ha prometido que “buscaremos la unidad en la medida de nuestras posibilidades”. De hecho, ex funcionarios derechistas del PRI y el PAN ya se están integrando al posible gabinete de AMLO, garantizando la continuidad de las políticas antiobreras y no sólo lopezobradoristas, llevadas a cabo por ambas partes durante el curso de décadas.

Así también, López Obrador señaló su disposición a entablar un diálogo y llegar a acuerdos con Donald Trump, quien después de Peña Nieto es el hombre más odiado en México por su racismo sin trabas, persecución de inmigrantes y la exigencia de que México pague hasta 15 mil millones de dólares para construir un muro. En consonancia, López Obrador dijo que propondría a Trump la creación de “algo así como la antigua Alianza para el Progreso”, el programa de ayuda inaugurado por el presidente Kennedy en 1961 con el objetivo de acercar a América Latina al imperialismo estadounidense y evitar revoluciones nacionalistas de izquierda como en Cuba.

3)Así las cosas, y emergiendo desde temprano como vencedor, López Obrador se ha movido constantemente hacia la derecha, incluso cuando la oligarquía mexicana, que anteriormente lo denunció como un demagogo empeñado en convertir a México en una nueva Cuba o Venezuela, se movió a aceptarlo. De hecho, Carlos Slim, el hombre más rico de México y el hombre formalmente más rico del mundo, advirtió recientemente que si AMLO no lograba ser elegido presidente, el país enfrentaría inestabilidad económica.

En una comparecencia ante los principales bancos mexicanos en marzo, el candidato de Morena juró que el “régimen de propiedad” en México sería respetado, sin planes de “expropiaciones o nacionalizaciones”. Juró así también su lealtad a la “economía de mercado” y prometió que sus políticas no “afectarían en absoluto al sector bancario”. Del mismo modo, sus asesores rechazaron denuncias anteriores sobre el impulso de privatizar el sector energético antes controlado por México y lo han abierto a la explotación por parte de conglomerados internacionales, prometiendo que todos estos contratos serán respetados.

Por su parte, los mercados tuvieron en cuenta desde hace meses la victoria de López Obrador y, en general, no vieron en él una amenaza para los intereses del capitalismo mexicano e internacional. “Esta estabilidad es sorprendente” —comentó el director general de la Bolsa Mexicana, José Oriol Bosch—. “Siempre hay quienes buscan lo negativo, pero lo que se está demostrando en los mercados es que el país está preparado para este proceso”. Después de sus reuniones con ejecutivos de los principales bancos internacionales como Citigroup Inc. y JPMorgan Chase & Co. en los últimos meses, Wall Street fue igualmente optimista con respecto a la victoria de AMLO.

4)La clase obrera internacional ha tenido pues experiencias amargas con partidos burgueses como Morena, que descansan en capas opulentas de la clase media y empleando frases vagamente izquierdas como “esperanza” y “cambio”. La más cercana, justo al otro lado de la frontera norte con México, los trabajadores estadounidenses tuvieron tal experiencia con el demócrata Barack Obama, aclamado por la seudoizquierda como un “presidente transformador” que, una vez en el poder, impuso políticas que expandieron la guerra, aceleraron la transferencia de riqueza de abajo hacia arriba y aumentaron las deportaciones masivas a niveles récord.

Luego , por otro lado, se encuentra las elección de Syriza en Grecia. Aclamado por los partidos pequeño-burgueses de izquierda en todo el mundo, Syriza llegó al poder en 2015 sobre la base de promesas de poner fin a las medidas de austeridad impuestas por la UE, capitulando en pocos meses, pisoteando un referéndum, y rechazando la austeridad e imponiendo recortes exigidos por bancos internacionales. Para no pocos analistas extranjeros, existe pues una sorprendente similitud entre las campañas emprendidas por Syriza y Morena.

Syriza formó una coalición después de las elecciones de 2015 con los independientes griegos, un partido nacionalista de derecha que defiende las políticas antiinmigrantes y el apoyo a la Iglesia ortodoxa griega, misma que se ha involucrado en un abierto antisemitismo. Morena por su parte, se postuló para las elecciones de este domingo como parte de una coalición que incluye el Partido de Encuentro Social (PSE), un partido de derecha compuesto principalmente por cristianos evangélicos que lucha contra los derechos de los homosexuales, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto.

Esta notable simetría no es de ninguna manera una coincidencia. En ambos casos, la alianza de estos supuestos candidatos burgueses de “izquierda” con partidos de extrema derecha representa una señal inequívoca para el establecimiento gobernante de que se les puede confiar para defender los intereses del capital nacional y extranjero, incluso con el apoyo de la mayoría de las políticas derechistas.

5)En el contexto internacional, Morena y López Obrador representan pues los intereses del capitalismo. Ya de entrada es notable que López Obrador no abrazó ni dio la bienvenida a las luchas explosivas de los trabajadores y oprimidos mexicanos, desde las protestas de gasolinazo contra el aumento de los costos de energía hasta las huelgas de maestros y las luchas en curso de las víctimas de la violencia estatal.

Así las cosas, mientras López Obrador promete la forma más barata de populismo, una lucha contra la corrupción, garantiza la impunidad para los corruptos, y un mínimo aumento en los programas de asistencia social para los pobres. De ahí, que como algunos observadores internacionales advierten, puede ser cierto que el gobierno de López Obrador responderá a la presión de la clase trabajadora no con concesiones, pero con ataques feroces en defensa de los intereses de la élite financiera que acabó, finalmente, por abrazar a AMLO.