La llegada del llamado ‘Autobús de la Libertad’ encendió la rebelión de la comunidad LGBTTI en Guanajuato. En León, una de las ciudades más conservadoras de México, este sector social salió a reclamar contra la intolerancia sexual y dejó una lección importante.

El ‘camión del odio’, así le llaman ahora al autobús naranja que paradójicamente se promueve como ‘de la Libertad’. Una propuesta que inició en España la agrupación ultraconservadora y católica Hazte Oír, y que está recorriendo desde junio diversas ciudades de México.

Con el eslogan “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen” abrió su recorrido en España. En México el eslogan cambió a un imperativo “¡Dejen a los niños en paz” #ConMishijosNoseMetan”.

El ‘camión del odio’ fue cubierto por la bandera arcoiris.

En su paso por León, la noticia de que el llamado ‘camión del odio’ fue detenido por la comunidad LGBTTI se viralizó, porque el autobús naranja donde viaja Juan Dabdoub -de apellido árabe que encuadra ambos sexos… o que significa ‘punta’-, presidente del Consejo Mexicano de la Familia, se ‘topó con pared’  en la ciudad zapatera que tiene a San Sebastián, patrono de la comunidad gay, como protector.

Apenas el pasado martes 4 de julio, Dabdoub tapó la boca a una mujer que le cuestionó sobre su opinión respecto a los matrimonios entre personas del mismo sexo mientras él daba una entrevista a medios en Tepatitlán, Jalisco. Los hechos fueron transmitidos en vivo vía Facebook por el portal Semanario 7 Días.

Dabdoub muestra al mundo su ‘ideología’ judeo-cristiana intolerante.

¡No me tape la boca! ¡¿Qué le pasa, por qué toca mi boca?! ¡Usted no puede tocarme. Usted no puede callarme. No puede callarme! ¡Allí está la prueba de que ustedes aplican violencia y callan!”, fue el reclamo de una valiente mujer.

La pretensión de Dabdoub, y sus huestes, es manifestar su rechazo abierto a lo que llaman ‘ideología de género’, el aborto y los matrimonios igualitarios

En las protestas de León la presencia más notable, mediáticamente, fue la de la Rubí Suárez Araujo, regidora guanajuatense y transexual, que arengó hacia la protesta para evitar que Dabdoub y sus acompañantes bajasen del autobús. Lo cual lograron. Pero tampoco faltaron grupos de personas que manifestaron su apoyo a Dabdoub. Ambos grupos se enfrentaron a gritos, cada cual con sus consignas. No hubo nada qué lamentar, pese a las escaramuzas verbales.

Ya se va la diosa muy desconsolada, porque en Guanajuato no le dan posada”, fue un canto paródico de la comunidad LGBTTI, en alusión a un villancico religioso. Habrá que ver si aquí también se presentan denuncias penales contra l@s manifestantes, pues en España se lleva a cabo un juicio contra mujeres feministas que usaron parodias religiosas para manifestar su rechazo al machismo en la llamada marcha del ‘Coño insumiso’.

En León la llamada Marcha del Orgullo Gay suma en cada edición a más personas, se celebran bodas entre personas del mismo sexo, ya se ha logrado que una pareja de gays tenga una hija –a través de la inseminación artificial y con el apoyo de una mujer para lograr la concepción-, también se abren testimonios de lucha por el respeto y la tolerancia como el de Anami Lee Tapia Torres, un valiente chico transexual.

Anami Lee Tapia, una muestra del poder y amor a sí mismo.

La rebelión de la comunidad LGBTTI en Guanajuato cuenta con poderosos aliados que pocos han notado. El pasado 10 de septiembre de 2016, en la llamada Marcha por la familia, convocada por el Frente Nacional por la Familia, en Celaya, Guanajuato, un menor de edad encaró al contingente conservador. La noticia y la foto –capturada por el periodista Manuel Rodríguez- le dieron la vuelta al mundo.

Como en la imagen icónica de un hombre que se planta frente a los tanques de guerra que enfilan para concretar la matanza de estudiantes en la Plaza de Tiananmén, en China, desde Guanajuato un niño celayense de 12 años se plantó también frente a un contingente de más de 10 mil personas e hizo historia.

César, con apenas 12 años, se enfrenta con valentía a una manifestación de ideas en Celaya.

Tengo un tío que es gay y no me gusta que lo odien”, fue la respuesta de César al periodista Manuel Rodríguez.

En otro momento, años atrás, en 2015 Desmond N. provocó una reacción mundial en cadena, a favor y en contra. El niño de 8 años aparece al frente del desfile del Orgullo Gay en Nueva York, vestido con un tutú multicolor, abalorios y una especie de gorro dorado.

Desmond desencadenó con su manifestación una ola de protestas y apoyos en todo el mundo.

Si os ofende, no miréis. Ya es lo bastante mayor e inteligente para entender que iba a marchar en el desfile del Orgullo delante de miles de personas y lo hizo porque quiso. De hecho, pensábamos que se pararía después de andar 10 manzanas, pero se sentía tan bien así vestido y siendo quien es, que acabó desfilando y bailando durante las dos millas completas.

Nosotros le ayudamos con el ‘look’ porque así es como quería verse. Fue su Orgullo. Lo sintió. Lo disfrutó. Lo hizo suyo. Estos niños serán nuestro futuro. Acogedlos como son. Lo único que piden es el mismo amor, respeto y aceptación que cualquier otro niño“, fue la respuesta pública de su madre Wendylou Napoles, a través del muro de Facebook de la web LGBT NewNowNext:.

En las protestas de la comunidad LGBTTI de León la lección histórica es similar a los casos de Celaya o Nueva York –aunque seguro hay muchos más que no han sido mediatizados-. Había muchos niños apoyando a una sector social que ha sido históricamente rechazado, vejado, sometido, aporreado, perseguido, martirizado, despreciado, segregado.

Las niñas y niños son fundamentales para desterrar el odio hacia las diferencias.

Las fotografías y vídeos que inundan las redes, a partir de este acontecimiento, llaman mi atención. Encuentro a una niña, amiga de mi hija, que no tiene preferencias sexuales distintas a lo que llamamos ‘natural’, pero las respeta –como mi hija-. Y eso indica algo.

La hipocresía parece tener un toque de queda. Muchos podemos tener en casa un familiar con una sexualidad no heterosexual. Y ya no es tolerable que se le violente. Nunca más.