El Apocalipsis no fue un género creado por san Juan el evangelista. Su escritura está inserta dentro de la tradición judía. Como se sabe, dicho estilo literario apareció antes de Cristo, para darle voz, a la palabra, en momentos de crisis. Los libros de los profetas del Antiguo Testamento son la prueba más representativa de esto.
El libro: Crisis o Apocalipsis (El mal en nuestro tiempo) de los autores, Javier Sicilia y Jacobo Dayán, hace su recorrido por este derrotero. Libro socrático: diálogo entre dos pensadores que se atreven a criticar todo aquello que nuestra sociedad contemporánea ha normalizado. Ensayo que en algunos de sus apartados roza los linderos del pesimismo.
Crisis o Apocalipsis es un libro de reflexiones morales entre un creyente y un laico; quizá emparentado con las discusiones que tuvieron en su momento, Michel Onfray, Gianni Vattimo y Paolo Flores D´ Arcais, y, que, plasmaron en el libro: ¿Ateos o creyentes?, publicado en 2009. En este caso, la obra de Javier Sicilia y Jacobo Dayán versa sobre la crisis que sufre el mundo, pero específicamente Occidente. Sobre el desgaste moral por supuesto, y la debilidad de los cimientos que sostuvieron por miles de años, a este lado de la geografía cultural. Dayán, activista laico, especialista en Derecho Internacional, y, Sicilia, poeta católico, nos adentran en esta discusión.
El libro está configurado por cinco apartados y un prólogo. El preámbulo, escrito
por el profesor de filosofía, Luis Xavier López-Farjeat, abre la presentación con las
palabras de, Nur Al-Din Hayyay, que dicen lo siguiente: “Con todo este mal, esperamos
algo peor”. Inmediatamente después, una nota introductoria nos informa que la obra está
inspirada en el diálogo que sostuvieron, en 1995, Jorge Semprún y Elie Wiesel, como
víctimas de los campos de concentración.
¿Quién podría con palabras, decirnos qué es el mal? Quizá, el que lo ha experimentado, el que lo ha vivido en su propia vida, y, ¿quién podría ser ese mensajero? Probablemente, la víctima. Y es así como un poeta afectado por la violencia más extrema se atreve a reflexionar con su interlocutor, un activista social, a partir de la voz estentórea de la denuncia. El índice del libro está dividido de la siguiente forma: 1. La voz de las víctimas, 2. Formas de la inhumano, 3. Crisis o Apocalipsis, 4. El caso México y 5. El mal y la resistencia.
El diálogo comienza con el capítulo, La voz de las víctimas, donde los autores
recuerdan el sufrimiento que padecieron todas aquellas personas que fueron perseguidas,
encarceladas o bien, asesinadas por los totalitarismos tanto de izquierda como de derecha;
el diálogo rememora los campos de exterminio nazi, del mismo modo que recuerda
también, el Gulag soviético.
En el intercambio de palabras, los escritores hacen referencia a Semprún, Wiesel, Levi, Celan y Solzhenitsym, que soportaron la represión de los sistemas cerrados del siglo XX. Como sabemos, todos ellos, gracias a sus testimonios nos informaron sobre el sufrimiento; dieron la cara para mostrar el mal desde la óptica de la víctima. Nos mostraron como lo predijo Goya, que: los sueños de la razón ―instrumental, dirían los francfortianos― producen monstruos.
Según Javier Sicilia y Jacobo Dayán, siguiendo a Adorno, nos informan que fue ahí, en la modernidad, donde inició la fisura de Occidente. Y es aquí, precisamente, en este punto, donde se erige contundente, la voz de las víctimas
Recordemos sus libros: Si esto es un hombre (de Primo Levi), La noche, El alba y El día
(de Wiesel), El largo viaje (de Semprún) y el poema, Fuga de la muerte (de Celan). ¿Acaso Occidente olvidó estas voces? A lo mejor, desgraciadamente, contrario a lo que creyeron los ilustrados, la historia no progresa, sino que es cíclica: vuelve. Las víctimas claman: ni perdón ni olvido: justicia.
A ¿dónde fue a parar el optimismo de Fukuyama? ¿Por qué fracasó la ONU y La Declaración Universal de los Derechos Humanos? La Guerra Fría quedó atrás, ahora parece que nos encontramos en el umbral de la multipolaridad, aquello que los especialistas están llamando, el Great-Power Competition, ¿Cómo negar el retroceso? El mal continua en ascenso.
La discusión continua con el apartado, dos, Formas de lo inhumano. En donde se
muestra la sobre estimulación de la que somos objeto, y que se debe al advenimiento de la
tecnología y automatización del mundo. Frente a las pantallas digitales, solo somos
mercancía enajenada por videojuegos, pornografía, redes sociales y compras compulsivas.
Ahí, exponen los autores, basándose en la banalidad del mal de Hannah Arendt, como seres comunes y corrientes, y con vidas “normales”, pueden cometer las peores crueldades tal y como en su momento lo hicieron los nazis. Probablemente, el ejemplo paradigmático de esto, sean los campos de desapariciones encontrados en las ciudades de México. Al igual que, en la Segunda Guerra Mundial, el exterminio se ha vuelto industria y espectáculo.
¿Dónde quedaron los principios del humanismo occidental? ¿Dónde quedó la búsqueda de
la verdad? Ahora pareciera que todo se transformó en pos-verdad e ideología. Atrás quedó
el Estado benefactor, atrás también, dejamos al Estado débil, nos encontramos ahora, en la
era del Estado en crisis: sobrepoblación, migración, violencia extrema, cambio climático y
enfermedades mentales. Estamos ante el mundo roto: circulamos el abismo.
En Crisis o Apocalipsis, el tercer capítulo, Dayán y Sicilia acuerdan que el meta-
relato occidental esta cimentado sobre el discurso cristiano, quizá con ecos del ensayo de Novalis: Europa o la cristiandad; afirman que la raíz de Occidente es cristiana y, que, la parábola del Buen Samaritano fue durante mucho tiempo, la piedra angular de nuestra
civilización
La moral para el prójimo, fue fundadora y fundante, es así que los hospicios,
los hospitales y muchas de las escuelas las creó la Iglesia católica con la finalidad de
proveer comunidad entre los creyentes. Los griegos, la tradición judeocristiana y el derecho romano instauraron la cultura europea. El Dios encarnado, vitalizó nuestra civilización, es decir, Occidente es impensable sin la idea católica de salvación de toda la humanidad. No somos más, creaturas, sino hijos de Dios. San Pablo, el creador del universalismo (para Badiou) supo integrar de manera magistral: la religión judía, la filosofía griega y la justicia romana.
Aunque todo este esplendor, argumentan los escritores, estuvo lleno de quiebres que son evidentes y rastreables. Ellos consideran los siguientes quiebres: 1.- La caída del Imperio Romano, 2.- La Revolución Francesa, 3. La Revolución Industrial, 4.- El triunfo del Capitalismo y, 5.- Las dos guerras mundiales. Conforme a los autores (hoy, siglo XXI), nos encontramos en una era que, para Sicilia, el poeta: es el “fin de Occidente”; y en oposición a esto, Dayán, cree, que solo estamos ante un nuevo modelo de vida; es decir, nos encontramos ante un “cambio de paradigma y los algoritmos vigilantes”. De este capítulo se desprende la pregunta: ¿hacia dónde vamos?
El caso México. Nuestro país es uno más dentro de la decadencia Occidental. Para
los autores, luego de la colonización europea, el Estado mexicano ha ido adaptando para sí, el discurso del Viejo Continente en la mayoría de sus facetas. Después de tomar las ideas ilustradas y la creación del Estado laico, también tomamos parte en el proyecto económico neoliberal, tecnológico y de aceleración contemporáneo.
Esta forma político-económica como se ha evidenciado hasta el cansancio, más que traer bienestar, ha devastado el planeta, trayendo como consecuencias: calentamiento global y pandemia; que, en México, con alianza del crimen organizado ha alcanzado niveles de alarma mundial. Todo muestra que a las fuerzas políticas que se disputan el poder en nuestra patria, les es imposible conducirse con legalidad. La disyuntiva mexicana pareciera ser esta: autoritarismo político y/o autoritarismo criminal.
En el último capítulo, El mal y la resistencia, los escritores realizan un recorrido
sobre las respuestas que se han dado para explicar el mal en Occidente. Concluyen que no existe respuesta absoluta
El mal puede interpretare desde muchos puntos de vista, tales como: el religioso, el filosófico y el jurídico. Quizá, simplemente, como decía el Doctor Angélico (Santo Tomas de Aquino, N. del E.): El mal es la ausencia del bien. La pregunta no debería responder ¿qué es el mal? Sino más bien, ¿Cómo evitarlo?
Así, recapitulando, el agnóstico y el creyente, llegan al punto de acuerdo, en donde los discursos opuestos convergen con la obligación de reparar el mundo. Es decir, para que el orbe no se resquebraje, es necesario subir ―tal como lo hizo el héroe de Camus, Sísifo― una y otra vez la roca de la desesperación con una sonrisa; creer que el mítico personaje era feliz.
Conclusión. Crisis o apocalipsis (el mal en nuestro tiempo) es un libro necesario.
Ensayo dramático que se hunde a veces en las aguas del pesimismo. Reflexión moral sobre las fisuras de Occidente. Diálogo valiente entre dos pensadores que critican todo aquello que consideran lo que es el mal en nuestra época. Libro apocalíptico que siguiendo la tradición de la que abreva, sirve para dar voz a la palabra en momentos de crisis.
- Pintura: Margherita Manzelli