Hubo un tiempo en que México vivió en paz social, si bien podríamos documentar una paz condicionada, hubo un día en que este país podía salir a la calle y no temer por pensar que quizá no se regresaría a casa.

Luego hubo también algunos años turbulentos, -los negros años 70 del siglo pasado-, tiempos a los que se le llamaron los tiempos de la guerra sucia en donde comenzó a desaparecer gente para no ser encontrada nunca más y, sin embargo, en muchas regiones del país, la gente salía de su casa y regresaba sin miedo.

Pero llegó el día en que el infierno se aposentó en México y la violencia se volvió cotidiana. La muerte hizo efectivo su permiso.

Alejandro A. Pantoja e Irving Rentería Martell, son dos jóvenes mexicanos: el primero, un prometedor director de cine y el segundo; un prometedor fotógrafo, pero ambos no podrían recordar ese México en paz porque simplemente no lo vivieron.

Es una obviedad decirlo, pero no es asunto menor: que alguien no sepa qué significa la paz social, significa que está marcado por una época violenta y llena de sangre. Alejandro e Irving como todos los jóvenes mexicanos de su generación, han vivido en una época marcada por la violencia, la muerte y la impunidad, ese es su contexto de país.

Cuando los tiempos son convulsos, el arte, siempre el arte, representará para sus creadores y sus espectadores, una válvula de escape para trasladar la negrura de un contexto a un mundo estético que al mismo tiempo le permite al ser humano la posibilidad de pensar y reflexionar su realidad

Alejandro Pantoja, un joven director de cine guanajuatense con gran futuro.

Pantoja, con fotografía de Rentería, ha dirigido La nevería, un cortometraje en donde invita al análisis del tipo de país que somos, pero también, dice: “para darle voz a quien no la tiene”.

Selección oficial y mención honorífica en el Guanajuato International Film Festival 2022 (GIFF), Gran Premio del Jurado en el Clapperboard Golden Festival en Brasil y Mejor Cortometraje Extranjero en el PIFF Paraná Internacional Film Festival en Argentina, La nevería camina fuerte en los festivales de cine alrededor del mundo en busca de comunicar una manera sobria de narrar, pero con una contundencia que logra dialogar con el espectador, misión que al final de cuentas revela el verdadero cine de calidad.

La nevería inicia con la imagen de una señora que atiende su negocio de helados en un pueblo alejado de todo. La señora intenta quitar una mancha de la banqueta. Es inútil su esfuerzo. La mancha como elemento simbólico de una realidad de país que deviene después en preguntas sin respuestas esperanzadoras.

Me reúno con Alejandro e Irving en un café del centro de León y les pregunto lo que su obra le puede decir a los espectadores.

Las cosas ocurren, pero ocurren ya como cotidianas. Son tan normales que ya no son espectaculares, suceden a diario, constantemente. La nevería va de eso, de esta ola de violencia que, como ya es tan cotidiano, ya no nos sorprende. Son cosas tan terroríficas, tan horrorosas, pero normales. La nevería muestra como esas cosas que nos dan miedo en realidad han dejado de sorprendernos”, señala Alejandro A. Pantoja en relación al mensaje central que su cortometraje lanza como una especie también de advertencia.

Pantoja abona a esta idea de una generación marcada por la violencia y comenta que él mismo, alguna vez habitante de una comunidad rural, se acostumbró, por ejemplo, a presenciar la práctica del huachicol y la presencia de militares en su lugar de origen.

En mi pueblo eso es una plática cotidiana, todo mundo sabe quiénes son los buenos, quiénes son los malos. De ese contexto nace ‘La nevería’ ”, explica Pantoja quien dice también haberse inspirado en una de sus abuelas para personificar a la señora que intenta inútilmente quitar la mancha que invade la banqueta de su negocio.

En ese pueblo de donde es originario Alejandro, el joven director dice que los cadáveres son dejados ahí, cerca de la tienda de su abuela, esos cuerpos que seguro, dejan esas manchas indelebles de la sangre, la corrupción y el horror de un país envilecido y podrido.

La nevería en sus casi nueve minutos de duración, nos narra la historia de manera pausada, serena y silenciosa que puede hacer de manera paradójica, mucho ruido en el trasfondo de su significado

`’La nevería’ es un cortometraje guanajuatense que refleja los efectos de la violencia del narco en las comunidades rurales.

Filmado en blanco y negro, la fotografía puntual y certera de Irving Rentería le abona aún más a una atmósfera que inquieta y logra que nos cuestionemos esa espantosa realidad descrita por Pantoja.

Por su parte, Irving Rentería admite que vivimos en una sociedad regida por el miedo porque el solo hecho de caminar por las calles de este país, nos remite a ese temor, esa pegajosa sensación que se adhiere al ser de manera inevitable.

Siento que también los medios de comunicación han provocado una magnificación del miedo”, dice Rentería quien si embargo, apela a no dejarse dominar por ese terror que invade el territorio nacional.

Sé que es muy difícil intentar tener un equilibrio entre lo que te dicen ahí afuera y lo que realmente estás viviendo. Sí reconocer esa violencia que existe, la violencia está quizá no en nosotros, tal vez no en nuestro núcleo cercano, pero sí en nuestro municipio, en nuestros ámbitos culturales que nos obliga a atacarla desde diversos ángulos, pero siendo siempre muy objetivos con ella, reconociéndola de manera individual y después en colectivo”, agrega el joven fotógrafo que insiste en la idea de no caer aplastado por el régimen de terror que azota a México.

Las filias cinematográficas de Alejandro A. Pantoja e Irving Rentería Martell

Le pregunto a Alejandro A. Pantoja que si tuviera la oportunidad de platicar con algún cineasta, ¿quién sería? Pantoja no lo piensa mucho y dice que con Alonso Ruizpalacios, el director de cintas premiadas como Güeros, Museo y Una película de policías.

Es un cineasta que me ha despertado mucho la curiosidad por el cine mexicano en específico. Ha hecho un cine tan peculiar que me ha hecho pensar que el cine mexicano puede ser distinto y original. (Ruizpalacios) me ha hecho redescubrir el cine mexicano.

“Desde pequeño mi papá me ponía películas del cine de oro, pero las veía sin conciencia. Ahora las estoy redescubriendo y me he dado cuenta que esa visión se quedó en mí sin saberlo y justo ahora trato de rescatar eso, la originalidad y por eso me encantaría platicar con Ruizpalacios para saber de dónde nacen sus inspiraciones”, plantea un convencido Pantoja de su filia por una forma específica de hacer cine.

En tanto, Rentería Martell se confiesa y dice que sin duda charlaría con Emmanuel Chivo Lubezki, fotógrafo y cercano colaborador de los reconocidos cineastas mexicanos, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñarritu.

Me encantan más los contextos y las historias alrededor de la misma persona que a veces, su mismo arte, aunque sea este el que después me lleve directamente a la persona.

“De Guillermo del Toro me encanta su personalidad porque su propia personalidad hace que te guste el cine. Además, otro cineasta que me hubiera gustado conocer es Eliseo Subiela, el cineasta argentino que si bien su cine carece de algunas cuestiones estéticas, su narrativa me gusta y fue de los primeros cineastas que fuera de Hollywood empecé a ver”, destapa Rentería sus emociones cinematográficas personificadas en Lubezki, del Toro y el ya fallecido director sudamericano, Eliseo Subiela.

La charla con Pantoja y Rentería se encuentra de repente con el recuerdo del genio llamado Orson Welles. Platicamos sobre el portento de su inventiva cinematográfica y cómo apenas a los 24 años logró protagonizar y dirigir una de las películas consideradas una verdadera obra maestra en toda la historia del séptimo arte: El ciudadano Kane

Irving Rentería es un joven fotógrafo guanajuatense que ha comenzado su carrera haciendo buen cine.

Ligo la juventud de Welles con la de Alejandro e Irving y acuerdan cita para revisitar esa maravilla de todos los tiempos. Welles era un chaval como ellos, ojalá en la vista de El Ciudadano Kane, sus ganas de seguir haciendo cine se magnifiquen.

El algún momento, quizá, me volveré a encontrar con ellos. Ya me dirán cómo les fue con Orson.

  • Fotos: Especial