Esta cinta poliédrica de Mariano Llinás de catorce horas de duración es un artefacto exquisito e inclasificable; a partir de la emergencia sanitaria se liberó para poder verla on line.

Es la película argentina más larga de la historia de ese país. Hablo de La flor y sus 840 minutos de duración, catorce horas de pura ejundia narrativa. El largometraje dirigido por Mariano Llinás y producida por El Pampero Cine, es una epopeya cinematográfica.

Tardó diez años en filmarse y en su estreno en 2018, el BAFICI de Buenos Aires la coronó con el premio a la mejor película y mejor actriz (compartida con sus cuatro protagonistas).

En ese entonces, La flor pudo verse por entregas en tres fines de semana ante la alegría de los fans de Llinás, quien ya había dado mucho de qué hablar a partir de sus anteriores y también monumentales trabajos: Balnearios e Historias extraordinarias.

La Cátedra Ingmar Bergman de la UNAM lo invitó hace un año para impartir una clase magistral sobre su proceso creativo, proceso que involucró al colectivo teatral, Piel de lava, formado por Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa, las mujeres que resultan contundentes en los varios personajes que interpretan a lo largo y ancho de este inusual ensayo cinematográfico.

¿Es larga la película? ¿Es necesario un cine de autor así tan lejos de los moldes que se conocen en la industria?

Como una novela por entregas, el largometraje explora sobre los géneros en un continuo ensayo y error, con cuatro idiomas diferentes, locaciones en la Argentina, Siberia y Mongolia, una incesante búsqueda de la potencia de la imagen, la poesía de la narración, un guion libérrimo.

Si puede emularse este último trabajo del realizador argentino a una novela, podría caber en 2666 de Roberto Bolaño o Los reconocimientos de William Gaddis e incluso aventurarse por En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust por el arrojo y desparpajo de su estructura.

Era 2008 y quien esto escribe vagaba entonces por Buenos Aires, y la desaparecida revista 24xSegundo Magazine me encomendó una entrevista con Llinás, a propósito de su cine e Historias Extraordinarias.

Sentados en un café del barrio de Palermo, Llinás hablaba entonces de un meta cine, gestado de forma más artesanal e independiente, cocinado con calma, sin la prisa de productores o de los grandes distribuidores, un cine para degustarse despacio en una gran pantalla.

No había en esos años la irrupción de las redes sociales y las series de televisión; Llinás parecía empeñado en construir un cine muy auténtico, a su manera, con todo el tiempo del mundo para poder hacerlo.

En esa mesa habló de un proyecto que le llevaría años y estaba preparándose. Puedo asegurar que se trataba entonces de La flor.

La crítica ha coincidido rotunda que esta película es una de las mejores de los últimos años. Se le ha leído tanto desde la óptica cinematográfica como de la sicología, la sociología, la filosofía o la teoría literaria

¿De qué trata? De todo y nada. Una cinta como esta embruja por lo inclasificable, la certeza de la voz en off que nos va metiendo más y más en cada recoveco, sin reparar siquiera en la efectividad de la trama o el cruce temporal y de épocas.

Es también un universo esencialmente femenino, donde la mirada de las mujeres se impone con respecto a lo que ocurre.

Las cuatro actrices salidas del teatro independiente son en sí mismas la película. Al inicio, cuando vemos al director dibujar sobre un cuaderno para explicar lo que se verá. Son cuatro historias que empiezan y no terminan, la quinta empieza y termina, pero la última acaba sin empezar: “La película está hecha con ellas y en algún punto es sobre ellas”, afirma el realizador.

Del misterio a una historia de espías, la comedia, el musical, el western, de eso y más va la película que no ha circulado en el circuito comercial si no en muy pocos festivales.

El espectador puede entrar y salir de ella sin reparo, aunque se recomienda verla toda para atisbar parte del final.

Este tipo de libertad recuerda también algunas obras de Bob Wilson o los espectáculos de Jan Fabre, donde el espectador decide si permanece una o varias de las maratónicas sesiones de sus puestas de principio a fin.

Congruente con su independencia, por La flor desfila buena parte del elenco del teatro off argentino.

Al inicio de la crisis del coronavirus se anunció que la película podría ser vista on line sin restricciones, algo que finalmente sucedió luego de varias negociaciones y la resistencia inicial de El Pampero Cine.

La flor está colgada en la plataforma Kabinnet y se ha dividido en ocho entregas. Las reproducciones suman más de 55 mil a la fecha.

 Si vale una advertencia, no es para el público de las series televisivas, sino para quienes quieren subirse a un tren y no bajarse de él.

  • Fotograma: La flor
BICI