Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario de redacción de una revista literaria, más o menos secreta. Una tarde, una tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le daría mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que ya había sido entregado a la imprenta. Poco después, Julio Cortázar leyó en letras de molde ‘Casa Tomada’ con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges. Pasaron los años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera publicación. Me honra haber sido su instrumento”, escribió Jorge Luis Borges.

Para Marigela Pueyrredon

Cuánto valora Borges las historias de Cortázar se puede ver no sólo en la cita anterior. En su Biblioteca personal —publicada póstumamente en 1988, y que reúne una vez más sus experiencias formativas de lectura, y que nos llevan de paseo por toda la literatura mundial—, Borges pone de nueva cuenta este texto manifiesto sobre las historias de Cortázar en primer término.

Poco antes de su muerte, Julio armó una edición completa de sus historias. Organizadas temáticamente en cuatro volúmenes: el principio del orden ya se puede entrever desde su mismo título: Ritos, Juegos, Pasajes y Aquí y ahora: de modo que las narraciones se liberan de su posición fija en volúmenes narrativos bien compuestos una vez más.

Permitirse echar un vistazo al territorio de Julio Cortázar es un proceso que también se asemeja a su novela más famosa Rayuela: el cielo y el infierno desde 1963, que, además de la lectura esperada de adelante hacia atrás, deja deliberadamente abierto un movimiento de lectura a través del laberinto de su prosa.

Hoy, a treinta y seis años de su muerte, podemos decir que la obra completa de Cortázar puede signar muchas cosas, pero sobre todo significa el anhelo por un lenguaje que no reduce a las personas a categorías

Luego de un discurso que lo hace existir en todas sus facetas, después de un pensamiento realmente colaborativo en un mundo polarizado —el mismo de la Guerra fría—, Cortázar investiga la cuestión a fondo de cómo el lenguaje da forma a nuestro pensamiento y determina nuestra política.

La edición completa de sus historias —seguida de la edición de sus Cuentos Completos publicados por Alfaguara en Madrid desde 1994— nos permite observar estas historias ordenadas cronológicamente y reproducidas en su asociación narrativa original. Además de La otra orilla de 1945, que Cortázar tenía en el escritorio listo para su publicación, dos volúmenes cortos, Historias de cronopios y de famas y Un tal Lucas, cuatro textos de Viaje alrededor del día en 80 mundos y Último round, que Cortázar no incluyó en su edición de esos cuatro volúmenes de historias, la colección en prosa del Último round contiene el texto programático que determina la ubicación de estas historias.

Un maravilloso verso de Pablo Neruda: “Mis criaturas surgen de un largo rechazo”, me parece la mejor definición de un proceso en el que la escritura se exorciza para alejar a los intrusos al proyectarlos de una manera que les convenga, lo que paradójicamente da una existencia universal, y al mismo tiempo la mueve al otro extremo del puente, donde el narrador que sopló la burbuja de su pipa de arcilla simplemente ya no está.

El debut literario y póstumo de Julio Cortázar con La otra orilla es mucho más que un ejercicio de primer intento por explorar el espacio. Formado en tres secciones (Cortázar prefiere la división en tres partes en sus volúmenes narrativos), las doce historias —que fueron escritas entre 1937 y 1945— están orientadas hacia un área abierta en la que ocurren la alienación y el desplazamiento, y los textos —con un texto a veces inquietante pero siempre humorísticamente divertido— observa una corriente subterránea. La primera parte, Plagios y traducciones, es, irónicamente un primer piso, el que tiene la variante moderna de una historia de vampiros (plagiadores o traductores) y en El hijo del vampiro no sólo parodia un género convencional de literatura fantástica, sino que también introduce un motivo central de Cortázar con el vampirismo, que luego se actualizará en la novela experimental 62/Modelo para armar.

Un vampiro que se ha extraviado quiere a una dama inglesa más allá de su patrón de comportamiento y concibe con ella un hijo que chupa la sangre según las predisposiciones de su padre, y según la futura madre como embrión y, en consecuencia, su cuerpo —como el suyo al nacer— desaparece a las doce con su padre, mientras los médicos y las enfermeras quedan atónitos al límite de su cosmovisión científica. Aquí, en el ya reconocido juego de almeja de Julio Cortázar con el género de lo fantástico, la metamorfosis y el cruce de fronteras abren las primeras puertas a un terreno en el que el vampiro es también un reflejo del escritor.

La siguiente historia, Las manos que crecen, extrae su energía del mundo de lo fantástico y lo grotesco, que Cortázar, como traductor de Edgar Allan Poe, sabe utilizar para sus propias exploraciones poéticas. Además, el texto es un prototipo para historias de boxeadores posteriores, en las que Cortázar busca una analogía entre el boxeo y la escritura.

En general, cuando volvemos a leer estas historias, nos damos cuenta de cuán central aparece el motivo de las manos en casi todos sus textos, y cómo el trabajo de Cortázar enreda, con las manos entrelazadas, la escritura y la vida

Porque más allá de un caso de acromegalia —la del propio Julio—, después de una pelea provocativa, las manos victoriosas del protagonista comienzan una vida propia a través de un crecimiento desenfrenado, que el héroe y su entorno son cada vez más incapaces de manejar. Lo que comienza con una inofensiva comedia literaria, termina en una pesadilla que finalmente se convierte en realidad. Cortázar invierte juguetonamente las jerarquías de parte y todo, de sueño y realidad.

Con las historias de Llama el teléfono, Delia —las siestas profundas de Delia y Draw—, nos encontramos con los primeros representantes de las historias de separación e infancia, que, como espacios de tránsito, abarcan la transición de la vida a la muerte, de la infancia a la edad adulta. Por otro lado, la historia de Puzzle no sólo incluye un proceso literario en su título —que luego continuarán de manera laberíntica autores como Georges Perec y Jean Echenoz—. Puzzle apunta también a la coincidencia como un fenómeno de delimitación y reensamblaje repentino que hace que los puentes en los mundos secundarios sean transitables, que de otro modo sólo se aparecen en los sueños.

Historias de Gabriel Medrano es el nombre de la parte media del libro y anticipa a un escritor, alter ego de Cortázar en su novela Los premios, quien, con sus reflexiones, comenta sobre el curso de un crucero que un grupo se compromete a ganar en un sorteo especial de la lotería. En la historia de Circe, del libro Bestiario, nos encontramos al borde de una estación de metro en Buenos Aires, y el protagonista, curiosamente, también se llama Medrano.

El escritor aparece así pues como en un metro, como en la estación de una red subterránea que conecta todo invisiblemente y permanece abierto en todas direcciones. Por supuesto, el laberinto de la literatura también resuena con ello, la odisea de los sin nombre, que constantemente llega hasta otras costas en las etapas de su lento regreso. Y esto, porque moverse bajo tierra también tiene una connotación política para el trabajo de Cortázar, que estuvo exiliado en Francia hasta su muerte en 1984, y que siempre se opuso al terror y la mutilación, la vigilancia y la barbarie como firme defensor de los derechos humanos y la revolución socialista.

La narración de Mudanza es un reflejo furtivo de la monotonía de la vida moderna de la ciudad. El actor Raimundo Velloz parece estar entrando en su retiro privado como de costumbre después del agotador trabajo de oficina, pero cada vez hay más dudas de que se haya quedado en otro lugar o de que algo haya cambiado en su ausencia, aunque sus nuevos compañeros de habitación parecen aceptarlo como algo natural. Es la historia de una transformación en la que lo familiar es ajeno y lo extranjero es de confianza: una experiencia básica en la literatura moderna que Cortázar expone lacónica y humorísticamente como una forma de dominar la vida cotidiana, como lo haría más tarde en las historias de Un tal Lucas y que lo conducirán a una perfección sin igual.

La última parte del libro, Prolegómenos a la Astronomía, ya arroja informes temáticos destacados sobre su trabajo futuro. En la escritura poético-política de Prosa del Observatorio, de 1972, Cortázar cruza el terreno indiviso de la vida y la escritura para emprender la lucha por lo abierto, lo inmediato, que también puede tener lugar hacia arriba y contra cualquier determinación científica como fuente de transformación en este momento, aunque sólo sea en un sueño, que es sólo un juego de literatura.

Póstumamente aparecieron otras dos novelas de Julio Cortázar en 1986: Divertimento y El Examen, que fueron escritas alrededor de 1949. El Diario de Andrés Fava es un satélite independiente de El Examen, que no se incluyó en la novela, pero definitivamente estaba destinado a ser publicado como manuscrito completo, con el supuesto autor, protagonista de la novela.

Porque escribir diarios es a veces un arte silencioso de transformación que capta episódicamente los pequeños y sorprendentes terremotos y cambios en la perspectiva de la época

Como punto de partida y punto focal de las anotaciones, la grabación toma y deja una forma subjetiva, un aura personal de percepción. Por lo tanto, no es sorprendente que el diarista Andrés Fava vea su escritura reflejada, aunque sea en un sueño, en la huella viscosa, corta, brillante y arabesca de un caracol: un rastro fugaz y sinuoso, el laberinto de un caracol, que aborda los esfuerzos posteriores para descifrar al caracol-autor eliminado rápidamente.

Otra lectura lleva al diario sobre el escritor ambulatorio (o ambulante) Arthur Rimbaud (la cita es de Rivière), acerca de viajar con un sensor excitado a una correspondencia poética que aparece como epifanía: “el árbol es por fin un árbol, y la cara de una mujer o de un chico resplandecen con un sentido que la rápida aplicación de la etiqueta ‘transeúnte’ me ocultaba antes”,

El Diario de Andrés Fava tiene como objetivo la presencia inmediata, en el presente para ser guardada y abierta, que siempre está vinculada a su visibilidad. Aquí está el lugar, aquí es el momento en que una infancia argentina vuelve a la vida, donde su llegada es recibida como un amigo.

Una vez más, Andrés Fava viaja a través de la cama de su infancia, a través de juegos oníricos para niños, a través de la música del jazz y el cine, y una y otra vez a través de la lectura y la literatura, para estar lleno de ojos, todo Argos, para “ver todo al mismo tiempo, aquí, ahora”.

O como podría decir un posible lema de Cortázar: “Solo una cosa es necesaria: todo”.

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