No escribe para ganar fama o fortuna pero ahora las tiene. O al menos construye de manera sólida la primera.

                                                                                                    “Aquellos que en la vida están privados de la palabra,
los marginados, los olvidados, los condenados a una
existencia sin sintonía y sin voz, yo les he restituido
este hálito negado y les he permitido modular sus
anhelos, sus arrebatos y sus angustias”.
Juan Ramón Ribeyro

I

Sus crónicas y reportajes han ganado importantes premios periodísticos y eso le ha implicado, entre otras cosas, dictar cursos, participar en paneles y dar entrevistas a otros reporteros, quebrantando así la máxima que indica que el periodista no puede ser noticia, justo como ahora lo hacemos nosotros en Ruleta Rusa, al escribir sobre Joseph Zárate (Lima, 1986), uno de los máximos exponentes del periodismo narrativo en español.

 

II

En la injustamente desolada aula 601 de la torre dos de la Universidad de Rosario, en Bogotá, Colombia, Joseph Zárate (Premio Ortega y Gasset 2016) explica que entiende el oficio como la búsqueda obsesiva de la mayor cantidad de datos verificables acerca de algún tema, para contrastarlos con la realidad y después, — o al mismo tiempo — relatar de la mejor manera los resultados de ese ejercicio. Confiesa también que tiene libros de poesía a la mano mientras escribe, “para recuperar el tono” cuando lo pierde.

Lee a Juan Ramón Ribeyro (1929-1994), un poeta peruano extraño para su tiempo, coterráneo del planeta de José Agustín y Jaime Sabines. Alguien falló en la difusión del evento (¿cómo es qué ocurre esto?) y por esa severa desatención, los alumnos y maestros de periodismo y comunicación, se perdieron la oportunidad de escuchar la espléndida explicación sobre la carpintería de su libro Guerras del interior (Debate, 2018) uno de los 10 mejores textos de no ficción publicados el año pasado según el New York Times.

Aspecto de la charla con el periodista peruano Joseph Zárate.

Aún así, Zarate da su charla el miércoles 24 de abril de 4:30 a pasadas las 6 de la tarde, y los escasos presentes tenemos una conferencia magistral privada, dictada por el más reciente Premio Gabriel García Márquez en la categoría de texto.

 

III

Lo cuenta todo con calma pero aún emocionado mientras proyecta las fotos que acompañan el compendio de crónicas periodísticas realizadas a lo largo de cinco años que derivó en Guerras del interior, y, cuyos personajes centrales defienden a la (SU) tierra, luchando contra enormes emporios económicos, como suele ser.

¿Hasta dónde podemos llegar para alcanzar eso que conocemos como desarrollo?

El cronista ganador del Premio Nacional PAGE 2015 de periodismo ambiental creado por la ONU, suelta un contundente dato para explicar la barbarie en nombre del progreso: solo 1% del oro que se extrae se utiliza con fines médicos. Lo demás será para alimentar nuestra vanidad.

El oro es un elemento no vital para los humanos (…) un material químicamente inerte”, explica el reportero que proyecta al fondo una foto en blanco y negro de Máxima Acuña, una mujer que nunca quiso ser vista como un icono de la lucha ambiental, pero que, sin embargo, hoy figura en el radar de la resistencia indígena por la batalla que libra contra una de las empresas mineras más importantes del mundo, quien desea despojarla de su inhóspito hogar en Cajamarca, Perú, a 4 mil metros de altitud.

En su libro Zárate inicia así la historia de Máxima: “Salvo las ollas de acero inoxidable y el diente de platino, Máxima Acuña Atalaya no tiene otro objeto de metal valioso. Ni un anillo ni una pulsera ni un collar. Ni de fantasía ni de mineral precioso. Le cuesta trabajo entender la fascinación que sienten las personas por el oro (…) Me han dicho que debajo de mi terreno y de la laguna hay bastante oro — dice con voz aguda, la trenza negrísima, el pico entre las manos callosas —. Por eso quieren que me largue de aquí ”.

 

IV

Una de las crónicas que incluye Guerras del interior (Un niño manchado de petróleo”, Premio Gabriel García Márquez 2018) expone la perversa situación que provocó el derrame de petróleo en un río próximo a una paupérrima comunidad de la selva norte del Perú.

Los responsables ‘contrataron’, sin ninguna medida de seguridad, a los habitantes, incluidos niños, para limpiar el agua sacando los densos litros de petróleo con baldes de plástico.

La historia me interesó luego de conocer la foto de un niño manchado de petróleo que se hizo viral”, relata Joseph Zárate, quien ahorró e invirtió parte de los premios económicos para auspiciarse este trabajo.

Desde hace tiempo decidí que como no vivo de escribir, porque me pagan muy poco, hago otros trabajos para cubrir eso y poder escribir, solo lo hago cuando hay temas que a mí me comprometan, que me emocionen, que tengan una conexión conmigo, por eso publico muy poquito, una vez o dos por año”, respondió en una entrevista para el diario peruano  La República.

 

V

A Joseph Zárate le interesa contar de los que viven en donde lo valioso es diferente, despojados de todo lo que brilla en el mundo occidental.

El David contra Goliat no es el foco en sus crónicas sino esas experiencias vitales de los que habitan en las montañas, en las selvas, en los ríos, rodeados de miseria, la que conoce de cerca, de sus años de infancia.

Zárate recibe de manos de los Reyes de España el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2016.

Quiere hablar de personas como Lilí Tuanama Núñez, su abuela indígena del Amazonas de Perú, quien tuvo que negar su origen al viajar a ‘la civilización’ que ofrecía la capital, y de quien Joseph, heredó los rasgos del rostro y el color de su piel; ese tono dolorosamente identificado aún con la servidumbre.

Recuerda en una entrevista para un diario español que al llegar al palacio Cibeles, donde los reyes de España le entregarían un reconocimiento por su forma de escribir, los vigilantes lo detuvieron para preguntarle si era personal de servicio, una escena lamentable, recurrente, que bien podría convertirse en la crónica del clasismo, eso que realmente impide el progreso y que Joseph Zárate, sin que sea su propósito central, evidencia en cada uno de sus trabajos.

  • Foto: Luis M. López/Casa Real
  • Intervención fotográfica: Ruleta Rusa
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