José Daniel Salceda Velasco es simplemente un prodigio en la guitarra.

Su precisión y presteza me recuerda el pulso de grandes como Segovia o Yépez, a quienes disfruto con la misma intensidad que las piezas de Sanz, Boccherini o Tárrega. Y a partir de ahora, me acompañarán las interpretaciones de Salceda.

En la edición 49 del FIC, Salceda está sobre un escenario básico en la Ex Hacienda de San Gabriel de Barrera. Un tapanco bajo. Una mesilla con dos botellas pequeñas con agua y un metrónomo. Dos sillas, una ocupada por el joven músico salmantino que se sienta con la guitarra apoyada en su muslo izquierdo. Un atril y un micrófono, un soporte con una guitarra más, dos bocinas y unos tablones de embalaje como ‘telón de fondo’ contrastan con su vestimenta negra. La camisa destaca por el motivo multicolor de un ave y flores en la parte derecha del pecho. No es necesario más, pues la música y José Daniel son los protagonistas.

Estoy muy emocionado de estar en nuevamente en un escenario en México, presencialmente. Y que mejor lugar que el Festival Internacional Cervantino”, saluda al público José Daniel, quien explica parte del programa e invita a su amigo Fernando Ponce al escenario; Ponce dará lectura a poemas y narraciones que serán preludio a la música.

José Daniel dedica a Emma Fuentes el recital, por apoyarlo en la pandemia y leer juntos el libro de ‘Platero y Yo’ de Juan Ramón Jiménez

La estampas de la prosa poética de Jiménez -del apartado 57 denominado Paseo-, en voz de Ponce al frente del micrófono y el atril, abren el engarce de poesía y música.

Por los hondos caminos del estío, colgados de tiernas madreselvas, ¡cuán dulcemente vamos! Yo leo, o canto, o digo versos al cielo. Platero mordisquea la hierba escasa de los vallados en sombra, la flor empolvada de las malvas, las vinagreras amarillas. Está parado más tiempo que andando. Yo lo dejo…”… tras algunos minutos, la poesía abre pasó a la música, una delicada suite ad hoc de Eduardo Sainz de la Maza que interpreta con belleza sosegada el joven Salceda.

Luego viene una historia triste – con ecos de lunfardo-, como lo es la letra del tango a ritmo de vals llamado Chiquilín de Bachín, de Astor Piazzola. Y la música llega otra vez con acordes melancólicos del puerto de Buenos Aires. Hasta diluirse como lágrimas.

Después vendrá una pieza clásica del repertorio mexicano creada por el compositor yucateco -ligado a la poesía- Guadalupe Trigo, para enaltecer a la Ciudad de México “cuna del niño dormido”.

Mi ciudad es chinampa en un lago escondido/ Es cenzontle que busca en donde hacer nido/ Reguilete que engaña la vista al girar”, dice la letra de esta canción de Trigo que popularizó la voz inolvidable de Guadalupe Pineda, y el sonido en la guitarra de Salceda lleva pues al encanto de la llamada nueva canción latinoamericana de los años 70.

Se sucede luego la Sonatina, de Torroba, y un mensaje nuevamente de José Daniel Salceda donde habla de la obra vertebral del recital: Hermes y Apolo, de Rodrigo Neftalí, -basada en el mito griego sobre el origen de la lira- quien se la dedicó en un momento de crisis existencial para afianzar en él su vocación, por lo que el joven guitarrista hizo extensiva la dedicatoria a todo el personal médico -y al secretario de Salud de Guanajuato, Daniel Díaz- por su trabajo y entrega total durante la pandemia para salvar vidas.

Mientras observo la digitación solar de las cuerdas que pulsa con aire dulce Salceda, otra poesía -ésta en la memoria- llega invariablemente a mi como una bellísima danza sonora de palabras, esa que inscribió Federico García Lorca, como una de las más hermosas descripciones sobre este instrumento

En la redonda/ encrucijada,/seis doncellas/ bailan./Tres de carne /y tres de plata./Los sueños de ayer las buscan/pero las tiene abrazadas/ un Polifemo de oro./ ¡La guitarra!”.

Los arpegios en escala ascendente desde la base del mástil del instrumento hasta el límite de la cejuela, son cabriolas que se entretejen por el encordado para luego descender como un Hermes alado hasta convertirse en evocaciones de la lira, en un pulsar cantarín que producen las caídas conduplicadas del meñique al índice sobre las cuerdas.

No hay óbice para que Salceda se desborde y nos desborde con destellos de sonoridad aérea que contiene la obra creada por su maestro Rodrigo Neftalí, catedrático de guitarra en el Conservatorio de las Rosas -institución de la que egresó el talentoso joven guanajuatense-, quien aparecerá en el escenario para acompañar con su guitarra en una parte de su Hermes y Apolo, a uno de sus alumnos más brillantes.

Además de las decenas de espectadores en vivo, al final seremos millares de personas las que observamos desde alguna plataforma la cuidada transmisión en vivo que ha ofrecido TV4 durante poco más de una hora.

Al ver y escuchar -pese a ser a través de lo virtual- a José Daniel Salceda Velasco, me llena de orgullo de ser guanajuatense, y no puedo menos que celebrar con estas palabras lo magnifico de su talento, pues me hace sentir que desde una entidad que parece insignificante en el orbe hay un grande en proceso de maduración, un joven que tiene resplandor de sonora luz apolínea.

  • Foto: Captura de pantalla

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