Ha sido un viaje tremendo en apenas dos días. Llego al recién inaugurado Foro Humboldt y sin exagerar, la sola visita a este lugar vale la pena uno y más viajes a Berlín.

Se trata de un sitio que se llevaría cualquiera en la memoria toda la vida por su apuesta de conjuntar cultura, arte y ciencia.

Cercano a la Isla de los Museos, los 30 mil metros cuadrados de extensión del inmueble con sus fachadas barrocas reconstruidas del Palacio Real, lucen fulgurantes con tono de membrillo bien maduro.

Elegí la exposición de Berlín Global y en la recepción me topé con Edgar, un colombiano afincado desde niño acá y con estudios de arte y museografía que estrenaba trabajo en el Forum como guía y asesor para los visitantes latinos.

Pasé unas tres horas ahí, apenas con el tiempo justo para correr a la apertura del festival FIND, donde el ruso Kirill Serebrennikov pusó la vara muy alta con Outside.

El director no pudo asistir porque entonces estaba siendo investigado en su país, las acusaciones y la persecución para él, continúan.

Salgo de ese mítico foro , el Schaubühne am Lehniner Platz, clavado  en la bulliciosa y lujosa, Kurfürstendamm.

En el bar del teatro la gente comenta lo que acaba de ver, una locura. Tiene poco en ese octubre de 2021 que se están relajando las medidas por coronavirus en la ciudad, de modo que la plática sin cubrebocas circula por todos lados, también los abrazos y las cervezas

Van cayendo las horas de la madrugada y continúo por esta zona elegante de Charlottenburg, donde sera por el encierro de meses anteriores o porque la vida es así, las calles y los bares lucen repletos, como si la existencia de día o de noche fuera un continuum.

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Domingo y me levanto tarde. Hice planes apresurados que no pudieron cumplirse, sólo alcancé a ver a Javier, el ex programador artístico de la Ciudad de México que vino a estudiar una maestría acá.

Caminanos por la zona del Reichstag y recalamos en un restaurante cerca del río Spree, esa agua fronteriza que nace entre Alemania y Chequia y atraviesa seperteando toda la capital alemana con una caricia a varios de los edificios emblemáticos.

Javier y yo nos pusimos al día; me contó de su vida, los lugares que ha visto y toda la movida under con los atracones de la comunidad gay, lo fascinado de la multiculturalidad de la ciudad. En su relato aparecieron locaciones de cine porno, bares subterráneos, departamentos minúsculos donde lo que menos importaba era quién eras y de dónde venías. “Esto es Berlín”, me decía a cada rato.

Pasamos más de dos horas en la charla antes de su regreso a un cuarto compartido, le preocupaba renovar su visa de estudiante. Javier quiere trabajar -y lo logró- en el Deutsches Theater. Me enteraría casi dos meses después que su buen conocimiento de alemán le ayudó a conseguir el empleo.

Anduve por la zona para conocer el Berliner Ensemble,  un teatro en homenaje a la compañía que fundara Bertolt Brecht en 1949 y donde el propio dramaturgo puso aquí El círculo de tiza caucasiano; Heiner Müller formó parte también de la dirección de este lugar

Caminé hasta el Teatro Maxim Gorki, ubicado en el bulevar Unter den Linden, en pleno corazón de Berlín y me pedí un buen café al tiempo que hurgaba en el revistero de su cafetería.

Regresé muy tarde en tren y las luces mortecinas daban un aspecto singular a las varias construcciones de la Bauhaus que existen en esta capital germana. Josef me llamó para vernos en los siguientes días.

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Había lluvia pero me recomendaron el barrio turco y ahí fui, a Kreuzberg, donde se hace alarde de lo alternativo, lo moderno de berlín, su movida musical, las tiendas, los mercadillos.

Vi los graffitis, hurgue en sus tiendas, me comí dos kebab y me llegó el atardecer en el Gropius Bau, un fenomenal centro de arte moderno.

Volví mis pasos y algunas estaciones de metro para escribir en un Einstein Kaffe, de los que hay muchos por acá y son, digámoslo así, una versión alemana de un café de franquicia.

Tuve tiempo de caminar los 3.5 kilómetros de la Friedrichstraße, una de las calles comerciales más famosas donde se funden los estilos arquitectónicos y eso sí, lo que admiro de esta ciudad es la capacidad de hacer belleza de sus cenizas, de sus divisiones, hacer belleza de las fracturas que sufrió el entorno y sus monumentos por la Guerra Mundial; los alemanes han reconstruido palmo a palmo los cimientos de lo que queda o bien, han erigido sitios hermosos donde se recuerdan los desastres.

En esta calle vi lo más lujoso, el esnobismo, los autos imposibles, las prendas con precios de muchos ceros, lo ostensible de su clase rica, el derroche y la insistente belleza de sus mujeres, como la joven del Kiti Café, capaz de enamorar a cualquier cliente con esa sonrisa y su densa cabellera rubia

Olvidé contar que, por la mañana de ese día, había conocido a Kati, mi casera, una mujer amable en grado sumo con una juventud tardía que se limitó a agradecerme por estar en su casa y ser un huésped silencioso, ¡vaya cosa!

También he visto una librería enorme, cuyo nombre no recuerdo, pero donde en su tercer piso había una pequeña selección de literatura latinoamericana en español.

La curiosidad me hizo sacar los libros y me encontré a Vargas Llosa, García Márquez, Reinaldo Arenas, Octavio Paz y otros escritores más modernos como Alejandro Zambra, Mariana Enríquez, Yuri Herrera y Fernanda Melchor ¿quién lo diría?

(continuará…)

*Nota: Para leer la primera parte da clic aquí

  • Ilustración: Dreamtime