Sin definiciones o pronunciamientos claros, el Fonca aún adivina su futuro en tanto que el sector cultural en México vive su peor crisis

A dos meses de que se anunciara la extinción de los fideicomisos por parte del gobierno federal, con lo que se había puesto en la cuerda floja la permanencia del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), aún están en el limbo las modificaciones que sucederán al salvar en primera instancia su eliminación, pero no queda claro qué pasará al formar este fondo parte de la Secretaría de Cultura.

Mucha tinta y debates corrieron a favor y en contra de la desaparición del Fonca, que como nunca, polarizó las posturas lo mismo en las redes sociales que en los periódicos, las televisoras, las columnas y artículos de opinión por doquier.

Se sumaron en su defensa casi todos sus beneficiarios, además de un buen cúmulo de intelectuales y artistas de todas las disciplinas y en sus más variopintas tendencias políticas e ideológicas, aunque también los acérrimos críticos sacaron los dientes enfurecidos por las supuestas comprobaciones de privilegios, corrupción y dádivas a quien hubiera tenido el delito de que su proyecto ostentara el logo Fonca.

Y más allá del hecho de ser o haber sido becario (calificativo impreciso, por cierto) del Fonca, la pugna luego adquirió otros tintes por parte de la federación que sonaron a terminar con un aparato de becas y “calla bocas” de intelectuales surgido del periodo salinista.

Esto avivó las antorchas y las discusiones siguen en todos los niveles, aunque han cedido un poco por la crisis sanitaria, pero pueden encontrarse en línea sabrosas disertaciones, repartición de culpas o justificaciones del por qué debe existir un aparato así apoyado por el Estado.

¿Habrá necesidades a la par de urgentes que la cultura y la creación artística o más prioridades que hagan poner este rubro al final de la cadena alimenticia?

Demos la respuesta ahora con lo que vivimos y lo que viene, un sector cultural devastado y sin posibilidad de sobrevivencia en el corto plazo, pero eso sí, que produjo y produjo mucho en todas sus vertientes y formatos para el apoyo de las plataformas digitales y “llevar cultura” a los hogares.

Si bien el FONDO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES –así en grandote- es un modelo internacional de apoyo al sector artístico que ha servido de ejemplo en varios países, principalmente latinoamericanos, además de reconocido en varias de sus prácticas, no ha podido quitarse ese mote de hijo bastardo, un tipo de ente que es necesario a veces pero que incomoda dependiendo del gobernante en turno.

Este hijito bastardo arrastra los pies así, entre la pena y la gloria de sus 31 años para saber si cambia definitivamente de rumbo, con otras convicciones y necesidades o de plano se suicida, porque, aunque la defensa sea a ultranza, puede desaparecer en segundos de un plumazo.

Sin definiciones claras de cómo y bajo qué criterios operará este nuevo Fonca, que ya no será el que se conocía hasta antes del inicio de la pandemia en México, el gobierno de la cuarta transformación parece no tener por ahora más idea de cómo impulsar a sus artistas y toda la economía del sector cultural.

Pareciera no querer hacerlo, mientras que, en otros países de Europa, sus ministros y responsables de la economía o la cultura, han incluido el rescate de sus gestores, artistas, centros culturales, museos, teatros al igual que sus atractivos turísticos para hacer notar la importancia integral de la salud y vitalidad artísticas para ofrecer a su población y visitantes extranjeros.

Aquí no pasa eso y traigo a cuenta un texto muy breve de Gabriel Zaid, escrito el pasado 20 de abril en la web de Letras Libres: “Apoyar a la cultura libre de creadores e intérpretes es fundamental para el público y el desarrollo nacional. Desgraciadamente, provoca hostilidad y deseos de control en algunos funcionarios. Se atribuye a un alto funcionario nazi: “Cuando escucho la palabra cultura, saco la pistola”.

Y Zaid fue uno de los que precisamente, a mediados de los años setenta, propuso la creación de un Fondo de las Artes, antecedente de lo que fue la creación del Fonca en 1989, y cuya propuesta firmaron entre más, Juan José Arreola, Fernando Benítez, Alí Chumacero, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Jorge Ibargüengoitia, Vicente Leñero, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Octavio Paz, Poniatowska, Pellicer, Revueltas, Rulfo, Usigli.

El Fonca ha asegurado, en tanto, que mientras son peras o son manzanas, sus recursos ya comprometidos hasta el año 2024 se mantienen sin cambio. Mil 362 millones de pesos están garantizados por la Secretaría de Cultura hasta ese año en los 13 programas que opera el fondo

Las convocatorias que salieron, se dictaminaron y están por dictaminarse, no tendrán problema alguno, se dice. Más adelante, nadie sabe.

Hasta ahora está vigente la convocatoria del Premio Nacional de Artes y Literatura, una de las más importantes.

En la página web del Fonca pueden encontrarse también que al menos en la difusión, la necesidad y vigencia de un programa con estas características en México no tiene dudas, pues se presume que en sus 31 años de existencia se han otorgado 22 mil 826 apoyos en 96 disciplinas.

El discurso oficial del propio Fonca parece advertir que las cosas no solo seguirán, sino que quizá mejoren. El riesgo grave es que se caiga otra vez en el engaño, la simulación y el doble discurso y esta institución que costó decenas levantar, se vuelva un Frankenstein que amenace, dicte y sojuzgue a quienes dice servir, la comunidad artística del país.

  • Ilustración: José Parra
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