Georgui Gospodínov ha escrito una novela brillantísima, Física de la tristeza, bueno, la escribió y publicó hace tiempo, en su idioma original, allá por 2011 y desde entonces…¡UNA EXPLOSIÓN!, cuya ola expansiva aún se siente.

En Bulgaria, su país natal, la novela se vendió en un solo día. Todo esto viene a cuento porque apenas en 2018, la editorial española Fulgencio Pimentel trajo la novela volcada al español (este reseñista la compró en la bellísima pasta dura en la pasada FIL de Guadalajara).

Física de la tristeza es una rareza, una prosa finísima que entreteje los mitos clásicos con la historia moderna, la historia reciente de Europa del Este. ¿Así o más contemporáneo?

Los calificativos y el saludo internacional de la crítica, así como la andanada de premios no tardaron en llegar. Uno de los comentarios más laudatorios fue el de la Nobel Olga Tokarczuk:

Un gran libro que se muestra ya como la prosa más avanzada del continente y que se desarrolla como un emocionante estudio del mito que acontece siempre y en todas partes”.

Así, la segunda novela de este poeta y dramaturgo, cuya obra ya suma veinticinco idiomas traducidos, se lee en una estructura fragmentaria, con capítulos breves, performáticos, hasta agotar las 370 páginas y quedarse horas con esa imagen final del din…

Gospodínov acude a la figura del Minotauro para construir un verdadero templo de laberintos de historias donde aparece un niño, un niño con cabeza de toro, los abuelos, la familia entera y todo va de una época a otra en un estupendo juego borgeano

Las identidades se cruzan, las narrativas, el tiempo es tan elástico que puede permitirse todas las licencias literarias en esta novela mundo.

El ánimo totalizador del autor que suelta sin reparo frases como “Yo somos”, en plena coherencia con este artefacto de palabras, hace entrar y salir a su protagonista que solo vive en los recuerdos de otros, es una amalgama de todas las vidas que las va tomando y desmenuzando a placer con un uso brillantísimo de todas las voces narrativas.

Se mete con la duda, las incertidumbres, los márgenes, lo tangencial, todo aquello inestable y difuso sirve la materia prima para ir ¿avanzando o retrocediendo en la historia?

También se ha dicho que Física de la tristeza fue el acontecimiento literario de la década pasada, ¡vaya cosa!

La misma editorial publicó en 2019 la primera novela de Gospodínov, Novela natural, que, a decir del autor, anticiparía mucho del universo de la segunda.

En México, el año pasado en la Semana de la Dramaturgia en Monterrey, se hizo la lectura dramatizada de la obra “El apocalipsis llega a las seis de la tarde”, que tradujo Elvira Popova.

La sinopsis es harto antojable: “A veces, el fin del mundo es algo muy personal y cotidiano. Un francotirador con desconocida identidad acecha toda una ciudad. La ciudad está oculta detrás de las cortinas, pegada a los televisores por las noticias de las 6 de la tarde. Puede suceder en el temprano atardecer otoñal, en algún minuto cuando la luz ya se ha ido y la oscuridad todavía no llega. En este largo minuto ocurren las historias en esta obra”.

Por ahora ninguna editorial nacional ha editado al autor, ojalá las buenas noticias lleguen pronto.

  • Foto: Portada del libro ‘Física de la tristeza’ (detalle)