La publicación del compilado ‘Sopa de Wuhan‘ ha puesto a debatir las posturas filosóficas y avizorar un futuro esperanzador o fatalista según quiera verse.

Cuando las certezas se diluyen y la ciencia parece encontrarse rebasada, llega la filosofía para ayudar a tender un lienzo y esforzarse por resolver algunos enigmas, develar otra lectura de los hechos, más reposada y profunda.

Será ya poco más de un mes que saltó en las redes la publicación de Sopa de Wuhan: pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias, y el escozor desde el título y la imagen seleccionada por sus editores para el volumen, se levantó por doquier.

La edición de casi 200 páginas que reúne a quince filósofos e intelectuales, algunos de los más reputados en la arena intelectual internacional, compila los escritos publicados del 28 de febrero al 20 de marzo- principalmente en diarios internacionales y revistas- con respecto a la crisis sanitaria del coronavirus, donde estos pensadores y pensadoras dilucidan lo que ocurre.

Se trata de asir, construir una barca conceptual para sacudirse el miedo, dar pistas a los gobernantes, dialogar con determinados postulados científicos y aventurar – con más fortuna unos que otros-, teorías para desbrozar un sintagma común que ya es parte de nuestro imaginario: Covid-19.

En ‘Sopa de Wuhan‘ se lanzó en primera línea a Giorgio Agamben, el reputado filósofo italiano quien consideró que “se inventó la pandemia”, que aunque después moderó esto en otro escrito que también compila el libro, su afirmación produjo extrañeza en algunos círculos intelectuales

Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y de trabajo en regiones enteras? La necesidad real impuesta por el Estado de estados de pánico colectivo”, hasta aquí la cita polémica de Agamben.

Al corte del 20 de abril, Italia registra casi 24 mil muertos y más de 178 mil contagios, siendo el segundo país del mundo más afectado, mientras que en el mundo se superan los 166 mil muertos y los 2.4 millones de contagios.

Un auténtico rockstar, que fue uno de los primeros en sacar su libro sobre el coronavirus, es Slavoj Žižek, quien avizora el fin del capitalismo global, un derrumbe de la economía neoliberal y osado, dice que el coronavirus nos obligará a repensar el comunismo.

El esloveno es irónico, ácido: “Por lo tanto, no solo el estado y otras agencias nos controlarán, también debemos aprender a controlarnos y disciplinarnos. Tal vez solo la realidad virtual se considere segura, y moverse libremente en un espacio abierto estará restringido a las islas propiedad de los ultra ricos”.

Pero como en todo hay detractores, Jean Luc Nancy fue de los primeros en contradecir a Agamben, de quien se confiesa admirador, más le espeta que el virus no puede tratarse de una simple gripa, porque la letalidad es 30 veces mayor o más.

Franco Bifo Berardi aventaja en su texto que lo que provoca pánico es que el virus escapa a nuestro saber.

La recesión económica que se está preparando podrá matarnos, podrá provocar conflictos violentos, podrá desencadenar epidemias de racismo y de guerra. Es bueno saberlo. No estamos preparados culturalmente para pensar el estancamiento como condición de largo plazo, no estamos preparados para pensar la frugalidad, el compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo”, enfatiza Bifo.

Conforme se avanza en la lectura del material editado por ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio), se topa con las palabras de Santiago López Petit que solo retrata lo que ya se pasea como postal a diario: “Todo aquello que parecía imposible e inimaginable sucede en estos momentos. Escuelas cerradas, prohibición de salir de casa sin razón justificada, países enteros aislados. La vida cotidiana ha volado por los aires y ya solo queda el tiempo de la espera”.

Otra de las autoras más celebradas de la compilación es la abanderada feminista Judith Butler, quien entre más ideas, despotrica contra las acciones de Estados Unidos en esta pandemia y saca a cuento la politización que esta nación ha hecho de la cura

Un escenario que ya podemos imaginar es la producción y comercialización de una vacuna efectiva contra el Covid-19. Claramente desesperado por anotarse los puntos políticos”, recrimina Butler.

Disfrutables son las disertaciones de Alain Badiou, quien parece tomarse más tiempo para escribir sus impresiones, mientras que otro subido en el top de la filosofía contemporánea, el mediático Byung-Chul Han, que polemizó con el esloveno Slavoj Žižek, al plantear una postura totalmente diferente a la de él, y no se ha cansado de recalcar.

El coreano no quita el dedo del renglón al sostener que perderemos todo tipo de libertad individual y pasaremos a una sociedad hipervigilada.

Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia”, se explaya Han.

María Galindo, la activista boliviana, desnuda muchas de las realidades de la pandemia en miles de ciudades en América Latina.

Ni una sola de las medidas copiadas se ajusta a nuestras condiciones reales de vida, no solo por las deudas, sino por la vida misma. Todas y cada una de esas medidas copiadas de economías que nada tienen que ver con la nuestra, no nos protegen del contagio, sino que nos pretenden privar de formas de subsistencia que son la vida misma. Nuestra única alternativa real es repensar el contagio“, asegura Galindo.

La publicación de Sopa de Wuhan concluye con otro texto de Agamben, profético: “Por esta razón -una vez que se declare terminada la emergencia, la peste, si es así-, no creo que, al menos para aquellos que han mantenido un mínimo de claridad, sea posible volver a vivir como antes. Y esto es quizás lo más desesperado hoy, incluso si, como se ha dicho, solo para aquellos que ya no tienen esperanza se les ha dado esperanza”.

Paul B. Preciado, quien se ha posicionado rápidamente entre los críticos contemporáneos, concibe que los cambios que traerá esta crisis, ya se estaban gestando.

Volvamos ahora a nuestra situación actual. Mucho antes de que hubiera aparecido la Covid-19 habíamos ya iniciado un proceso de mutación planetaria. Estábamos atravesando ya, antes del virus, un cambio social y político tan profundo como el que afectó a las sociedades que desarrollaron la sífilis”, contextualiza Preciado.

¿El futuro? Nadie puede adivinarlo. Lo han intentado por igual científicos, astrónomos, novelistas, místicos iniciados, filósofos como en este caso. Cada corriente defiende a ultranza sus ideologías, se apega a aquello que les dé certidumbre y tranquilidad, como un oasis filosófico para el cerebro. 

Nada será igual al término de la pandemia ¿o sí?

  • Ilustración: Tyler
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