En mancuerna, atiborrados de virtuosismo, dos autores colosales, Mozart y Mahler vueltos a la vida, retornados potentísimos por la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) en el concierto que ofreció en el Teatro del Bicentenario.
El plato fuerte, se anunciaba en el programa de mano, era Titán, la primera sinfonía de ese iconoclasta de Gustav Mahler, pero todo iría a más desde el inicio…
Un comienzo donde la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta, de Mozart, se apersonó contundente en los oídos del respetable.
Jesús Medina en la dirección orquestal fue un caníbal, soberbio en la conducción de sus músicos, imparables todos

Los tres movimientos de la pieza compuesta en 1779 se sucedieron en gozo delirante, con la cuidada interpretación de los músicos, varios de los cuales ya se han curtido con los mejores directores del mundo.
Pero faltaba un remate en el último movimiento, la belleza del violín y la viola en una ejecución (valen los excesos en adjetivos), magistral, a cargo de Raúl Teo Arias en el violín y Máté Szücs en la viola.
Ambos, maestros inconfundibles de su instrumento, lo que les ha valido el reconocimiento de la crítica internacional, se pusieron la piel, los ojos de Mozart para encarar la partitura y ¡qué belleza!…la pulcritud, el brillo que le pusieron a su encomienda hizo tronar las palmas una y otra vez del público y orquesta para premiar el regalo estético que brindaron.
Ya en la segunda parte de la función, el escenario estaba a modo, con los ánimos a tope

Salió a relucir entonces la bien ganada reputación en Hispanoamérica de la centenaria Orquesta Filarmónica de Jalisco, que se puso la vara en alto con la Sinfonía número 1, Titán, la joya de la corona de esa noche de viernes.
Cada nota, cada uno de los cuarenta y cinco minutos de la sinfonía sonó y supo a gloria. Los cuatro movimientos de la obra escrita entre 1884 y 1888 se volvieron un caudal de emociones.
¿Cómo elegir uno de los cuatro movimientos? Acaso el primero, lleno de magia y misterio puede competir con el tercero, que ha sido calificado como el que sintetiza todas las preocupaciones de su autor, y donde la originalidad reboza con fondo de timbales y contrabajo.
Designado originalmente como un poema tonal en forma de sinfonía, esta obra de Gustav Mahler toma como base a Titán, novela del escritor alemán Jean Paul, publicada en cuatro volúmenes entre 1800 y 1803.

La garra de Jesús Medina, el director, emocionó sin par al público de la sala principal del Bicentenario, pues la víscera mostrada en Medina, se ve poco en los directores orquestales, que vibran, bailan, sufren, crispan las manos, se salen de sí para contagiar a los ejecutantes de ese frenesí.
Ríos, ríos de alientos, percusiones, metales en clímax incesante y la magnificencia de los ocho cornistas a los que se dispuso tocar de pie, coronaron una ejecución memorable en el movimiento final como queriendo gritarle a Mahler: “aquí estamos, trayéndote de vuelta”.
Este concierto de la OFJ formó parte de la tercera Jornada Cultural Roberto Plasencia Saldaña.
Un concierto demoledor, como el golpe de un Titán.
- Fotos: Teatro del Bicentenario Roberto Plascencia Saldaña