Hoy termina una época con el retiro de un hombre generoso, brillante y visionario que deja un legado para la historia de la vida cultural de México y el mundo. Uno de mis grandes maestros vivos y amigo: Fernando Macotela Vargas.
A sus 86 años de edad, Macotela se despide, tras 26 años ininterrumpidos, como director de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), la fería más antigua de México, la más prestigiosa intelectualmente, y modelo para muchas en el resto del país.
Bajo su liderazgo se elevó la influencia de esta magna reunión del intelecto y las palabras, auspiciada generosamente por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde lo mismo se multiplicaron con éxito las actividades culturales y la afluencia que alcanza hoy cientos de miles de visitantes en cada edición.
La última vez que nos vimos fue en marzo del año pasado, cuando me honró presentando en la edición 45 de la FILPM mi último documental, Teatro Juárez. Joyas de Guanajuato -nominado meses luego a los Premios de Televisión de América Latina (TAL) 2024-, el cual dirigí para la televisora estatal de Guanajuato, TV4.
Una presentación atípica, porque soy poeta. Mi vida literaria fuera de Guanajuato comenzó justamente en la FILPM en 2009 y por ello me sentía extraño de arribar ahora como documentalista al cumplir medio siglo de vida. Algo simbólico.
A Fernando lo conocí en febrero de 2008 durante la presentación que hice del libro Su afectísimo y atento…, de mi querido amigo el profesor Federico Esparza (q.e.p.d.) en el Teatro María Grever de la ciudad de León. Y desde entonces comenzó una amistad que marcó mi vida, porque además se convirtió -sin proponérselo- en uno de mis grandes maestros vivos

Al año siguiente de nuestra coincidencia, ya estaba en la FILPM presentando mi libro de poesía Estación marina -con una violonchelista callejera, a la cual invité para que me acompañara; porque tocaba a Bach-, lo cual le causó a Fernando una sorpresa por mi locura para improvisar un espectáculo poético-musical.
Al día siguiente, mi hermano Ricardo García Muñoz presentó mi libro de relatos Convulso, amargo Babel y por la noche charlamos largamente en la cena con Fernando, quien nos animó a concretar un sueño que acariciábamos desde hacía tiempo: fundar una editorial.
Así nació Cuatro Gatos. Y aunque su data fue breve, logró empujar para que el entonces Instituto de Cultura del Estado (IEC), creará la colección Formato Breve para dar cabida, por primera vez, a los jóvenes escritores de Guanajuato. Lo que buscabamos.
Cada avance dado se lo compartía a Fernando como muestra de agradecimiento por sus consejos y, claro, buscando su aprobación, su generosa guía. Como cuando atravesaba una dolorosa turbulencia en mi vida, y me respondió desde Pekín con este mensaje, con su particular humor negro:
“Bueno, me da mucho gusto que el Hagakure te indique la vía, pero de ninguna manera aceptaría yo que te hicieras harakiri”.
Poco después le confiaría sobre otra locura concretada, la de invitar a una performance poétíco-musical a la diva aérea Jaramar. Aunque yo deseaba que me acompañara a la FILPM, por su agenda no fue posible. Pero me sorprendió al aceptar acompañarme para el recital en la Feria Nacional del Libro de León (Fenal).
Y le escribí entonces emocionado a Fernando:
“La presentación fue un éxito. Aunque no hubo procesión por los pasillos, casi se llenó el auditorio mayor, con más de 100 personas. Todo mundo quedó hechizado. Y dime si no con la voz celeste de Jaramar y la música maravillosa de Cuauhtémoc Trejo, además de una zanfona provenzal.
“Alisto los detalles para una presentación a cielo abierto en el Forum y una pequeña gira por Guanajuato y San Miguel.
“Por lo demás, la fiesta duró hasta las dos y media de la mañana, fuimos moderados, creo, entre los shiraz y el whiskey, y volvímos a casa sanos y salvos. Jaramar se fue muy emocionada y divertida. Belén fue muy comprensiva conmigo y eso me hizo más hermosa la noche. Estoy desbordado aún. Y claro que no está en mis planes el seppuku. Necesito aún hacer más cosas antes de partir”.
Nuestra correspondencia epistolar abarca ya 17 años. Y siempre ha sido para mi una especie de recordatorio sobre lo que vale la pena y lo que no, una especie de Hagakure para el escritor moderno. Hay citas, sentencias, emociones, dolores, enseñanza, mucha sabiduría de Macotela.
Cada visita de Fernando a León también fue siempre un gozo y un aprendizaje, pues se integró a mi círculo íntimo y gozamos mucho con charlas interminables sobre arte, cine, periodismo, literatura, sobre la vida misma. Todo en momentos sibaritas de los cuales quedan hermosos recuerdos

Noches de ensueño -por la altura intelectual- como la cena con mi mentor y maestro Don Miguel Barragán Torroella (q.e.p.d.), director de diarios y fundador -junto con Don Vicente Lascurain- del más grande y prestigioso de todos en Guanajuato, el gran diario a.m. -mi casa periodística-, el cual dirigió hasta llevarlo al renombre nacional.
De esa velada, hace meses encontré, inesperadamente, un vestigio que hizo me estremeciera. Un platón de cerámica firmado por Fernando, como era costumbre solicitar a todas las personalidades y famosos que visitaban la Tasca de Jordi’s. Algo que hizo tras la cena sibarita que tuvimos con buenos vinos, platillos exquisitos, postres y digestivos. Hoy la Tasca ha desparecido, pero la sucursal moderna sigue en pie y ahí está ese recuerdo vivo. Cuando le envíe la foto, me respondió con su habitual humor negro:
“Curioso…curioso… Y ahora, sólo como calabacitas, chayotes y zanahorias hervidas!”.
En una entrevista para celebrarlo hace años, le hice un cuestionario Mallarmé-Proust donde su respuesta para la última pregunta es elocuente y muestra al Fernando Macotela que siempre he admirado:
¿Quién es Fernando Macotela?
¡Sepa Dios!
Hace años, cuando caí en una espiral oscura que me llevó a los infiernos, Fernando siempre estuvo presente para darme su apoyo moral. Aún cuando lo fastidiase con mi intensidad. Decía que le recordaba, cuando me ponía pesado, a Ricardo Garibay -aunque en ese entonces aún no ejercitaba yo el boxeo-.
Siempre fue atento pese a muchas de mis impertinencias, pues tengo un huracán dentro de mi cabeza. Lo que le molestaba mucho era que me asumiera derrotado. Y me platicaba sobre los días más negros de su existencia y cómo nunca se dejó vencer.
Cuando ironizaba con mi actitud de trágico respondiéndole a su pregunta sobre cómo estaba, yo respondía con un: “Derrumbado”. Y sus respuestas siempre eran igual de ácidas, como esta: “Dices que estás en el pozo, pero ni siquiera te he visto asomarte”. Así ha sido Fernando en mi vida.
Tampoco dejó de citarme a Bretch para fustigarme ante mis dudas cuando emprendía proyectos nuevos, aludiendo a que no hay equipo perfecto y que las cosas se hacen con lo que hay.
Su currículum es apabullante, internacional, sofisticado, genial. Fue Director del Festival Internacional Cervantino (FIC), de Cinematografía Nacional, de la Cineteca Nacional, gestor cultural, docente, escritor, fundador de cine clubs, jurado internacional de cine y un largo etcétera, ha recibido un sinfín de reconocimientos, medallas y condecoraciones internacionales, vivió largas temporadas en diversos países de Europa con cargos culturales. Es, como diría Borges, un exquisito.
Hoy que se retira, con él se va una época. Como lo que plantea su película favorita El Gatopardo, de Luchino Visconti. Por ello, no me queda más que recordar y reconocer como influyó en mi vida este hombre genial, y hacer público este reconocimiento a mi último maestro vivo.
Gracias por siempre, Fernando Macotela.
- Fotos: Especial