Manuel Felguérez, Óscar Chávez, Pilar Pellicer y Luis Sepúlveda son algunos de los creadores caídos a causa del coronavirus
Han sido días cruciales para el arte y la cultura en la pandemia. Las pérdidas de artistas e intelectuales se han sumado a esta estadística atroz.
Tanto las artes visuales como la música, el cine y la escritura latinoamericanas, cargan el luto de singulares espíritus creativos y libérrimos en los nombres de Manuel Felguérez, Óscar Chávez, Pilar Pellicer y Luis Sepúlveda.
Apenas el 8 de junio pasado, las secciones culturales y notas nacionales de los diarios se inundaron con el estrépito de la muerte de Manuel Felguérez, caído por el Covid-19 a los 91 años.
Con una trayectoria de setenta años, el maestro del abstracto se había ido y con él, uno de los últimos bastiones de la llamada Generación de la Ruptura.
Suplementos como Laberinto, Confabulario o La Jornada Semanal, dedicaron este fin de semana pasado sus páginas a honrar la obra y memoria del zacatecano y no era para menos.
Críticos, amigos, curadores y demás personajes de la vida política e intelectual de este México se unieron a la pena del vuelo sin retorno de ese joven rebelde nacido en 1928 que renegó dela Escuela Mexicana de Pintura y se embarcó a Europa para beberse las influencias del cubismo como la de Ossip Zadkine, una de sus mayores referencias.
Pintura, escultura, fotografía, dibujo, grabado e instalación fueron lo mismo para Felguérez; todo lo ejerció con una locura y maestría inusitadas que le valieron becas y el reconocimiento internacional unánime
Hay que visitar el museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez en Zacatecas, creado en 1998 -único en América Latina- para darse cuenta de que no se exagera.
A los 19 años Felguérez se dio cuenta que lo más importante en la vida era el arte y a eso se dedicó incansablemente.
Apenas en diciembre de 2019, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), inauguró una exposición homenaje al autor para celebrar sus 90 años…quién lo diría.
Considerado artista de otro tiempo por sus contemporáneos, Felguérez cultivó una cercana amistad con Jorge Ibargüengoitia, con quien formaría una tropa de boy scouts a la que se sumaría Juan García Ponce.
Esteta irrefrenable, se embarcó también en el diseño de producción de Tajimara (1965), cortometraje de Juan José Gurrola, basado en un cuento de Juan García Ponce y que protagoniza Pilar Pellicer.
Tanto en ese corto como Un alma pura, con guion de Carlos Fuentes, que dirigió José Luis Ibáñez, se mezclan algunos nombres del calado intelectual de la época como el propio Felguérez, Gurrola, Ibáñez, Pellicer, Carlos Monsiváis, Óscar Chávez e incluso Alejandro Jodorowsky, en cuya película de culto, La montaña sagrada, también se involucró el zacatecano.
Y si las artes plásticas perdieron a un titán, el pasado 30 de abril, a los 85 años, el coronavirus le cortó el aliento a Óscar Chávez, cuya interpretación de El Estilos en la película Los Caifanes de 1967, dirigida por Juan Ibáñez, con guión de Carlos Fuentes, lo iba a catapultar a un reconocimiento público que no lo encontró necesariamente en la actuación, pero sí en el canto de lucha social y protesta, donde encontraría su mejor acomodo en la historia latinoamericana.
Pero fue en la película de Ibáñez que a Chávez se le bautizó como El Caifán mayor. Su amistad con el director se prolongó durante años.
En una de sus presentaciones en el Festival Internacional Cervantino (FIC) a finales de los noventa, Chávez visitó en esta ciudad al cineasta, quien ya se había afincado en el Cuévano de Ibargüengoitia y fundado el bar La Dama de las Camelias. Ambos, se dice, protagonizaron esa noche una parranda de antología en recuerdo de los viejos tiempos.
Como cantautor y poeta Oscar Chávez se enraizó de buena gana en la radio cultural como actor y productor de Radio UNAM cuando ésta era dirigida por Max Aub
Conocido además por su simpatía por la izquierda y la acérrima crítica de la política y cultura nacionales, Chávez logró un inusitado repertorio de más de mil canciones cuyas letras y decidido compromiso con las luchas sociales, logró la conjunción de varias generaciones que lo aplaudieron en cada escenario que se presentara.
Canciones como La casita, Por ti, La niña de Guatemala o aquellas dedicadas al Che Guevara o Salvador Allende, forman parte indiscutible de la memoria de la canción latinoamericana.
En lo que resta del mes de junio y como un homenaje, Radio UNAM transmitirá cada sábado los programas en los que participó Óscar Chávez durante los sesenta, justo cuando Max Aub dirigió la emisora.
Y si recordamos lo escrito líneas arriba, se nombra a Pilar Pellicer (sobrina del poeta Carlos Pellicer), otra de las víctimas fatales de la pandemia que murió el 16 de mayo pasado.
Pellicer, una actriz de teatro, hecha y derecha, constituyó un icono en la cinematografía nacional. Alumna del mítico Seki Sano, la joven de entonces se perfeccionó en la Escuela de Teatro Nacional Popular de Francia y en el Actor’s Studio, semillero de monstruos del cine y teatro mundiales.
Pedro Páramo, la adaptación de la novela de Juan Rulfo que filmó Carlos Velo, llevó en el personaje de Susana San Juan, la carne e imponente presencia de Pellicer. Para 1972, la actriz dejó otra huella con la obra Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis.
Tres años después, en 1975, se llevó el Ariel como Mejor Actriz por su interpretación en La Choca, pero Pellicer es de las que puede presumir haber sido parte del elenco de Nazarín, aclamada cinta de Luis Buñuel.
Otros de sus trabajos celebrados en el cine fueron Las poquianchis (1976) y Cadena perpetua (1979).
La lista de las estrellas caídas por la pandemia de Covid-19 se cierra con Luis Sepúlveda, uno de las primeras y más jóvenes muertes desde el inicio de la epidemia
El 16 de abril en Oviedo, el gran escritor perdió la guerra contra el virus a los 70 años. Chileno universal, Sepúlveda pudo vivir todas sus vidas.
Exiliado por la dictadura de Pinochet, el autor de profunda veta comunista probó siempre su escritura como una forma de resistencia.
La novela que lo encaramó a todos los éxitos es Un viejo que leía novelas de amor, publicada en 1988 y que ha vendido 18 millones de ejemplares con traducción a más de 60 idiomas.
Con una producción vasta y rica como su imaginario (alcanzó la cuarentena de obras), el escritor exploró lo mismo la novela policial que los libros de viajes, la poesía o los relatos en forma de fábula moderna y el relato testimonial.
Destacado representante del Realismo Mágico, Sepúlveda abrevó también del teatro y en 1977salió de su país por una década en donde pisó Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Perú, donde convivió con tribus indígenas que impregnan la atmósfera de la multipremiada novela que cuenta la historia de un anciano y su médico que le surte novelas de amor.
Cuatro artistas, cuatro intelectuales y hacedores que el virus se llevó con la furia de su espada, más la obra permanece incólume y testimonia que ni incluso la muerte apaga el legado de la creación.
- Ilustración: Pieter Claesz