El ballet clásico es una de las manifestaciones supremas de la danza. La pulsión que ofrece gozar de un imperial ‘arabesque’, ‘attitude’, el mágico ‘ballonné pas’, ‘grands o petites battements’, el exquisito  ‘brisé’, ‘chassé’, la divertida ‘cabriole’, el maravilloso ‘pas de deux’…los movimientos son tantos y tan perfectos.

I

Dice en la página de la Fundación Elisa Carrillo Cabrera que “el buen gustó debería educarse viendo a los mejores ejemplos”. Y la noche del martes la constelación mundial del ballet estuvo siguiendo la primicia de esta joven fundación que lleva el nombre de la mejor bailarina de ballet mexicana en nuestros días.

Apresurados, minutos antes de las ocho de la noche, el público corría hacia la sala principal del Teatro Bicentenario, en León, Guanajuato y de manera inaudita, lo hacían para ver una gala de ballet. Yo también, de forma no tan inaudita, iba tarde para la función.

La lluvia y el ballet volvió a todos unos flemáticos ‘inglesitos’. Adentro de la sala aguardaban rusos del Ballet Bolshoi, gringos del Ballet de Nueva York, alemanes del Ballet de Berlín, ucranios del Ballet de Ucrania entre otros, y Elisa Carrillo Cabrera, la mexicana culpable de eso también.

Todo para educar al buen gusto. Todo por masificar a ‘la alta cultura’, algo que nos vendría muy a todos

Elisa Carrillo, ‘prima ballerina’ del Ballet Estatal de la Ópera de Berlín.

II

Elisa tiene 36 años y podría ser considerada  ‘una niña prodigio’. A los seis años comenzó en el ballet y para los 30 ya era primera bailarina en el Ballet Estatal de la Ópera de Berlín lo que la convirtió en la primera mexicana en alcanzar este grado.

Es de Texcoco, Estado de México y el teatro del Centro Cultural Mexiquense, el centro de arte y cultura más importante de ese estado, lleva su nombre. Es miembro del Consejo Internacional de Danza de la UNESCO y ha recibido premios por todos lados. En el programa de mano leo que en 2013 le otorgaron uno que se considera ‘el Óscar’ del ballet.

Elisa Carrillo Cabrera y Mikhail Kaniskin

Elisa está casada con Mikhail Kaniskin, también bailarín principal del Ballet Estatal de Berlín, quien además es el director artístico de la Fundación Elisa Carrillo

La noche del martes ellos dos, los anfitriones, se presentaron regresando del intermedio con Elegía, una puesta que forma parte del programa integrado por catorce momentos musicalizada por la belleza natural de Serguéi Rajmáninov.

La precisión y velocidad de sus movimientos son difíciles de describir. Elisa gira a toda velocidad y la peineta clavada en su cabello sale disparada en el escenario. Mikhail brinca y parece que la gravedad no aplica para él.

 

III

Con la Sinfonía nº 3 de Tchaikovsky comenzó el espectáculo.

Diamantes, una obra del ballet Joyas montada para dúo, es el plato que abre la noche. Googleo, desde la butaca que ocupo, qué significa Pas de deux, que aparece en el programa de mano, y leo que es paso a dos o ballet ejecutado conjuntamente por dos personas.

La primera y el primer bailarín del Ballet Bolshoi en el escenario brillan, de forma metafórica y literal

Mi voz interna aún no se calla pero poco a poco comienza a hacerlo. Veo puntos en el piso del escenario e imagino que son guías pero luego no tiene sentido mi teoría por los movimientos que hacen y mi mente viaja a un referencia bibliográfica que debo incluir en una investigación y luego pienso que el ballet es machista, que la mujer es tratada como objeto y recuerdo que mi cartera está en el auto y mi auto en la calle, y después el último movimiento y el esplendor de los ejecutantes del Ballet de Nueva York estirados al máximo demostrando todo lo que el humano es capaz de hacer, y el silencio en mi cerebro llega y se  mantiene así por las próximas dos horas y media.

No entiendo nada de casi nada y menos de ballet. Pero siempre que acudo a algún evento del que no sé nada hago una prueba: si logra el espectáculo callar mi voz interna de merolico que siempre me acompaña (una voz que solo yo escucho y que me recuerda todo lo que debo hacer) el espectáculo para mi es bueno.

La noche del martes ocurrió. Olvidé todo lo me esperaba a la mañana siguiente (`todo´ es lo mismo de siempre, páginas de word a las que debo quitarles lo blanco).

IV

En el Teatro Bicentenario de León, unas mil 600 personas tuvieron una buena dosis de ballet de la más alta escuela. La misión de la Fundación Elisa Carrillo ha logrado su objetivo.

El programa que contenía  piezas de ballet clásico como El Cascanueces, La hija del Faraón o Don Quijote, también mostró lo que la propia Elisa Carrillo defiende: “Bailar danza clásica ya no es suficiente para un bailarín; en cualquier compañía del mundo tienes que poder bailar salsa, con tacones, diferentes estilos, tanto en audiciones como en las galas”.

Las simples cosas’canción popularizada por Chavela Vargas, por ejemplo, fue parte del programa  y una de las puestas que más me impactó: los bailarines (del Ballet Estatal de Ucrania) parecían viejecitos sólo con su cuerpo, sin más indumentarias o maquillajes y rejuvenecían al compás de una de las más profundas letras de la música en español.

Bach acompañó la parte de vanguardia. Multiplicidad, formas de silencio y vacío, puesta con la que cierra el programa, fue también, como todos los momentos de la noche, uno espectacular: Elisa Carrillo era un chelo y Michel Banzhaf, el bailarín solista del Ballet Estatal de Bavaria, el ejecutante. Una mezcla de obras de Bach musicalizando y dos cuerpos que realmente parecían objetos que cobraban vida. Para estas alturas no recuerdo nada de lo que debo hacer al día siguiente.

V

Afuera cae una tormenta que también baila en la oscuridad. Yo olvido eso de que el ballet es machista.

Estoy emocionado y quiero brincar. Hacer una cabriole.

  • Fotos: Carlos Quezada