Christian Lindberg ( Danderyd, Suecia, 1958) el mejor trombonista del mundo, dirigió y actuó como solista con la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB). Aquí la historia.

Las reseñas que existen de su carrera son apabullantes. En el programa de mano que entregaron el sábado 29 de septiembre a los asistentes al Auditorio León de Greiff, en la Universidad Nacional de Colombia, afirman que sus logros para el trombón “solo se pueden comparar con los de Paganini para el violín o los de Liszt para el piano”.

El mejor instrumentista de viento de la historia”, así lo clasifica ClassicFM (la más importante estación de música clásica con sede en Reino Unido), brilló en Bogotá, literal y metafóricamente

I

Carmesí Galáctico

A las cuatro de la tarde con 16 minutos, ya con la OFB perfectamente alineada, Lindberg aparece, juvenil, corriendo por la izquierda del escenario. Viste una camisa rojo metálico con un alto cuello mao. La primera obra a interpretar: Romeo y Julieta, obertura fantasía (1870), de Piotr Ilich Chaikovski.

El carmesí galáctico de la primera de las cuatro camisas que Lindberg usará a lo largo del concierto, queda ideal con la temática de la histórica sonata: un amor prohibido que terminaría en sangre, paranoia y dolor.

En esta pieza, en donde las arpas le ponen lo shakesperiano y los tímidos violines en tono bajo la fantasía, Lindberg funge como director. Aún sin el trombón, su instrumento.

La teatralidad de sus movimientos -que indican cuando intervienen  las trompetas, flautas, violines y cellos-, provocan la sensación de que en algún momento el mismo Lindberg tomará una daga y se la enterrará en el pecho. Tras los casi 20 minutos que dura la obra no ocurre eso que imagino

 

Ya en el apoteósico cierre, no lo puedo evitar, y pese a las reglas del lugar saco mi celular y grabo justo ese momento: cuando todos los arcos de la sección de violines parecen campeones de nado estilo mariposa saliendo y entrando de la piscina, a toda a velocidad.

Pienso que si en tiempos de Paganini hubiese smartphones cualquiera habría hecho lo que yo hice.

Lindberg y la OFB reciben la primera ovación en una sala al 70 por ciento de su capacidad (pese a que un día antes ofreció el mismo concierto, en el mismo lugar, pero gratis).

II

Negro Onix

La segunda pieza es una obra que nació hace dos años: Black Hawk-Eagle (Águila negra) para trombón y orquesta. Es una de las más de 50 obras de Lindberg, compositor por encargo también para la Sinfónica de Chicago o la Filarmónica Real de Estocolmo.

Evoca a un ave de las selvas húmedas de América, antítesis de Danderyd, en Suecia, el poblado en el que nació.

Para este momento del concierto elige una camisa negra, brillante como el ónix y ya está acompañado de su trombón

El concierto es electrizante, como los gestos y el vestuario de Lindberg.

Lindberg comenzó a los 16 años con el trombón luego de estudiar piano y trompeta. Los sonidos del jazz lo cautivaron y así, con la idea de emular a Jack Teagarden (el mítico trombonista del tiempo del big band estadounidense) empieza su extraordinaria carrera musical.

Compuesta por cuatro movimientos, la obra comienza con una Fanfarria a la tierra. La música anuncia la grandilocuencia del vuelo de un halcón-águila. Luego la Danza del Aguila que evoca los solitarios vuelos de esta ave para dar paso al movimiento que denominó Cielo roto, en cadenza, oportunidad ideal para ejemplificar su virtuosismo.

Su abdomen se contrae, casi imperceptible, y el movimiento Gran Altura marca el cierre del segundo momento del concierto lleno de las vibraciones máximas producidas por su boca en la boquilla del trombón. Llega el intermedio y, pasmados, salimos a buscar un café.

La fila es enorme y no nos da tiempo de comprar su CD, su música. ¿Qué importancia tiene si lo estamos escuchando Laura y el que esto escribe agitado? Volvemos a la sala.

III

Plata metal

Leo en El Espectador que Lindberg hace yoga.

Tengo 60 años y para mí es vital ejercitarme. Hago yoga y meditación (…) porque científicamente está comprobado que si no te ejercitas reduces tu capacidad cerebral, lo que genera grandes problemas psicológicos como la depresión”, le declara al diario que más me gusta de Colombia.

En la tercera participación hace una pausa para dirigirse al público con un breviario cultural: el padre de Mozart, Leopold, compuso el primer concierto para trombón en la historia Concierto en re mayor para trombón alto (1755)

Lindberg tras su apoteósica presentación en Bogotá.

Aquí otro momento hipnótico: en la primera parte de la pieza, Christian Lindberg, ahora vestido en color plata-metal, interpreta un un allegro en cadenza, algo así como jamear en el jazz. La estela de sus movimientos inundan el lugar.

IV

Púrpura Espacial

El concierto llega a su final con la Sinfonía No. 3 en do mayor, OP. 52 (1908) de Jean Sibelius, una pieza del romanticismo tardío. Lindberg se despedirá con una camisa que evoca a los obispos y que hace imaginar que la indumentaria clerical del futuro podría ser así: púrpura espacial.

El arzobispo del trombón ya ha rendido al público a fuerza de tonos enigmáticos y de tonos triunfales. La obra de Jean Sibelius es ideal para concluir el recital. Leo en el programa de mano una declaración de Lindberg que retrata de alguna forma lo que acabamos de escuchar y ver: “No escribo en ningún estilo en particular, solo escucho lo que me dice mi cerebro y mi alma y eso escribo. Cualquier otro comentario sería una tontería pretenciosa”.

Pienso que en cualquier momento el más grande trombonista de todos los tiempos dirá: “pueden ir en paz, la misa ha terminado”.