Con El Padre, Antonhy Hopkins brinda una de las mayores experiencias cinematográficas con su actuación y el director, Florian Zeller, deja la vara muy alta en esta, su ópera prima.

Dicen que Anthony Hopkins se quedó dormido cuando anunciaron la entrega del Óscar por estos días, el segundo de su carrera.

Dicen también, lo han dicho y escrito en entrevistas añejas, realizadas como un trabajo curatorial de periodismo, que él apenas conoció la felicidad a los 75 años, hace menos de una década.

Han dicho, se ha escrito que dejó el alcohol hace más de 45 años, que abandonó a su hija casi recién nacida, que también, sí…le importa mucho el dinero.

Se comentó en mucha de la tinta que ha corrido por estos días, que Hopkins deambuló por todos los infiernos -uno de los más terribles, su propia soledad y aislamiento- antes de acariciar la gloria

El sir Anthony, ese hombre que no sabe llorar o lo ha hecho en ocasiones tan escasas que ni se recuerdan, ese camaleón del cine y el teatro. El teatro que abandonó a media temporada de una obra de Shakespeare en Londres, ¡vaya locura!, forjó los tonos interpretativos del actor quien, en efecto, con El Padre, brinda una actuación portentosa a sus 83 años.

La obra de teatro que escribiera hace una década el francés y director de la película, Florian Zeller, triunfó con su estructura fragmentaria en las salas y en las pantallas por la férrea decisión de que obras así deben conocerse, necesitan ser apoyadas por inversores, hombres y mujeres de la escena independiente.

Se trata de contar la decadencia que provoca el Alzheimer y el resultado es contundente, arrollador.

Como puesta en escena, el texto de Zeller se llevó los mejores homenajes y el montaje atrajo al público de Londres, Madrid y Argentina.

En México, la obra estuvo en temporada en 2018 con Ignacio López Tarso en el protagónico, arropado por un elenco comercial, pero no pasó mucho más.

Volvamos a la dupla Hopkins-Zeller, donde el primero se pone a las órdenes de un director joven, que estrenaba su ópera prima en cine y que soñó, siempre lo quiso, que el galés actuara en su película.

En la cinta todo está al servicio del propio Hopkins, comenzando por la elección de la música.

La acción sucede en un departamento, del que el personaje se siente dueño o es el dueño, mas las cosas no van cuadrando del todo

El protagonista, se nos cuenta, va recordando las cosas como su mente las acomoda, con la confusión de lugares, situaciones, rostros, anécdotas, una obsesión enfermiza por su reloj de pulso.

No se sabe bien a bien, y este es uno de los fenomenales aciertos del dramaturgo y cineasta, lo que es verdad y mentira o lo que es real y no.

Todo se fragmenta, hay cruces temporales, un esfuerzo en el plano a plano cinematográfico en sabernos introducir en la mente de una persona con esta enfermedad. No hay exteriores en la filmación, reto doble que todo sucediera en un departamento, recurso teatral al fin y al cabo.

Se instalan preguntas donde el espectador va a galope, puerta tras puerta para estar inmerso en la marea de confusiones de Hopkins.

Una experiencia inmersiva que no puede contarse sino vivirse, degustarse de a poco, eso es El Padre, que abona a las estructuras de la dramaturgia contemporánea en el tratamiento del guion y la dirección para rezumar vitalidad al arte cinematográfico

Por supuesto que Olivia Colman hace una mancuerna excelente con Hopkins en la interpretación de la hija, la combinación es de lo mejor que se ha visto en los últimos meses en las pantallas lo que suma medallas al propio Zeller y su obra que él mismo ha calificado de farsa trágica.

Y dijimos en algún momento de la música, donde destaca la colaboración con Ludovico Einaudi, otro titán que también se ha involucrado en experimentos artísticos con Bob Wilson.

Pese a que El Padre no se ha estrenado en Francia mientras que en Latinoamérica lo va haciendo sin contratiempos, Zeller ya confirmó su segundo largometraje, El Hijo (la continuación de El Padre), donde involucró a Hugh Jackman y Laura Dern.

El escritor francés, que ahora está en los cuernos de la Luna, dijo a Semana: Yo vengo del teatro. Gran parte contar historias y trabajar con actores. Me son muy importantes, los amo a los actores, los admiro y adoro admirarlos. El casting de esta película me llevó a pensar mucho, a ser muy preciso, y corrí con mucha suerte. Todos fueron la primera opción en sus papeles. Todos dieron el sí, probablemente porque querían trabajar con Anthony. Y esa fue la parte más compleja, convencerlo a él”.

  • Fotograma: El padre