El Edificio Mónaco, macabra esfinge hasta ahora inmutable de los sórdidos tiempos de Pablo Escobar, deja de existir en Medellín, hoy 22 de febrero de 2019. En su lugar se construirá un memorial en honor a las casi 50 mil víctimas que dejó el narcoterrorismo entre las violentas décadas de los 80 y 90 en Colombia

 

I

El edificio Mónaco, antigua residencia de Pablo Escobar Gaviria y su familia, se hizo polvo en milésimas de segundo. Sus ocho pisos explotaron desde las entrañas, como un símbolo de la inflexión que hoy hace la sociedad colombiana de su doloroso pasado.

La construcción que durante tres décadas fue metáfora viva de la opulencia del narcotráfico colombiano, desapareció al medio día del viernes 22 de febrero de 2019, tal como desea la sociedad colombiana que imploten los anacrónicos prejuicios que hasta estos días los persiguen, en parte, ocasionados por una narrativa errónea que no cesa de repetirse.

Con la reducción a escombros del Mónaco no se acaba el narcotráfico que aún aqueja a esta región, como a muchas otras de América Latina

Los colombianos, víctimas directas o indirectas del Cartel de Medellín y de Pablo Escobar Gaviria, pueden hoy colocar en sus calendarios de fechas oficiales el momento exacto en el que su país dejó atrás el necesario, pero pasivo recuerdo, para honrar y construir su memoria, nunca más desde la voz de los victimarios, sino desde la de los verdaderos héroes: esas mujeres y hombres que resistieron valientes y se re-inventaron pese a la crueldad de aquellos tiempos violentos en Medellín.

II

El edificio Mónaco era un punto obligado en los narcotours que se hacen en Medellín a esos turistas embelesados por el relato traqueto. Fue construido en 1986, se dice que en un tiempo récord de cinco meses, en el barrio Santa María de Los Ángeles.

Durante 31 años fue considerado como el punto de partida simbólico del narcoterrorismo en Colombia ya que la madrugada del 13 de enero de 1988, el Cartel de Cali, rival de el de Medellín encabezado por Escobar, detonó 800 kilogramos de dinamita en su recepción.

Las páginas del periódico El Tiempo dieron cuenta del estilo de vida de Escobar y su familia; con la explosión quedaba a la vista el inexpugnable interior del Mónaco

Había obras de arte hasta en los baños”, se lee en la cabeza de la noticia que da cuenta también de la asombrosa colección de obras de arte, que incluía un Dalí y un Botero.

Las obras se mezclaban con objetos tan disímiles como un gran oso polar disecado”, describía la noticia dada por el El Tiempo.

III

Medellín abraza su historia, es el nombre de la iniciativa gubernamental y civil que busca hacer una reconstrucción de la narrativa de esta ciudad considerada en 1991 como la más violenta del mundo.

A través de distintas acciones urbanísticas, simbólicas, educativas, artísticas y de comunicaciones, buscan reescribir el relato que en el pasado solo fue formado por las (malas) ideas del narcotráfico.

Tal como en Hiroshima en memoria de las víctimas de la bomba atómica o en Nueva York, en tributo a los muertos por el atentado del 11 de septiembre, Medellín tendrá un memorial por las víctimas del narcoterrorismo en el mismo espacio en el que estuvo el edificio Mónaco.

El nuevo símbolo que expurga ese pasado doloroso y se llamará Parque Memorial Inflexión; los involucrados estiman que esté listo a fin de año

Más que la destrucción de un edificio, se trata de la construcción de un lugar en donde la sociedad no pueda olvidar para jamás repetir.

IV

Veo desde Bogotá la transmisión especial en televisión de la demolición del Mónaco, ese símbolo del narcoterrorismo, ese derrumbe simbólico del imperio de Pablo Escobar, y no puedo evitar pensar: ¿Qué edificaciones tendríamos que dinamitar en México como punto de inicio simbólico de nuestra nueva narrativa como país?

Después recuerdo que nuestro problema aún es incontrolable, y que en nuestra historia, la narrativa del narcotráfico es aún un largo y doloroso prólogo.