Menuda, cabello lacio, de tez morena reluciente y ojos vivaces. Traía en la manos un libro cuando se acercó a Gabo.

— Este libro ya tiene mi autógrafo — sorprendido le dijo García Márquez.

Eunice le explicó que un año antes, Pablo César Carrillo, había tomado su taller y que ella le había pedido traer ese libro para conseguir su autógrafo. Ella también venía a la Ciudad de México para aprender a hacer mejores crónicas.

— ¿Pero ustedes dos qué son?—  le preguntó el escritor-periodista.

— Somos novios — le respondió Eunice.

Con ese acento ya mezclado entre costeño y chilango, Gabo, del que se conocen sus extraños poderes premonitorios, firmó su historia de amor en 1998; bien podría llamarse a esta historia ‘El amor en tiempos de crónicas’

Eunice Mendoza y Pablo César Carrillo, una historia de amor que selló Gabo con una firma.

Con la condición de que se case con él”, garabateó el Nobel colombiano.  Años más tarde Pablo César le pidió matrimonio a Eunice.

Tenemos un compromiso firmado por el maestro Gabriel García Marquez, quiero cumplirlo”.

Hoy 20 años luego, siguen juntos.

I

Cuando visité en noviembre de 2016 el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas para revisar el archivo de Gabriel García Márquez, tomé fotos de casi todo lo que tenía autorizado. Una de esas fotos es la de un listado de reporteros seleccionados en 1998 para participar en un taller de periodismo narrativo impartido por el maestro colombiano en la Ciudad de México.

Lo organizaba la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Una reportera en la lista, Eunice Mendoza, provenía del periódico a.m., en donde trabajé. Seguro por eso tomé la foto.  Pensé que conocía a todos los reporteros de León que habían participado en los talleres de la Fundación de García Márquez, pero no era así.

Olvidé ese listado desde entonces hasta ayer, que encontré la fotografía en una carpeta abandonada de la computadora. Busqué a Eunice en Facebook y le pedí que me contara sobre su experiencia con el colombiano más querido de todos. Me relató cosas interesantes pero también divertidas. Me dijo que detectó a partir de entonces, con toda intensidad, el compromiso de contar bien las cosas a los lectores.

Listado de participantes en el taller de Gabo la FNPI, de los archivos del Harry Ramson Center.

Te obliga a tenerle más respeto al periodismo. Ese taller con García Márquez me hizo  establecer un compromiso más fuerte, ver el oficio en una dimensión de alto nivel, y no a la ligera”.  Y justo eso buscaba García Márquez con su fundación, que ha modificado las carreras de centenares de reporteros en Iberoamérica.

Decía pleno el escritor colombiano, “mi única vocación es el periodismo”, calificaba a esta profesión como “el mejor oficio del mundo”.  También Eunice me cuenta después, con algunas risas por la situación, del día que viajó con Gabo y su chofer.

II

Un joven periodista de manera insistente solicita viajar en el auto de Gabriel García Márquez. Los 12 alumnos que formaron parte de un taller impartido por el Premio Nobel, en el Museo de las Intervenciones en la Ciudad de México, y algunos de los organizadores, deben desplazarse a un restaurante para la comida de clausura. El joven incómodo dice alguna mentirilla para viajar en el auto con el maestro. García Márquez se da cuenta. Se enoja.

Eunice Mendoza, reportera entonces en León, Guanajuato en el inicio de su carrera, está cerca de la escena, y Gabo, quizás para salir de esa, le dice que viaje con él

Son los primeros días de abril de 1998, y el paisaje siempre gris de la ciudad comienza a ponerse a colores.  Por la inmensa avenida Río Churubusco, Eunice acompaña el trayecto del más grande escritor en lengua castellana para un consenso muy amplio.  García Márquez le cuenta, entre otras cosas, de la metrópoli en la que decidió exiliarse para siempre. En la que escribió Cien años de soledad. Viajan solos, y el tiempo que transcurre se convierte en memoria viva para Eunice, que ya ha sido contagiada por el “zumbido del moscardón” que a todos los reporteros, insistente, les recordaba el maestro.

III

Eunice Mendoza ha recorrido diversos medios de comunicación. Comenzó en El Nacional, trabajó en la Ciudad de México en esmas.com y en los periódicos a.m. de León y de Celaya, en donde realizaba reportajes especiales. Dirige hoy Kokó México, un necesario proyecto editorial bilingüe para la comunidad japonesa en el estado (que, por cierto, creció 400 por ciento el los últimos cuatro años).

IV

El taller de García Márquez no fue el primero organizado por la FNPI al que logró ingresar Eunice. Un año antes, también en la Ciudad de México, participó en el taller impartido por la maestra Alma Guillermoprieto, cronista de altísima escuela y trayectoria internacional y a quien Gabo confió en buena parte la construcción de lo que hoy es su Fundación.

Cuando regresé no sentí presiones, tenía ganas de hacer mejor las cosas.”, me dice Eunice cuando le pregunto si no sentía una carga extra al ser ex alumna de García Márquez “Despertó más bien mi pasión por aumentar el nivel de lo que hasta ese momento estaba haciendo (…) Hizo que mi gusto por el periodismo se volviera un compromiso por crear mejores propuestas, por hacer cosas dignas de leer”.