¡Cuánto más habríamos podido hacer y alcanzar si toda nuestra energía no se hubiese dispersado en la eterna lucha por el propio yo y con los sentimientos frente a otra persona! (Aleksandra Kollontai)

Gracias a las luchas colectivas lideradas por mujeres del pasado y del presente, las mujeres del siglo XXI, a excepción de algunas culturas de tradición distinta a la occidental, hemos logrado posicionarnos de forma sólida en la vida pública.

Las mujeres de hoy tenemos amplia licencia para hablar de lo que antes no se podía, al tiempo que cuestionamos la moral que hasta hace unos años definía el ser mujer según las costumbres e ideales de contextos sociales e históricos que compartían una visión tirana en torno a nuestro rol en la sociedad.

Sin embargo, esta lucha denominada desde sus inicios la Emancipación de la mujer no sólo se libra en un hostil campo político, también es una lucha interna, una batalla que cada mujer libra día a día desde sus propias circunstancias sociales y económicas, al igual que desde sus propias cosmovisiones.

Pese a los avances en el terreno político y a la interminable lucha colectiva que demanda nuevas conquistas, las estadísticas  que aportan organismos internacionales como la OMS indican que alrededor de una de cada tres mujeres (30 por ciento) en el mundo han sufrido violencia física y sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida, ello sin tener en cuenta otros tipos de violencia como la psicológica, emocional y económica.

¿Si tanto hemos avanzado las mujeres en el reconocimiento de nuestros derechos, por qué la violencia que se ejerce contra nosotras no encuentra un freno sino que a veces pareciera repuntar con más fuerza? Además de las repetidas y evidentes fallas del sistema, ¿Seremos las mujeres también responsables?

Aunque el mundo cambió drásticamente con las nuevas tecnologías de la comunicación, aunque las mujeres hayamos conquistado tantos derechos, aunque las actuales relaciones de pareja se hayan flexibilizado al punto de favorecer la autorrealización de las personas, seguimos conviviendo con un enemigo bastante íntimo del cual las mujeres somos en especial presa fácil.

En casos muy particulares este enemigo se presenta como el salvador de nuestras vidas, es tan seductor e irresistible porque en el fondo es todo lo que los seres humanos sin distinción de género, anhelan para aliviar las angustias que conlleva la simple existencia.

Ese enemigo es el ideal del amor, pero éste tiene apellido: el amor romántico, el modelo que cimentó las relaciones de pareja de las generaciones pasadas y hoy continúa perpetuándose en la mentalidad de las personas cuando se trata de buscar un compañero o compañera de vida.

El ideal de amor romántico mantiene una estrecha relación con la violencia doméstica que sufren muchas mujeres en el mundo porque reproduce determinados patrones de conducta que legitiman la desigualdad en las relaciones de pareja.

Por esta razón lo considero un enemigo silencioso que en cierta medida representa un obstáculo para el desarrollo personal, profesional, la autonomía y autoestima de las mujeres.

El amor romántico

Citando a Malinovski, el sociólogo inglés Anthony Giddens define el amor como “una pasión que atormenta la mente y el cuerpo, conduce a muchos  a un callejón sin salida, a escándalo o tragedia, más raramente ilumina la vida y dilata el corazón que reboza de gozo”.

El amor romántico asumido como ideal de la sociedad se sitúa a finales del siglo XVIII, tomando significativo auge gracias a las novelas de tipo romance, características de la época

El surgimiento de esta utopía fue de alguna forma revolucionario porque por primera vez en la historia de la humanidad el binomio amor-matrimonio conformaba una unión indispensable: hombres y mujeres podían sellar sus uniones bajo la justificación de que se amaban mutuamente.

Como señala Giddens en la Europa premoderna la mayoría de los matrimonios se realizaban por contrato no sobre la base de la atracción sexual mutua, sino por las circunstancias económicas,  práctica que conservan algunas culturas del presente en regiones de Asia, África y Oriente Medio, donde es frecuente que se realicen matrimonios concertados.

Los cambios que acontecieron en la sociedad que inauguraba su entrada triunfal al periodo de la Modernidad, fueron impulsados por el naciente capitalismo y el ascenso de la burguesía, dando paso al establecimiento de una nueva moral en donde la noción de amor espiritual que predominó durante el feudalismo, unida al amor carnal (atracción sexual) cimentaron las bases de la familia, constituida a partir de ese momento histórico, como la unidad económica básica del nuevo sistema económico.

En el hogar, la figura del padre tiene relevancia, además de representar autoridad mientras la madre simboliza el afecto, se ocupa de la educación, cuidado de los hijos y de la casa. Siendo el patrón de la época, también se convirtió en meta para las mujeres que empezaron a ver en los hombres un medio para alcanzar la felicidad.

Al respecto, Giddens consideró que la imagen de la ‘madre y esposa’ reforzó un modelo de ‘dos sexos’ de actividades y sentimientos diversos. Las mujeres fueron reconocidas como diferentes por los hombres, como incognoscibles —habitantes de un dominio ajeno al hombre. La idea de que cada sexo es un misterio para el otro es vieja y ha sido representada de diversas maneras en diferentes culturas.

El ideal de mujer que hasta hoy tiene vigencia en muchas sociedades del siglo XXI se forjó de forma paralela al ideal de amor romántico.

De acuerdo a la psicóloga española Pilar Sampedro tiene las siguientes características:

Inicio súbito (amor a primera vista), sacrificio por el otro, pruebas de amor, fusión con el otro, olvido de la propia vida, expectativas mágicas como la de encontrar un ser absolutamente complementario (la media naranja), vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble.

En palabras de Giddens, el amor romántico fue esencialmente un amor feminizadoque encontró en literatura de la época un medio para legitimar y alimentar el ideal romántico entre las mujeres, principales consumidoras de narraciones románticas que trascendieron los libros para alcanzar un lugar privilegiado en la industria cultural del siglo XX a través del cine, la televisión y la música. 

Contrario a lo que algunos piensan,  las ideas vinculadas al modelo de amor romántico siguen vigentes en nuestra actualidad, se reproducen culturalmente de tal forma que las mujeres seguimos siendo educadas para preservar este concepto de amor en nuestros agitados y cambiantes estilos de vida

En nuestros corazones mantenemos la llama encendida del amor romántico como la esperanza que nunca se pierde. Su búsqueda está acompañada en muchos casos de emociones tan arraigadas que generan un conflicto constante con el propio yo como es el miedo a la soledad, y las mujeres sí que conocemos muy bien este miedo porque culturalmente nos lo han inculcado.

En muchas sociedades posmodernas, una mujer sola aún se interpreta como una mujer incompleta, una mujer sola es una mujer fracasada.

Nadie quiere quedarse solo

En el 2016 me encontraba estudiando en una universidad de Argentina un curso de portugués. Mi compañera Eliana, estudiante de últimos semestres de Psicología me había confesado en un momento de camaradería que a veces temía quedarse sola al no poder encontrar un compañero o pareja con quien pasar el resto de su vida. El hecho de conformar una familia era muy importante para ella, por tanto temía que el tiempo se le escapara de las manos sin cumplir su anhelado deseo. En ese momento, Eliana tenía 23 años. Yo, próxima a cumplir 29, ya llevaba cuatro años de casada.

Debo reconocer que me sorprendió su confesión porque no esperaba, que una chica atractiva a punto de graduarse de una carrera profesional y tan sólo con 23 años, le preocupara algo que a estas alturas ya era trivial para mí. Recuerdo haberle comentado más o menos lo siguiente: Querida aprovecha tu tiempo y libertad porque aún eres muy joven, seguro más adelante encontrarás la persona indicada para ti.

La intranquilidad que le provocaba a Eliana el no encontrar una pareja estable es de lo más común entre gran parte de las mujeres. Más tarde, meditando sobre el asunto consideré que era muy temprana su edad para que perdiera el tiempo en tan banales preocupaciones, pero había olvidado un detalle: desde mi adolescencia me había planteado encontrar algún día el amor de mi vida, el amor al estilo romántico, y ahora que lo pienso empleé muchas energías y valioso tiempo tras ese objetivo.

Érase una vez una chica llamada Amy

El nombre de Amy Winehouse saltó a la fama mundial en 2006 gracias a su exitoso álbum musical Back to black, consagrándose como una de las mejores cantautoras de jazz y soul del presente siglo. Hacía mucho tiempo que el mundo no escuchaba una voz  femenina tan deslumbrante y hábil a la vez que conservaba el clásico sonido del jazz.

El talento de la cantante británica era suficiente para forjar una carrera artística de larga duración, sin embargo, su actividad en la escena musical duró escasamente 8 años en los cuales se cosecharon dos álbumes, el último Back to black es considerado legendario.

¿Qué pudo ocurrirle a una joven talentosa, atractiva, independiente económicamente porque ganaba millones de dólares con sus canciones, enérgica y poseedora de muchas virtudes que exalta la posmodernidad?

De acuerdo a su biografía, Winehouse creció con notables carencias afectivas. La separación del padre de la madre y del hogar a causa de una relación extramatrimonial  impactó emocionalmente a la joven adolescente, quien tuvo que lidiar con la ausencia de la figura paterna.

En la canción ¿What is it about men? del álbum Frank, Amy evoca la traumática experiencia familiar cuando dice:

“Entender que una vez fue un padre de familia. Segura de que en primera instancia nunca tendría que haber sufrido por él.  Emulando toda la mierda que mi madre odiaba. No pude evitar demostrar mi destino freudiano. Mi excusa para llevarme a tu chico. Es que la historia se repite a sí misma, nunca muere”.

Winehouse dejó a un lado su pasado de adolescente difícil, resultado de las múltiples contrariedades en el entorno familiar debido al divorcio de sus padres, para construir una prometedora carrera con el lanzamiento de su primer álbum. Aunque en esa época ya consumía algunas drogas consideradas blandas, la dependencia al alcohol y a las mismas se agudizó cuando conoció en un bar al que llamó el amor de su vida, Blake Fielder-Civil.

La influencia y dominio de Fielder sobre la cantante fueron rotundos, iniciándola incluso en el consumo de drogas fuertes. Según una publicación de la revista Vanity Fair, Amy se obsesionó con su nueva pareja, al punto de que un mes después de conocerlo se tatuó su nombre sobre el pecho izquierdo.

Conforme a los testimonios de amigos de la cantante y según el propio Blake Fielder, ambos establecieron una relación compleja que al parecer encegueció a Amy , siendo capaz incluso de cortarse con el filo de una botella porque así lo había hecho su amado durante una discusión. “Haré lo que tú hagas. Quiero sentir lo que sientes tú“, le habría dicho Winehouse.

Después de muchos ires y venires en una relación ciertamente destructiva, Winehouse y Fielder  logran casarse en 2007, pero la dicha al igual que su carrera musical duró poco en vista de los constantes conflictos de pareja agravados por el consumo de heroína y alcohol. El vínculo fue destrozándose poco a poco, generando depresión y angustia en la cantante de jazz

Más tarde en una entrevista con News of the World, Blake Fielder declararía sentirse culpable por arruinar la relación que finalizó en un angustiante divorcio para Amy “Cometí el peor error de mi vida al tomar heroína frente a ella, yo la metí en ese mundo.”

Sobre la dependencia emocional hacia Fielder la cantante dejaría como testimonio sus propias canciones, Además de aseverar en los medios de comunicación frases como las siguientes:

Cuando rompimos, me volví completamente loca, era una imprudente. Enloquecí. Todo me recordaba a él. Buscaba algo en la nevera y lo veía. Subía las escaleras, veía sangre en las paredes y pensaba en él; pero era de mis puños”

“No voy a dejar que se divorcie de mí, él es una versión masculina de mi persona y somos perfectos el uno para el otro”.

Después del divorcio, Winehouse cayó en depresión lo que también conllevó que sufriera severos desórdenes alimenticios, por eso la frágil figura de una mujer extremadamente delgada es la imagen que recordamos de ella. Al parecer quiso retomar la vida por el camino correcto, estableciendo vínculos sentimentales con otras personas, pero no fue suficiente.

Finalmente, después de muchos escándalos por el consumo de drogas y de periodos de breve abstinencia, Amy Winehouse fue encontrada sin vida en su departamento en Londres, el 23 de julio de 2011, cuando apenas tenía 27 años. Según las investigaciones, murió debido a una ingesta masiva de alcohol, suficiente como para ocasionarle un paro respiratorio. Algunos medios de comunicación sostienen que Amy murió de amor, un amor que la condujo a la decadencia personal.

La canción Rehab fue su éxito más contundente. En ella afirma “Intentaron hacerme ir a una clínica de rehabilitación, pero dije: no, no, no”.

Érase una vez una mujer común y corriente en Cartagena de Indias

Los primeros días de enero del 2017, ahora no recuerdo la fecha exacta, mi hermano me  avisó por un mensaje de WhatsApp que mi tía Rosario había muerto. Recuerdo haber pasado repentinamente de un sosiego propio de la despedida del año a una tristeza y llanto inconsolable por la inesperada partida de quien fuera un familiar muy cercano durante gran parte de mi adolescencia.

Cuando lloras la muerte de un ser querido también lloras por no haber destinado suficiente tiempo hacia esa persona. Te dices amargamente a ti mismo: Ya para qué…

No pude asistir a su sepelio. Ella había muerto en Cartagena mientras yo me encontraba en Argentina. Con el pasar de los días me enteré de los detalles oficiales.

Había discutido con el marido supuestamente por asuntos de dinero, ella se encerró en su habitación y se dirigió al balcón tratando de huirle, lo que pasó después continúa como incógnita, luego fue hallada por un vecino, tirada en el patio de la casa. Al parecer, había caído desde un tercer piso.

Su muerte fue noticia en algunos diarios locales ávidos de historias de esa naturaleza: una trágica muerte más que dio la bienvenida al nuevo año. Para mi familia y para mí fue probablemente un asesinato, lo que hoy llaman un femicidio.

Una de las imágenes que quedó grabada en mi mente sobre ella fue cuando se presentó un día cualquiera en nuestra casa con el cuerpo lleno de moretones verdes. Llegó con un andar lento, entró sin hacer mucho ruido y una vez dentro se quebró al vernos a mí y a mi madre. Lloraba silenciosamente como lo hacen las mujeres que prefieren no hacer ruido con su sufrimiento, mientras nos contaba que su pareja y padre de sus dos hijos pequeños le había golpeado.

Sólo puedo describir aquella imagen o aquél recuerdo con una palabra: vulnerabilidad, no sé si es porque es el único término que se me viene a la cabeza,  sólo sé que parecía una niña indefensa después de haber recibido una severa reprimenda de su padre.

Para no extender la historia, mi madre convenció a mi tía de que denunciara a su marido, el agresor.  Aún convaleciente por los golpes fueron hasta una Comisaría de Familia. Unos días después mi tía había retirado tal denuncia. Había regresado con su esposo. Se había reconciliado con su verdugo.

Tiempo después nos enteramos que las agresiones se repetían cada cierto tiempo, al parecer ella solía ser reprendida cuando sus actos eran desaprobados por la pareja, luego transcurría un período de aparente calma, de aparente estabilidad, sin embargo, ya éramos conscientes del asunto.

El hombre se caracterizaba por tener un carácter extremadamente violento, carácter con el que ella aprendió a “convivir”.

Más de una década después mi tía fue tapa de un diario popular de Cartagena de Indias. Su cadáver yacía bocabajo sobre el pavimento del patio, vestía short y una blusa de tirantes. Los diarios se quedaron con la versión del esposo, nadie, ningún grupo feminista levantó públicamente la voz por ella, a excepción de algunos familiares que pudieron asistir al sepelio desahogando su impotencia mientras le gritaban al que fuera en el pasado su agresor: Asesino.

Su muerte nunca se investigó porque nadie de su familia se atrevió a denunciar.

¿Es o no es amor?

Amy Winehouse y mi tía tienen algo en común: ambas fueron educadas bajo los principios del ideal de amor romántico, como seguimos siendo educadas muchas mujeres. Como las mujeres siguen educando a sus hijos e hijas.

Se nos ha dicho desde pequeñas que la felicidad, la única válida se llama amor y que ésta siempre llega en forma de hombre galante que nos brindará toda su atención, de tal manera que todo trauma y carencia afectiva originada desde la infancia desaparecerá como por arte de magia.

Me pregunto qué hubiese pasado con Amy si no se hubiera enamorado locamente al estilo romántico de quien también fue causante de su desgracia.

Me pregunto qué habría sido de mi tía sino se hubiese enamorado de quien por mucho tiempo fue su agresor.  Quizás, ella ya no le quería, muy probablemente pudo sentir miedo a estar sola, quizás no se atrevió a escapar de una relación denigrante porque no sabría qué hacer con su vida de mujer separada,  quizás se acostumbró a que eso era el amor. Lo único que tengo claro es que le faltó valentía.

Quienes leen este artículo objetarán: ¡Los hombres también se enamoran al estilo romántico¡ Pues bien, los hombres tienen su modelo de amor romántico a seguir

De acuerdo al ideal, siempre deben mantener el dominio en una relación ya que de lo contrario se verán  como sujetos débiles, sujetos que carecen de autonomía y fortaleza, cualidades que son y deben ser propias de la personalidad masculina. El dominio masculino en algunas relaciones de pareja suele convertirse desafortunadamente en violencia contra las mujeres.

Otras personas también objetarán según experiencias cercanas que en algunas relaciones de pareja son las mujeres las que parecen dictar las normas, las que llevan “los pantalones bien puestos”, o  posiblemente ambos establecen acuerdos sobre las reglas de la relación y ninguno pareciera ejercer dominio sobre el otro, ninguno se encuentra subordinado.

Este tipo de relaciones debe ser analizada en su contexto porque tal vez constituyan una fachada de algo más que no está a simple vista, algo que se oculta tras bambalinas.  De todos modos, las situaciones citadas que bien podrían ser catalogadas casos aislados no explican el por qué las cifras de violencia contra las mujeres son un fenómeno creciente en nuestras sociedades posmodernas. Ciertamente, el ideal romántico nos sigue jugando malas pasadas.

La emblemática filósofa francesa, Simone de Beauvoir declaró en El segundo sexo que la independencia económica de la mujer era el medio para lograr su autonomía y libertad, sobre lo cual diré que no tuvo en cuenta un pequeño e intrincado detalle que nos mantiene sujetas a las cadenas de la opresión que ejerce la sociedad: somos dependientes emocionalmente de las figuras masculinas.

Las mujeres de este siglo seguimos siendo adictas a los hombres, adictas al amor romántico. Nos consideramos empoderadas, pero esa palabra ya perdió todo el concepto de empoderamiento que albergaba porque además de que se ha convertido en una palabra más de moda, no implica que en realidad seamos personas libres en todo el sentido de la palabra.

Las mujeres comunes y corrientes seguimos luchando para liberarnos de la dependencia emocional hacia los hombres,  seguimos luchando internamente contra el miedo a la soledad, seguimos luchando contra nuestro verdadero enemigo, que de acuerdo a la destacada política y revolucionaria rusa Aleksandra Kollontai , es la moral convencional y las concepciones conservadoras del matrimonio que a estas alturas siguen dictando las normas sobre lo que es ser mujer.

Finalizo con una frase de la reconocida feminista española, Coral Herrera que a mi modo de ver es muy acertada respecto a lo que nos ocurre a muchas mujeres del siglo XXI:

Las mujeres hemos sido, y seguimos siendo, las mayores víctimas de la seducción que ejerce sobre la gente la mitificación del amor romántico. Empleamos muchos recursos, tiempo y energía en encontrar al amor de nuestras vidas, y aunque algunas han alcanzado la independencia económica y la plena autonomía, muchas siguen dependiendo emocionalmente de la figura de un hombre, siempre engrandecida por nuestra cultura”.

Ruleta Rusa agradece las facilidades de nuestra revista cómplice Otras Inquisiciones para la publicación de este artículo.

  • Ilustración: Frank Dicksee (fragmento de Romero y Julieta)
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