Todo el país suena a Beethoven. El Teatro del Bicentenario alza la mano y abre con la ‘Sinfonía Número 6’ a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, el próximo 8 de febrero.

Ludwing van Beethoven cumple 250 años de haber nacido y el mundo se ha puesto de cabeza para celebrar a este portento del arte y de la música.

Calificativos sobran, están de más ante lo inasible, eso incapturable que despierta cada una de sus obras, monumentales todas.

El genio de Bonn suena y resuena en este 2020 donde miles de orquestas de todo el mundo quieren celebrarlo pues la música del compositor inspira, toca, mueve, se licúa en la sangre de quienes lo escuchan.

¿Cómo no enamorarse con alguna de sus sinfonías? ¿Dónde esconder la emoción estética que produce un concierto para piano salido de su imaginería?

Tan solo en Alemania hay un presupuesto de 42 millones de euros para agotarse en los festejos. Y es en ese país,  donde se planean alrededor de mil conciertos, funciones de ópera, exposiciones y conferencias.

Beethoven es la mega estrella de la música clásica, sin demérito de Mozart, por supuesto.

Si pensadores como Kant, Schiller y Goethe, han puesto a Alemania en la cima del pensamiento occidental, Bach, Beethoven y Brahms completan una segunda camada de dioses musicales.

El nacido en Bonn el 17 de diciembre de 1770, es el compositor más conocido internacionalmente, compuso nueve sinfonías y la décima quedó inconclusa pero…no hay de qué preocuparse, pues con ayuda de la Inteligencia Artificial, un grupo de musicólogos y ejecutantes alemanes planean concluirla y presentar los resultados el próximo 28 de abril en Bonn, la ciudad natal del niño prodigio.

Quizá una de las partes que más son identificadas por el gran público en la obra de Beethoven, es la que corresponde el último movimiento de su  Novena Sinfonía, donde pone música a los versos de Friedrich Schiller en su Oda a la Alegría.

La infancia del músico fue vertiginosa y con algunos sinsabores, además de que al final de sus días estuvo aquejado por diversos padecimientos y en particular la sordera lacerante, que comenzó desde que tenía 30 años. Fulminante, la cirrosis acabó con él en 1827.

A los siete años Beethoven actuó por primera vez en público y a los once compuso su primera obra

Varios años  trabajó como intérprete de viola en la orquesta cortesana y fue  profesor de piano para mantener a sus hermanos menores luego de la muerte de su madre. En 1792 logró trasladarse a Viena, la capital cultural de la época, donde floreció como compositor.

Beethoven siempre tuvo el deseo de la permanencia, así lo revelan algunas notas de sus diarios que escribiría en el ocaso de sus días, pues traslada ciertos poemas de Héctor, el héroe de La Ilíada.

A propósito del deseo de trascendencia del músico y de  una gran exposición montada en Bonn, Luis Gago escribe en El País.

Los deseos de Beethoven han acabado cumpliéndose con creces, no solo porque su música pervive, se conoce, se admira y se interpreta más quizá que la de ningún otro compositor, sino también porque la posteridad decidió adornarlo desde muy pronto con ribetes heroicos. Él puso las simientes, desde luego: una sinfonía que la primera edición calificaba de Heroica, músicas incidentales inspiradas por héroes clásicos (Prometeo) o modernos (Egmont), una pareja (Leonora y Florestán) que lucha valientemente contra el opresor en su única ópera (Fidelio) u obras, como la Quinta Sinfonía, sin programa ni alusiones extramusicales, que pueden reducirse en esencia a una secuencia de adversidad, lucha y triunfo.

“… Pero Beethoven no fue un héroe teórico en medio de la nada: fue un espectador en primera línea de las convulsiones de su tiempo, zarandeado por guerras incesantes, desde la privilegiada atalaya de Viena y sus vivencias dejaron una huella inesquivable en sus obras”.

En México

Varias de las orquestas más importantes del país como la Orquesta de la UNAM, la Filarmónica de la Ciudad de México y la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), han anunciado programas durante todo el año con intérpretes y directores de primer orden que se suman a los festejos de Beethoven.

Apenas este 2 de febrero, la OFCM con la dirección artística de Scott Yoo, ofreció un concierto gratuito en la Arena Ciudad de México, donde la Novena fue el plato fuerte.

Lo que la gente debe entender de esta sinfonía es que el autor nunca la escuchó. Ser capaz de crear ese tipo de música sin la posibilidad de oír es algo casi imposible de imaginar, es como pintar sin poder ver y habla del gran oído interno de Beethoven, quien pudo figurarse el sonido y eso es algo milagroso”, declaró Yoo en entrevista.

Y la OFUNAM no se queda atrás y su programa de conciertos de este año incluye la interpretación de las 9 sinfonías y los 5 conciertos para piano.

En el plano estatal, desde el año pasado, la OSUG que dirige Roberto Beltrán Zavala, anunció con bombo y platillo la interpretación de todas las sinfonías de Beethoven, cuyas sedes serán el Teatro Principal, el Teatro Juárez y el Auditorio del Estado.

Pero si no puede más y quiere ya deleitarse con las piezas del alemán, el Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña inaugura su programación 2020 con la flamante presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional este sábado 8 de febrero a las 5 de la tarde.

El conjunto que tiene como director titular a Carlos Miguel Prieto, vendrá liderada por la batuta de Iván López Reynoso, el imparable director guanajuatense que se ha llevado todas las glorias en cuanto escenario internacional pisa.

El agasajo de programa incluye la ejecución de la Sinfonía no. 6 Pastoral  y la Obertura Coriolano, además del Concierto para corno no. 4, de Mozart, a cargo de la solista argentina Nury Guarnaschelli.

¡Celebremos con gusto, señores!