Cuauhtémoc Blanco le ha regalado a México momentos de gloria pero también bizarros capítulos. Los de gloria siempre en la cancha. Los bizarros siempre por sus acciones sin un balón                                                                                                       

Me hospedo en un pequeño hotel del centro de Cuernavaca y justo a la vuelta, en la Catedral, el ex jugador, ahora alcalde en problemas, comienza hoy, sábado 17 de diciembre, una huelga de hambre. El Congreso de Morelos aprobó su destitución. Argumentan que falseó documentos para acreditar su residencia en Cuernavaca para poder ser candidato en las elecciones de 2015.

En la Catedral de Cuernavaca el sol de medio día cae pleno y un enjambre de personas, afuera de la Catedral, lo buscan como una atracción turística. Las señoras le dejan medallitas. “Dios te va cuidar, Temo”, le dice una anciana y le entrega una medalla de manera discreta. Al estilo de los dealers.

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Le pregunto: No piensas a veces, ¿para qué me metí en todo esto? Y dice que ya dio entrevistas, pero suelta un “yo no me rajo”. Insisto y lanzo otra pregunta entre un grupo de guatemaltecos impresionados con el alcalde futbolista. ¿Sí va enserio tu huelga, no va ser como la del Niño Verde? Voltea con ojos de delantero enchilado por un jalón en el área previo a un tiro de esquina. Sigo entre los niños que aunque no se quieren tomar fotos, son obligados por sus papás.

Y vuelvo a preguntar: ¿Tienes un plan para esto? Estar sin comer es malo para la salud. Blanco me responde con todo su acento chilango, aleteando los brazos:  “Recuerda que soy deportista. Bueno, lo fui”

Antes de hoy, en 2011, cuando jugaba en Irapuato y yo vivía allí, Blanco se perdió la final por el ascenso contra Tijuana. Una lesión se lo impidió. Esa tarde Temo, que no viajó con el equipo, se quedó en un Caliente de Irapuato. Entré al lugar y lo vi allí, apostando a los caballos. El Caliente es una casa de apuestas de Hank González, el dueño de los Xolos de Tijuana.

Me alistó para ir al cumpleaños de mi mejor amigo. Me río. Temo arma los guiones más inauditos para esta historia real.

  • Fotos: Luis Miguel López